26 feb. 2010

Un día y Una noche (VI), relato fantástico.

joven mascara

Sexta parte del relato perteneciente al mundo épico de Antigua Vamurta, "Un día y una noche".

Relatos Épicos
«Sintiéndose profundamente ofendida, les dio la espalda para volver con Lestra y Carolina. Tras el mediodía que había regalado a su amado, tras tanta promesa, ¡y del esmero que había tenido para ser una de las hermosas entre las lechuzas pintadas de la baja nobleza! Se sentía enfurecida, una inconsciente sed de revancha se apoderaba de ella.

Tomó una jarra de aguamiel y la bebió de un trago. ¿Qué se había creído? Miró a su alrededor, le empezaba a interesar el baile. Allí estaba la vizcondesa de Amer moviendo sus caderas colosales junto a un caballero canoso que no reconoció. La dama, a pesar de su desfachatez, poseía una gracia, una sinuosidad en su baile de viuda alegre. Un grupo de enmascarados seguía los pasos de toda mujer que pasara por delante, apoyados contra la pared, esperando como un grupo de cuervos subidos a un árbol. La baronesa de Verbaz, de las montañas como se la llamaba, iba cayéndose, metida en el huracán del baile, sostenida por un joven de largas patillas, que la apuntalaba y la recogía. Un pecho saltó del vestido cuando se tambaleó hacia delante, sin que ella se diera cuenta, a pesar de los gestos burlones de muchos.

Dos águilas, altos y barbudos, se acercaron a ellas para darles conversación, pero el jaleo reinante les impedía entenderse. Se cansaron de ellos y salieron a bailar, sumadas a las decenas de caretas y disfraces que basculaban bajo centenares de velas, cambiando de pareja con frecuencia hasta no saber quién bailaba con quién, hasta confundir hombres y mujeres en un mismo alud movido por el repicar de tambores, flautas, laúdes y cítaras. En un respiro que se tomó Ermesenda, vio que Jacobo abandonaba el patio del teatro, tambaleante, sostenido por los brazos de sus amigos.

Se sentía sola en aquel rincón, sorbiendo vino. No veía a Carolina ni a Lestra. Alguien disfrazado de oso quiso devolverla al baile, pero Ermesenda rehusó, al ver los brazos y frente de aquel hombre bajito tan sudados, tan sucios.

Un poco mareada, pero a la vez exultante y rabiosa, decidió alargar la velada. Las máscaras aparecían frente a ella y se desvanecían sin más para que otras emergieran, ocupando su lugar, creando en ella una sensación extraña, como si el tiempo hubiera desaparecido, como si hubiera olvidado que más pronto o más tarde, debía volver a su palacio, a su casa. Entre el sinfín de caras cubiertas, apareció una que la miraba intensamente, fija en aquel baile incesante. El hombre de pelo negro y el antifaz rojo. Sintió que su vientre se contraía, que un repentino calor asomaba en sus mejillas. La copa que sostenía temblaba, sus ojos negros parecían hacerla arder.
—Os he visto comprar ese collar.
Aquellas palabras la sobresaltaron. Se había quedado embobada mirando al extraño, sin notar que un joven de espaldas anchas y manos fuertes, se había situado a su lado. Bajo una máscara de mimo, salpicada de incrustaciones de oro, unos ojos azules y pequeños, casi fríos, la miraban, divertidos.

—Recordaré —añadió el joven—, pasados muchos otoños, vuestra risa en esa joyería y la expresión de horror de la dueña, que en esos momentos me atendía.
—¿Con quién tengo el honor de hablar? —preguntó Ermesenda, con expresión un tanto distante.
—¡Oh! Soy de por aquí. Muchos me preguntan qué deben hacer y muy pocos me aconsejan qué debo hacer yo.
—¿Es un juego, señor? Prefiero bailar.
—Todo esto es un juego… Si preferís bailar, hacedlo conmigo.

