30 dic. 2010

Der Wald y las Faules Fosques


Caídas del cielo me llegaron estas Faules Fosques. Libres improvisaciones al piano. ¿Música clásica?


Nuria Claverol se sienta y toca. Para qué analizar algo que me supera y no llego a comprender bien. Me siento en el ordenador y escucho, simplemente. Escucho y disfruto.


flores negras

Nuria no tiene bastante con el piano, también saca fotos, fotos en las que casi nunca, o nunca, aparece nadie. Flores, bosques, flores muertas, paisajes vacíos. El cielo sobre la tierra.


Pues eso, si queréis flotar en seco, la música y las imágenes de Este Bosque, Der Wald.

Ah, y hablando de música, el señorito de las madalenas, Marcel Proust, se ha activado. Decía él, hablando del violín que:
«se nos figura que en el fondo de la docta caja se oye a un genio cautivo que está luchando allá dentro, embrujado y frenético, como un demonio en una pila de agua bendita; cuando no se nos representa un ser sobrenatural y puro que cruza por el aire difundiendo su invisible mensaje».
Qué grande es la música. El Primer Arte.


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26 dic. 2010

Creatividad, crisis y Nesspresso

El otro día iba yo por el pasillo de mi casa y a lo lejos vi a mi mujer.
—Hola —grité.
—Hola.
Nos acercamos y cruzamos, finalmente.

Minuto 0
Estamos en crisis, y no precisamente al final. Para mí, la larga fantasía de los últimos años tiene dos símbolos.         Primer símbolo: los coches Audi, especialmente esos monstruos 4x4. Te financio el monstruo y luego tiro de la red, para hacerme hasta con la pescadilla. Es un cuento muy viejo, ¿verdad?

Creatividad y Nesspresso
Pendientes a base de cápsulas Nesspresso

Minuto 1
—Oye, ¿de dónde has sacado estos pendientes?
—¿Te gustan? —contesta ella. Yo tiemblo pensando en el fin de mes.
—A ver. Pues sí, son guapos, guapos.

Minuto 2
Últimamente, cuando tiro cosas a la basura, antes de hacerlo me pregunto, ¿puede servir para algo?

Minuto 3
—Los han hecho las niñas de 4º de ESO, las venden para el viaje fin de curso —dice mi esposa.
—Joder… A ver, ¿y éstos aros?
—Son Nesspresso.
—¿Qué...?

Minuto 4
Dicen estos nuevos sacerdotes, los psicólogos, que una crisis es como un cambio de piel, algo de lo que surge algo nuevo. Yo no lo sé, la verdad, lo que sí sé es que tengo la espalda bien jodida. Pero quizás sí nazcan nuevos valores, nuevos modos de vivir sin tanta ostentación, estupidez y egoismo.

Minuto 5
—Sí, son cápsulas de Nespresso recicladas.
—Ostia…

 Minuto 6. Fin del partido.
Creatividad para estas fiestas, esa es mi propuesta y para el resto del año.
        Segundo símbolo de la crisis: las cafeteras Nesspresso. Esos objetos grandes, caros, fardones y absurdos. Estás o no estás, la tienes o no la tienes.

He sufrido muchas presiones de lobbies distintos, pero en mi cocina sigue habiendo una cafetera italiana de hierro viejo. Mmmm... El buen café, mi droga dura, barata, buena y sostenible en el tiempo.

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21 dic. 2010

De la Canción, el Hielo y el Fuego

Novelas de fantasia epica


¿Literatura fantástica, fantasía épica total? Sí y no, creo que George R.R. Martin ama la historia y ama la  tradición. Y quizás de allí su éxito incontestable. Porque la saga de Canción de Hielo y Fuego y su, por el momento, cuarta entrega, junto a miles de páginas, constituyen uno de los poquísimos bestsellers que ha dado el género en muchos años. Lo que me interesa es saber el porqué, ya que sobre la Canción se han escrito muchos posts y baladas.

(Nota del 7 de junio de 2013: Acabando la quinta entrega de la Canción de Hielo y Fuego. Es un buen libro, tras el mal sabor de boca del cuarto. G. R.R. Martin sigue teniendo magia en los dedos. Sí, sobran páginas, me sobran personajes con los que no empatizo y no recuerdo quién son..., pero sigue funcionando. La Canción silba.)

Para los que no sepáis de qué va todo esto, una breve introducción: en unos territorios y reinos imaginados, varios linajes pugnan por el poder. La lucha es terrible. Unos son conformados por malos, otros por buenos y otros los ubico en la escala de grises. A este substrato hay que sumar los “exteriores”, pueblos, razas y seres que poco a poco van cobrando mayor importancia… Y ya está, esto es la saga.

Literatura Fantastica kindle epub pdf
Cuervos y Fantasia

Pero, ¡vaya!, ¿tan sólo esto? Sí, pero contado con enorme talento y enorme esfuerzo. G.R.R Martin es, ante todo, un orfebre exquisito. Apabullantes son la cantidad de familias, banderas, grupos, toponímias, personajes y seres que maneja, sin que nada se resquebraje ni asomen grietas en su literatura. A veces imagino a este grueso norteamericano encerrado en una habitación llena de millones de posits amarillos forrando las paredes hasta el techo, intentando encontrar un cabo suelto o una dama perdida. Una mente maravillosa, sin duda, capaz de trazar sofisticados arabescos que harían palidecer a los artesanos árabes del medievo.

¿Cómo se explica? Con un lenguaje relativamente sencillo y eficaz. Aquí, como en la mejor tradición anglosajona (Jack Vance, Ballard, Wells, Stevenson), lo importante es la historia, no el estilo. Todo al servicio de la historia.


¿Sólo?... No, Martin consigue dos cosas más: ser enormemente entretenido y enganchar al lector, como el buen guionista de TV que fue, en su red de cuentos. Y para conseguirlo no escatima en trucos: búsqueda de identificación emocional con los personajes (tiene tantos que es imposible no encontrar tu media naranja), capítulos cortos, estructura narrativa seriada, clímax cortados de raíz, rollos entre los protagonistas, situaciones evidentemente injustas que claman venganza, sufrimiento de nuestros queridos alter egos y… Tyron, el súper antihéroe que todos somos. Zarandeado, acomplejado, inferior y feo. Pero que hasta la IIIº entrega de la saga (ahí estoy), sobrevive por azar y por su inteligencia. Mi querido Tyron. ¡Dios salve a la Reina! Y a este hombrecillo también.

¿Qué problema hay? Bueno, a veces se le va la pluma. Como diría aquel libre pensador, Stefan Zweig en el Mundo de Ayer, a todos los escritores les conviene un ejercicio de tijeretazo (no recuerdo bien la cita), excepto en los casos de Céline, Sandor Marai, Coetezze y cuatro más.


Otro problema es que a veces parece que Martin deje escapar sus manías, obsesiones y traumas: violaciones a mansalva, decapitaciones, mutilaciones, etc. Me sobran algunos fragmentos y algunos hilos. El de Sansa es un tostón y no aporta nada. Los dos hermanos incestuosos me causan sopor, todo lo que consigue Daenerys me resulta inverosímil, y ya sé que los vampiros no existen y que por tanto no pueden ser así o asá definitivamente. Pero todo eso da igual. Bofetón a la página y “palante”.

Hay un tipo que corretea por los lindes del norte profundo llamando Jon Nieve que lo justifica todo. Los bosques y el frío, los mitos, la dureza de los elementos conforman un paraíso para el lector de lo fantástico. Y Jon no está solo, me chiflan los bárbaros de los confines, su hermanastro Brandon y sus amigos, los Reed, salidos de Aguasgrises, me interesa Lady Catelyn, me chiflan los huragos y me encantan las historias de Stannis Baratheon, muy creíble como hombre de estado.


Y mucho más, en este país del Nunca Jamás para adultos. Por último, mencionar que descubrí CHF gracias a los foreros de Foros de Fantasia Epica, a los que siempre estaré agradecido por ello. G.R.R Martin, un indispensable en el género que ha creado un universo propio, este sí.
Pronto se estrenará la serie, de la que dejo el trálier. Casi nada.