Y sin esperar respuesta, la arrancó del rincón y la transportó hacia el epicentro de ese marasmo que parecía adquirir un ritmo endiablado. Bailaron y bailaron, y él la conducía con manos firmes, pero su pensamiento estaba en otra fiesta, en la que el único invitado era el hombre moreno.
Dos enmascarados se acercaron a su pareja de baile, y con una señal, le avisaron de algo. Se disculpó ante ella, y con una profunda reverencia se despidió, diciendo:
—Volveremos a vernos. De eso, podéis estar segura, y sin juegos.»

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21 feb. 2010

Shutter Island. ¿Qué es mejor, vivir...?

di caprio
¿Para qué sirve un blog? Para contar cosas. Acabo de llegar del Cine Lauren Gracia de ver Shutter Island. Es malo, malísimo decir las cosas en caliente. Bueno, he comido algo y me he fumado un cigarrillo. Luego te arrepientes. Seré breve.
Estoy contento de comprobar que el cine puede, sigue siendo arte en mayúsculas. ¿De qué sirve el arte? Para explicar las cosas. Shutter Island es un viaje al otro lado, un ir y volver continuo. Una película de corte fantástico con gotas de terror. Un complejo recorrido a través de la niebla, del alma o del cerebro, como guste más. Hasta tal punto es intrincado el laberinto que llega un momento en que no se sabe en qué lado estás ni si estás saliendo o estás perdido en lo más remoto de la noche.

Me alegra ver que Scorsese ( Taxi Driver, Gangs of New York) resucita a lo grande, exacto como un cirujano en la ejecución y virtuoso en la puesta en escena. Portentoso en la narración, con un guión que se bifurca y se vuelve a bifurcar hasta llegar a una salida cortada con guillotina. Un punto final a una pesadilla que puede entenderse como "A" o como "B", aunque empiezo a sospechar que en realidad eso no importa tanto, ya que ninguna de las dos niega la fragilidad de la frontera y no borran la sensación de que el individuo, enfrentado la sistema, no es más que un juguete cuyo nombre o número de serie puede ser cambiado.



(Dejo el vídeo en inglés. Quería escuchar la voz de Max Von Sydow... Un maestro.)

En Shutter Island viven en feliz armonía muchos géneros. Recordé a Kubrick y su "El Resplandor", aunque quizás aquella fuera más frugal, despojada de un cierto barroquismo inquietante que flota en la maldita isla. Me atrevo a decir que en "El Resplandor", el artificio es menor.

¿Qué decir de los actores? Todos merecen un reconocimiento, pero Di Caprio sobresale. Quién lo iba a decir, a la gente hay que darle una oportunidad, aunque tengan un pasado. Y Di Caprio se consolida a medida de que pasa el tiempo.
¿Una de las mejores películas del año? ¿Me estoy pasando? 

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19 feb. 2010

Excálibur, cine de Boorman.

              Cine de Fantasia Heroica

cine fantasía
Segundo Post sobre la película Excálibur. El primero es la entrada anterior.

Desgraciadamente, la perdición de los hombres es el olvido”, dice Merlín, hastiado de las miserias de nuestra raza. Ayer noche, leyendo a Herodoto, pensé lo mismo. Y cada vez que abro un diario por la sección de política. Olvidamos.

En cuanto a su estructura, Excálibur resulta irregular, con un tramo central mucho más flojo que su fulgurante arranque y su final cargado hasta los imbornales de épica pura. Así, se enlazan fragmentos muy brillantes con algunos saltos no tan bien hilvanados.

De todos modos, recomiendo mucho su visionado, entre otras razones por la carga trágica de todos sus personajes, por resultar extrañamente cercanos y creíbles, algunos apenas trazados. Por su profundidad, por su interpretación del mito, por ser entretenida y al mismo tiempo trepidante. Por ver a Uther, trasformado por Merlín, desafiar el espacio-tiempo, por ver a esa inquietante Morgana (Helen Mirren), siniestra, para que el corazón os dé un salto en la carga de caballería del final, cruzando la niebla.