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14 dic. 2010

Cuento de Amor, La Mujer de Nieve

En las leyendas japonesas, Yukki Onna es un espíritu del mal. Pero en uno de los cuentos de fantasía nipones se muestra más humana, lo que me arrastró hasta ella como una canción de amor. Yukki Onna posee una belleza gélida. En esta vieja y nueva historia he querido rendir homenaje al relato fantástico, La mujer de nieve, mezclándolo con el universo épico de Antigua Vamurta. Un brebaje peligroso, lo sé, que quizás cause algún disgusto. Espero que le agrade especialmente a Kensan X, y a su Dragón de Tinta.

fantasía épica y aventuras

«Yo era muy, muy joven. Apenas un chico. El primogénito de una estirpe de nobles de Vamurta. Al morir mi padre, mi madre siguió contestando al poder de la Corte. Ella desapareció y yo, como barón, promoví la Asamblea de Notables. Pero la Condesa ganó el pulso y huí, exiliándome en las Colonias, huyendo de las garras de Ermesenda. Y aquello fue una bendición. En aquellos tiempos las nuevas tierras eran para los hombres grises un horizonte nuevo, un lugar por explorar. La tierra prometida. Entonces era fuerte, no conocía el cansancio y a pesar de mi desgracia, era un hombre esperanzado. Aunque de estas cosas uno no se da cuenta cuando suceden, sino después, cuando no están. Esto fue lo que ocurrió... Me había enrolado en una expedición que pretendía fundar una ciudad muy al noreste. Era una empresa ambiciosa, y desconociéndolo todo, entramos en tierras sagradas de los vesclanos.

En aquellos lejanos parajes empezamos a construir casas y almacenes, rodeados de una empalizada. Cazábamos y horadábamos la tierra para dejar las semillas que debían sustentarnos. Llegó el invierno, áspero, y cubrió los bosques con un manto blanco. En una de esas noches gélidas, aparecieron los vesclanos, a cientos, iluminando la oscuridad con sus antorchas. Asaltaron la aldea y a penas pudimos resistir. Un viejo sacerdote de Onar y yo conseguimos huir a la montaña, aprovechando la confusión de la lucha.
Muertos de frío, aterrados, vagamos por la noche. Una tempestad se desató sobre nosotros, el cielo rugió y sus hijos, el viento y la nieve, nos azotaron hasta casi acabar con nuestras fuerzas. Onar, que es misericordioso, nos condujo hasta una cabaña abandonada. Una mísera construcción de troncos donde pudimos encender fuego y calentar nuestras ropas mojadas. Allí encontramos algo de comida y, por primera vez, nos sentimos a salvo. Afuera, el temporal arreciaba.
—Si logramos volver, tú que eres joven, deberías hacer los votos para entrar al servicio de nuestro dios. Hoy nos ha salvado.
Apenas escuchaba a aquel pobre hombre, porque cerca del fuego mi cuerpo se amodorraba. Enseguida caí en un profundo sueño.


Pasada la medianoche, un golpe de aire abrió la puerta, el viento entró como una furia y la nieve arremolinada apagó la chimenea.
—¡Menudo frío!
Entonces la vi, erguida, la ventisca aullando a su alrededor.
—¿Quién eres? ¿Por qué has entrado?
Una mujer de tez blanquísima, vestida con sedas vaporosas, bella. Sus largos cabellos negros seguían bailando, a pesar de que había cerrado la puerta, la mirada glacial. Sentí un escalofrío profundo, sus ojos negros me traspasaban.
Ignoró por completo mi presencia. Quedé medio incorporado, como una estatua, incapaz de moverme o abrir la boca. Como si flotara, se dirigió al viejo sacerdote que no había despertado. Se inclinó sobre él y sus labios emanaron una nube de hielo que lentamente lo petrificó.
—¡Onar! —grité— ¡Onar!
Intenté huir, pero ella, en un abrir y cerrar de ojos, se plantó en la salida. La Mujer de Nieve se aproximó, diciéndome, mientras me miraba con dureza.
—Lleno de vida. Además eres un hombre hermoso —murmuró—. Te permitiré continuar en este mundo, pero si cuentas alguna vez a alguien lo que has visto esta noche, te buscaré estés donde estés, y te mataré.
Di un paso atrás, recordé mi espada, me giré para ver dónde la guardaba. Al volverme, la mujer había desparecido. Mi conmoción era tan honda, que debí perder la consciencia, pues al día siguiente me levanté tiritando, tumbado cerca de la puerta.
Aquella mañana, conseguí reunir suficientes fuerzas para volver atrás. Antes, sin poder contener las lágrimas, enterré al sacerdote que, al haber fallecido, de algún modo me había salvado. Durante tres días deambulé hacia el sur, hasta hallar la primera aldea de los hombres grises. Allí conté cómo los vesclanos nos habían masacrado, pero mucho me guardé de decir nada de La Mujer de Nieve. Pasaron las estaciones. Era uno más en esa aldea de agricultores y guerreros. La Asamblea de las Colonias parecía haber renunciado a su expansión y mis noches se sucedían sin que existiera algo profundo que llenara mi espíritu.

Durante una primavera especialmente lluviosa, aguardaba en mi minúscula casa a que escampara, para poder ir a recoger leña al bosque. En la casa de enfrente, observé a una muchacha que se resguardaba de la lluvia, aunque ya debía estar calada hasta los huesos. La invité a entrar.
Ella dijo que se llamaba Yokai, explicó que era extranjera y que quería llegar a Nueva Vamurta para buscar trabajo como hilandera. Le pregunté a qué tribu pertenecía, pues no había visto a nadie como ella entre las distintas razas de aquellas tierras.
—Déjame dormir en tu casa esta noche. Te lo ruego, con esta lluvia, no llegaré muy lejos.
Al principio dudé mucho, pues ni disponía de comida ni de otra cama. ¡Cómo alojar a una mujer tan bonita en mi barraca! Le ofrecí un tazón de hidromiel cerca del fuego, mientras meditaba qué hacer.
—No me importa dejar de comer, ni dormir en el suelo, pero déjame quedar, al menos esta noche.
Aquella súplica dicha por esa voz de ruiseñor me enamoró. De eso, también me di cuenta más tarde. Se quedó conmigo y, al poco, nos casamos con la bendición de las sacerdotisas de Sira.


Durante esos años fui el hombre más feliz del mundo. Solo quería volver a casa pronto para estar junto a ella. Nada me faltaba, ni tan siquiera pensaba en el futuro. Teníamos siete preciosos niños, sanos, fuertes y vivarachos. Me sentía afortunado. Mi única inquietud era ella, pues en los días de sol y calor, jamás abandonaba nuestra habitación, mientras que cuando caía la noche, salía a pasear con los niños. El verano la volvía apática y apenas podía hacer nada. Con la llegada de los primeros fríos, su rostro extrañamente blanco parecía resplandecer, y las fuerzas volvían a ella. Era entonces cuando se mostraba alegre y enérgica.

En una de esas noches de invierno le dije:
—Amor, pareces tan joven como el día en que te conocí. El tiempo te respeta absolutamente.
—Eso lo dices tú, que me sigues queriendo —respondió ella, con una sonrisa en sus labios de piñón.
—Te voy a decir algo que acabo de recordar y que jamás he contado a nadie. Verdaderamente, te pareces a una mujer que vi una vez, siendo yo muy joven. O eso creo, pues casi diría que vi una aparición.
—¡Oh! ¿Y quién era? —contestó ella sin dejar de mirar las llamas de nuestro hogar.
—Alguna vez te he contado aquella desastrosa expedición, años atrás. Pero no te lo he contado todo. Al huir de la aldea, se desató el peor temporal que he visto. Fue en esa noche cuando la vi. Todavía me pregunto si lo soñé o no, aunque algunos sacerdotes aseguran que nuestro paso por la tierra también es un sueño… ¿Has oído alguna vez las historias que se cuentan de la Mujer de Nieve?
—¿Por qué me cuentas todo esto? —Viendo como se transmutaba su expresión, pienso hoy que debí haber callado.
—Porque esa noche vi a la Mujer de Nieve.
—¡Me lo prometiste! Me prometiste que no lo contarías a nadie, ¡jamás!
Yokai se había levantado, y mientras lo hacía se transformaba en la Mujer de Nieve. Una furia helada invadía nuestro comedor. A medida que se movía, su sencillo vestido de lana color tierra se transformaba en un suntuoso abrigo blanco, su hermoso pelo negro diríase que flotaba.
—Pero, ¿qué quieres decir, amor? ¿Qué haces? ¿Por qué abres la puerta?—pregunté, angustiado—. Yokai, ¡no! ¿Eres tú…?
La Mujer de Nieve me miró. En sus ojos se podía leer un profundo dolor, una terrible incertidumbre. Debía de tomar una decisión en aquel momento, pues había roto la promesa y yo recordaba el castigo. Frente a mí, poco quedaba de ella, de mi esposa y madre de siete hijos. Un ser de otro mundo daba un paso atrás, todavía indeciso.
—Me has descubierto, dejo de ser humana. No puedo matar al único hombre que todavía quiero —Abrió la puerta. Ráfagas de viento invadieron la casa, la nieve revoloteaba, libre—. ¡Mi vida contigo!... ¡Era feliz! Cuida de los pequeños, pues si no lo haces, vendré a por ti. ¡Lástima, era feliz!
Mi mujer era una figura blanca, pétrea, cuyos ropajes se desplegaban en el aire furioso. Parecía que iba a salir, cabalgando sobre la tormenta, como un animal sin rumbo.
—Yokai, ¡quédate! ¡No lo sabrá nadie! ¡No te vayas!
Desesperado, me incorporé, y salí corriendo para atraparla. Puede oír un «que tengas suerte», antes de que desapareciera en la noche lúgubre en que la perdí.