“Con la niebla no descubrirán que somos pocos, ¡Lucharemos como antes!”, exclama el héroe, lo que se podría interpretar en dos niveles, el épico y el humorístico, por los problemas presupuestarios que rodearon la película.


En Excálibur, además, flota una sensualidad que no existe en otros relatos heroicos. Las mujeres, vistas muchas veces como fuente de conflictos (y aquí, quizás, Boorman no se separó tanto de la antigua moral), son una de las fuerzas que cambian el mundo. Aún me maravillo con el baile de Lady Igraine o el arrebato de la Reina y mujer de Arturo, capaz de quebrar un reino en su locura de amor y deseo.

Leí o oí hará tiempo, en boca de una de las hijas de Juan Eduardo Cirlot (medievalista en la Universidad de Barcelona), que lo importante de las leyenda medievales, de las artúricas, era el camino, el hallar la verdad o una verdad. El Grial, que despierta al rey Arturo hacia el final, quizás sea eso. El camino en sí mismo es el Grial, podría deducirse, las experiencias, las lecciones que del seguir en ruta.

Cuando el caballero lanza la espada al estanque, una mano surge de la superficie del agua, toma la espada y luego desaparece en las profundidades. Se dice también que la espada descansa junto con el Rey en Avalón aguardando el día de su regreso. Aunque personalmente, prefiero las historias de las polis griegas, en las que los ciudadanos decidían su propio destino, incluso en Esparta, donde el uso de la palabra era muy parco.

¡Ah! Y atención a los actores. Seguro que muchos os suenan. Y si en algo me equivoco, ahí están los comentarios.

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17 feb. 2010

Cine de Fantasía Épica. Excálibur (I).


fantasia epica excalibur

Excálibur es una película de fantasía heroica por lo que cuenta y épica por el cómo se hizo. Cine de fantasía y aventuras. No había dinero para hacerla. Boorman, ese gran  director, usó a sus familiares para los papeles pequeños, armaduras de otros filmes, no se alejó mucho de su propia casa para rodar los exteriores, tiró de inteligencia para suplir eso que se dice todo lo arregla, un buen presupuesto.

Vista hoy, hasta puede parecer cutre en algunos momentos, pero la escasez de lo material se suplió con ingenio, con arte: niebla para esconder falta de extras, una fotografía en claroscuros caravaggianos, reciclaje de materiales, etc. ¡Apunten, señores engalanados para los Goya! A veces creo que en Excálibur hay mucha verdad, acaso involuntaria, quizás emergida a conciencia. En Excálibur la magia sí existe.
Eso lo debe saber John Boorman, cineasta de raza, que entre otras joyas nos ha regalado “A quemarropa” (1967), “Infierno en el Pacífico” (1968) y una de mis películas favoritas, atención, con un Burt Renyolds dramático y convincente, acompañado de John Voight, “Deliverance” (1972). Es el artífice, también, de una de las mejores fábulas que he visto en la sala oscura, "La Selva Esmeralda" (1985), a la que un día volveré.

Basada en las leyendas artúricas, Excálibur (1981, un tiempo de crisis, como hoy) narra la lucha entre la magia, un tipo de paganismo antiguo, y la llegada de una religión única, nuestra (aburrida) modernidad. Narra la lucha entre el bien y el mal, simbolizados, teniendo como uso argumental la ascensión y caída de un rey, que como el mago Merlín, no hacen más que cumplir un ciclo vital: nacimiento-vida-muerte, otra de las bases de esta historia.

Al morir el Rey Uther Pendragon, Merlín forjó en la isla de Avalón, la isla de las hadas, una espada, Excálibur, y la clavó en una piedra que estaba al lado de una capilla de Londres. El resto ya lo conocéis.



(Dejo enlace de vídeo; en inglés subtitulado al español. Me gusta como declaman en anglosajón, el cómo gritan. "Ambush!!!!")