Mi nombre es Matrol, Alto Magistrado del Consejo de los Veintiuno. Jamás he vuelto a amar a una mujer. Aunque he pasado los años procurando ayudar a los otros y ahora soy viejo y el fin se acerca, antes de acostarme y al despertar pienso en ella. Una melancolía pervive en mí, en lo más profundo de mi ser, que alivio en las noches de invierno, cuando salgo a pasear por los caminos. A veces creo oír un gemido en la noche, una voz que se desvanece como la nieve cuando intentas atraparla. Es cuando la llamo, y en fría oscuridad la invoco, para así dar calor a su corazón helado.


Cuento Amor Fantasia
La Mujer de Nieve, by Igor

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12 dic. 2010

Cosmos y tonterías Mentales

Cosmos y Tintín
Así habló Zaratustra...
Pessoa nos dijo: «Dame más vino, porque la vida es nada». ¿El vino inspira? Acabo de salir al balcón, he hecho la cena: pollo rebozado y patatas fritas. Es domingo y todo se va, la niña ya ha comido suficiente verdura y mi mujer está harta de mis hervidos.
Fumo un cigarro y veo la Sagrada Familia iluminatta. Encima de ella hay una constelación que se repite: tres estrellas en perfecta línea diagonal y algunas más por ahí enlazadas sin que yo entienda sus conexiones. Ignorancia. «Cuando son jóvenes, las posibilidades son infinitas», que dicen los jesuitas. Ignorancia. ¿Cómo se llama la constelación?

Otro cigarro. Gracias, ministra Salgado por es nuevo aumento en el precio del tabaco. Ahora los lío artesanales, para ahorrar, con hoja natural, a mis treintaisiete. Gracias, ministra, gracias ZPaf. Con éste, ya van cuatro transplantes de pulmón y aún no he pasado a saludarlos. He pagado varias veces mi atúd por anticipado y aún no hago uso de la caja. Y, ministra, hágame un doble favor: dejar ese traje-chaqueta floreado en el armario, que esas telas las usaba mi abuela para las cortinas, por el bien común, y cambie de peluquero. Esos crepados están en desuso, no son estéticos y en el Financial Times no le darán credibilidad. ¡Caramba! Su peluquero, señora ministra, la odia secretamente.


Relatividad. Esa constelación de tres estrellas en línea, en verano, tiene otra posición, lo sé, a las tres de la madrugada tiene la posición de las nueve en invierno. Gira la tierra y giran las estrellas. Qué duro es darse cuenta de ser relativo, como aquellos que entendieron que la Tierra no, no es el centro de casi nada. Como cada uno de nosotros, que poco más que seres transitorios. Incluso nuestro planeta, fantásticamente azul, lo es. Tiempo geológico, cuando una vida es un leve suspiro. Agarrad una piedra, palpadla.

Decía un físico japonés que el universo es como una inmensa sopa de burbujas, en expansión. Y que cada una de las burbujas es una galaxia y dentro de cada galaxia hay varios, cientos, ¿miles? de estrellas, como Ra, nuestro sol que hace que tú y yo y el vecino del tercero, existan. Un minúsculo pedrolo, la Tierra, dentro de una burbuja en una sopa infinita. Espero que no sea de guisantes.

Qué rico el pollo, lo que comprado de “pagès”. Conozco un anciano que me dice que sí, que todo está muy bien. Pero que cuando te acercas a la muerte mandas al carajo la relatividad y lo único que quieres es vivir un poco más y zamparte unas buenas gachas con tocino.

Relatividad se parece a Levedad. La “Insportable Levedad del Ser” se podría parecer a la angustia que causa saberse una mota sideral. Kundera escribía realmente bien, más de viejo que de joven. Incluso de joven, tiene fragmentos brillantes y relativos.
Y ahora, tan solo me pregunto, ¿por qué Pessoa escondía sus poemas en un baúl?, y, ¿qué haré de cenar mañana?

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10 dic. 2010

WikiLeaks y La Primera Ciberguerra Mundial

Estamos ante las primeras escaramuzas de un largo conflicto: la primera ciberguerra de la historia. Es un momento sumamente interesante. Es por muchos conocidos que las últimas revelaciones de la organización WikiLeaks han puesto al gobierno de EE.UU y al Pentágono en una situación incómoda. Julian Assange, su cabeza visible, está encerrado en alguna nueva Torre de Londres, entre rejas. Y el medio para realizar donativos a esta organización ha sido cortado, ya que Mastercard ha roto el puente que era el sistema PayPal. Como no.

A todo esto, hay que recordar que el gobierno chino ya realizó un masivo ciberataque contra intereses americanos, al dejar fuera de servicio a Google China. Feo. Imagino que hubo respuesta. Una reacción que hoy es de carne y metal, sino, recordad las recientes maniobras militares coreano-americanas al sur de Corea del Norte y muy, muy cerca, de China. Todo es mucho más complejo, ya que el fondo gubernamental chino es el principal comprador de deuda pública estadounidense, convirtiendo a este país en rehén del gigante asiático, que a su vez depende de sus exportaciones a los USA y a Europa, que tanto daño han hecho a las pymes españolas poco tecnificadas, y que es un comercio susceptible a ser cortado de raíz mediante aranceles proteccionistas. Las espadas están en alto.

Ciberguerra, que es lo que interesa. Me sorprende enormemente la fortaleza de WikiLeaks y todo de lo que ha sido capaz. Mi mente paranoico-conspirativa rastrea razones. ¿Está sola WikiLeaks? ¿Hay alguien más detrás de centenares de voluntarios y simpatizantes? Rezo por que sea así. De momento, al encierro de Mr. Assange y a las amistosas reacciones de algunas poderosísimas multinacionales, la red ha respondido con furia y eficiencia. Un supuesta organización de hackers autodenominada Anonymous ha golpeado las páginas de Mastercar, Visa, el gobierno de Suecia, del banco suizo PostFinance, que bloqueó las cuentas de WikiLeaks (¿no podrían también dejar en la red la gente que blanquea dinero o evita el fisco?) etc, etc.

Según mi opinión, este ataque es más un daño moral, de imagen, que otra cosa. Pero es un aviso muy serio. Imaginaos que un/os hackers puedan burlar los sistema de control de una empresa de aguas, o una empresa dedicada a la energía o la de la red eléctrica. El daño sería incalculable, podrían, por ejemplo, crear un apagón de proporciones planetarias. Anonymous, el grupo de cyberactivistas o lo que sea, mediante la Operación Payback ha avisado. Hoy he leído que en Holanda han detenido un hacker de 16 años acusado de bloquer el site de Mastercard. Como ellos mismos han dicho en un comunicado, “hay algunas cosas que WikiLeaks no puede hacer. Para lo demás está la Operación Payback”.