Se acaba el tiempo de los pequeños dioses”, dice el mago en un momento de la película, intuyendo su propio declive. La adaptación prescinde de muchos detalles considerados de menor significación, para concentrarse en la leyenda artúrica. Asimismo, los elementos cristianos, presentes en la obra original, son omitidos en la película. El resultado es un filme que se concentra en la mitología y el simbolismo. Merlín es el dragón, está en todo, en lo material y lo inmaterial, insertado y fragmentado y espolvoreado sobre la piel de su gran diosa, la naturaleza.
La trama de la película está intencionalmente separada de todo contexto histórico, por lo cual no es posible fijar con exactitud la época en que la trama se desarrolla, asentándose en lo intemporal.


El viernes subo el segundo y último post sobre el film. Enlace a Excálibur II: Excalibur Segunda Parte

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12 feb. 2010

Relato. Un día y Una noche (V)


Quinta parte del relato perteneciente al mundo épico de Antigua Vamurta, "Un día y una noche".

Ciertamente, Antigua Vamurta es una novela de fantasía épica sui generis, aunque en este relato, hay más de novela histórica, de estudio de la psicología de esta hermosa dama en su juventud, que de épica. Por si os interesa, dejo dos enlaces de este mismo blog que miran la Ermesenda histórica (Ermesenda de Carcassona), la real, y la de Vamurta (Ermesenda, Condesa de Vamurta). En fin, sigo avanzando con la historia.

«El cielo era tinta negra y los aromas de jazmín flotaban, a ras de suelo, en plazas y calles. Ermesenda abandonó el palacio bajo la mirada reprobadora de su padre, que censuraba así el gran escote que su hija luciría en la fiesta. Su dama y dos guardias la acompañaron por la Avenida, en la que el latir de la ciudad era un leve susurro, con la luna encaramada por encima de los tejados.
Llegaron hasta las puertas del Gran Teatro, delante del cual se acumulaban otros guardias y criados, armándose de paciencia para pasar allí buena parte de la velada, a la espera de sus señores.
Ante la columnata de la entrada, Ermesenda se despidió de su criada, y fue reconocida por las dos figuras que guardaban el paso, escondidos bajo dos máscaras de cera triangulares, dos leones de expresión pétrea, que nada dijeron mientras cruzaba el umbral. Dentro, en la antesala, reinaba una neblina rota por los puntos de luz de las lámparas y velas, donde las primeras grandes columnas de ese bosque de piedra, bien parecían el límite de un laberinto que se perdía en la oscuridad. Otros dos hombres, éstos de torsos desnudos, impregnados en aceite como los luchadores de odouk, tomaron su capa ligera y le sirvieron una copa de cristal llena de vino dulce, a modo de bienvenida. Paladeó la densidad del vino, mientras oía el aleteo de risas lejanas. Sabía que al llegar al patio del teatro, vaciado de bancos y asientos para la ocasión, sería anunciada, sin que su nombre fuera pronunciado y que, durante un instante, todos los ojos se posarían en ella.
Jacobo y sus amigas la esperaban. ¿La reconocerían? Se recogió el pelo y se hizo una larga cola de caballo, se tapó cuello y hombros con un pañuelo de colores, y se colocó con cuidado su antifaz azul de trazos puntiagudos, a juego con su nuevo collar. La acompañaron hasta la pesada puerta que daba acceso al patio del teatro. Dos guardias más, ataviados con máscaras blancas, abrieron las puertas y vociferaron a los presentes: “¡La Mujer Azul se incorpora al baile!”.

Cuando se apagó la voz de las caretas blancas, el gentío que la había mirado, continuó bailando. Los músicos no habían dejado de tocar sobre el escenario del teatro y la fiesta siguió, burbujeante. Nadie había reparado en ella, o eso parecía. Quizás la habían tomado por una de esas mujeres disipadas que, como era tradición, eran bien pagadas para asistir al baile de máscaras y levantar los ánimos, junto a hombres atléticos escogidos en los rabales de la ciudad para ese mismo fin. Se sintió sin status y así, se adentró en el enorme jaleo de barrigas y cuerpos, de máscaras grotescas y ojos escondidos.
—Hermosa dama, de quien no puedo apartar mi mirar, ¿me concedéis el baile? –oyó, entre las risas, la música y la confusión de aquella masa en danza.
Un hombre de melena rizada, larga y negra, la sujetaba por el codo. Ermesenda dudó, no lo conocía, estaba segura. Llevaba puesto un antifaz rojo, pequeño y fino, que contrastaba con su cara cuadrada, de poderoso mentón. Sus ojos la esperaban. Ermesenda giró la cabeza buscando una salida, y vio que junto a los camareros del fondo, dos de sus amigas enmascaradas rebañaban un platito, vaciando sin piedad las safatas de comida que les iban sirviendo. Corrió hacia ellas, liberada.
—¡Lestra! ¡Carolina! Os reconocería aunque os pasearais con un saco en la cabeza.
—¿Ermesenda? ¡Por Sira! Creíamos que no vendrías. Casi no te reconozco —dijo Lestra, algo asombrada.
—Aquí estoy, queridas —respondió, algo más calmada tras encontrar a dos de sus puntales. Miró hacia el baile. Aquel hombre había desaparecido.
Carolina le ofreció un plato con queso y muslos de pollo braseados en aguardiente. Charlaban, a la vez que el baile iba girando como las aspas de un molino, del que surgían voces agudas y graves, mezcladas con las cítaras y flautas, creando un torbellino mareante. Jugaron a reconocer a aquél o aquél otro noble, a hallar sus preferidos tras esas complicadas caretas, algunas ganchudas, otras monstruosas, aunque de muy pocos estuvieron completamente seguras.
—Esta noche tiene un aire especial. Como de espera —apuntó Carolina.
—Quizás los dioses nos muestren una puerta al mañana —añadió Ermesenda, con sonrisa iluminada, al ver a su amante y prometido, Jacobo, llegar al baile.
Al encontrarse, notó que algo no iba bien. Tras su antifaz de pájaro, sus ojos parecían no concentrarse en nada. Miró sus amigos, que reían mucho, que reían como necios.
—Amada mía —tartamudeó.
—¿Habéis bebido? ¿Es eso? —preguntó Ermesenda sin disimular su disgusto—. ¿Teníais que beber esta noche, la más hermosa del año?
—No, no… No hemos bebido tanto —contestó, inseguro, Jacobo. Respuesta que fue acompañada por las risotadas de sus camaradas.»

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4 feb. 2010

Nota Personal sobre Cirlot

poeta misterioso
Poesía mágica
En mi vida han existido varios milagros: que mi mujer no me haya echado de casa, un jabalí, enviado por los dioses, que quiso comunicarse conmigo y me envió directo a la UCI, mi hija, una vez que me extravié en una tempestad de nieve y encontré un camino de vuelta, haber leído Poeta en Nueva York, a Auden...
Pero conocer a una persona que conoció a Juan Eduardo Cirlot dos días después de haber escrito un post sobre él, a quien recordé mientras escribía "Prosa Mojada" (que ya publicaré en marzo), me pareció una probabilidad entre un millón y medio.

Sí, estar charlando en el centro de Barcelona sobre Cirlot y otros poetas también es un milagro en sí mismo. Debería salir más de casa.

¿Qué me dijo? Que Cirlot se movía, que casi parecía un mago. Su presencia era magnética. Que su poesía en Madrid y Andalucía se recuerda más de lo que yo creía. Que su presencia era bastante imponente. Que si se pagó las primeras ediciones de sus libros de poesía era porque el mundo editorial de entonces no le hacía mucho caso. Y muchas cosas más, que callo.

Me indicó que me fijara en su obra como un todo, como un mundo construido, dotado de su propio código. No únicamente como poemas, como fragmentos. Así lo haré.

Y me comentó que volviera mi mirada en "44 sonetos de amor". Así se hará, pero eso será motivo de otro post, antes del verano, espero.

Dicen los del tiempo que hoy, durante todo el día, el cielo permanecerá radiante.

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1 feb. 2010

La poesía mágica de Cirlot

poeta magico
Cirlot y sus Espadas.

Cirlot o sobre grandes poetas olvidados. Un día, hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia lejana, abrí La Vanguardia, y allí me topé con la foto de un tipo curioso. Era Cirlot. ¿Por qué recordar una poesía perdida? Porque Juan Eduardo Cirlot fue un hombre único, acaso épico, y fue un poeta portentoso. 

No pretendo analizarlo, simplemente presentarlo, al poeta y sus versos.

Acercarse a su obra es adentrarse en un laberinto de símbolos, palabras como espadas y tinieblas, en el que, en un rincón inesperado, brillan algunas luces. Antorchas que nos dejó Cirlot para asombro de los que lo seguimos.

"Este sonido triste que solloza
es mi espada románica que piensa.
Mi corazón oscuro la acompaña
."


Para entender algo a este artista, hay que situarlo en la época, y recordar que es hijo de las vanguardias y de una noche, también. Muchas de sus piezas fueron escritas en una época muy dura, durante la larga noche de la posguerra española, sí, cuando Dámaso Alonso nos dejó escrito: “Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)./(…) Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.".

Es posible que Cirlot, desosegado por la realidad que lo rodeaba, harto de lo próximo, navegara hacia otros mundos. Este poeta mágico, a través de su viaje estelar, barroco, se rebelaba contra todo buscando el absoluto, su Santo Grial particular. Su mundo oníricio, recargado de símbolos, resulta a veces demoledor.

“Yo soy un ser humano a pesar mío.
El espacio plateado de mi espíritu
penetra en el espacio gris del mundo.
¿Hasta cuándo?”


Y es que la edad media fue una gran fábrica de leyendas, mitos y universos simbólicos, que hoy algunos revivimos. Cirlot, parece, se aferró a ellos. De algún modo, su poesía tiene algo de fantástico, de romántica y oscura.

“Toma mi oscuro anillo inmemorial.

Mi armadura deshecha se deshace
y de sus mallas muertas salen fuegos
azules, Bronwyn; puedo verlos, tiemblan.

Tiro el guante de hierro, soy tu siervo.
El mar que me acompaña por un mar
de sombra se deshace en el vacío.

Estoy cansado de estar muerto y ser.”


Nacido en Barcelona en 1916, murió en 1973. En 1937 fue movilizado para luchar por la República. A comienzos de 1940 fue movilizado otra vez, pero por el bando franquista.
Trabó amistad con André Breton y formó parte del grupo "Deu al Set" creado por Joan Brossa en 1948. Su sólida educación musical lo convirtió en crítico de música para La vanguardia, donde también escribió artículos de cine. Su actividad poética más intensa tuvo lugar entre 1960 y 1972.
Además, es de destacar una obra no poética, de las muchas que realizó. Su “Diccionario de símbolos”, que todavía se puede adquirir gracias a las rediciones.

"Por el bosque del tiempo la noche del espacio,
el errar de mi busca, la boca de mi incendio.
En tus ojos, cayendo, un mar gris se levanta.
Lo espantoso es sencillo y está siempre muy cerca.”


Los post son breves, como el vivir. Si queréis saber más del poeta y su obra, dejo un par de links:
- http://www.ucm.es/info/especulo/numero4/cirlot.htm
- http://www.terra.es/personal2/gmv00000/cirlot.htm

PD: de dos de diciembre de 2011 hasta el 15 de enero de 2012, el Arts Santa Mònica, expo sobre la vida, obra y muerte de este genio. Avisados están ustedes, en Barcelona La Gris.

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