Evidentemente, la mayoría de medios de información tratan esta primera ciberguerra como algo muy secundario, en la creencia de que si no se habla, no existe. Subestiman la red, otra vez. Los lobbies informativos, porque no son otra cosa, vuelven a desenmascararse.

No deja de ser gracioso que la propia Internet sea un sistema difuminado, de multicentros, que impiden perseguir con efectividad al enemigo. De hecho, quiero recordar, Internet fue diseñado por el Pentágono para que la comunicación entre los mandos del ejército estadounidense pudiera sobrevivir, en la red, a un ataque nuclear de la antigua URSS. Esto me recuerda al rearme que realizó los USA a los talibanes para derrotar a los soviéticos cuando éstos ocupaba Afganistán. Entre otras perlas les entregaron los misiles portátiles tierra-aire Stinger, que hicieron desaparecer del cielo a esos famosos helicópteros rusos, auténticas fortalezas volantes. La enseñaza es clara: se muy cauteloso cuando regales juguetes caros. Nunca se sabe cuál será su último fin.

Quisiera hacer una última reflexión moral. Los datos, informes, archivos, divulgados por WikiLeaks son absolutamente brutales, escandalosos. Pero ya sabíamos que todas las grandes potencias cometen actos absolutamente despreciables. ¿Consecuencias de estas revelaciones? Casi nada. Estamos anestesiados, ese es el problema. Y asustados por esta grave crisis. Nuestro mundo cada vez se parece más a las fábulas de Orwell y su 1984, o los cómics de Enki Bilal y su futuro postpunk gobernado por grandes corporaciones. El futuro hoy es presente.


Todo este asunto me hacer rememorar una vieja cita latina: "Vox Populi, Vox Dei Est", o "La voz del pueblo es la voz de Dios".
Nota de finales de julio de 2013: ahora es oficial que los gobiernos espían a través de internet, la red, etc., y que para ello usan las plataformas dominantes en la red de redes. Pero era obvio ¿no? De hecho, la información contenida en internet, sobre todo, tiene valor comercial: ¿cuál será el smartphone más vendido, qué piden los consumidores? Tranquilo. Si tienes que hacer una confesión importante es mejor hacerlo tomando una cerveza con los amigos y sin micros.

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7 dic. 2010

Cine, Ricardo III y Shakespeare

Otra película olvidada, el Ricardo III (1995) de Richard Loncraine, ambientada en los años 30 en una Inglaterra fascista. Una historia de ambición, atemporal. El reparto es de lujo: Ian McKellen, sí, Gandalf del Señor de los Anillos y su “¡Corred, insensatos!”, la guapísima Kristin Scott Thomas, Robert Downey Jr, Annette Bening, quizás antes de estirarse la cara y convertirse en una inexpresiva máscara de cera, entre otros.


Ricardo III
He leído cosas como “ridícula” y “fallida”. A mí me enchufó. Una auténtica genialidad, una obra fuera de serie porque no se parece a otros films. Ricardo III es un punto y aparte. Dificilísima de encontrar. Olvidar videoclubes de películas chicle. Fnac o Internet o algún videoclub especializado. Y, atención a algunos asesinatos. Hay muchas formas de morir.

William Shakespeare es el guionista más productivo de la historia del cine, de sus obras se han realizado más de 250 adaptaciones, ¡quién da más!. Uno de los que más recurrió a él fue un japonés, un maestro, llamado Akira Kurosawa. Convirtió al Rey Lear en la hiperviolenta, sangrienta y poética Ran, y adaptó el horror de Macbeth al terror feudal de los samuráis en Trono de Sangre. Otra obra maestra.



En el post anterior, La Flecha Negra, Stevenson se desmarcó del gran dramaturgo y describió a Ricardo III como un hombre extremadamente vital, valiente, duro y cruel. Pero justo, a su manera, a pesar de las certeras disidencias de Dissortat. Me parece más plausible la visión de Stevenson que la de Shakespeare, que ganó favores para desacreditar al antiguo monarca. La relación y los diálogos entre sir Richard de Gloucester, futuro Ricardo III, y el protagonista de la Flecha Negra echan chispas. Es uno de los grandes momentos de la novela, como en Trono de Sangre es el encuentro sobrenatural, terrorífico, del protagonista, con la bruja.



Y a ver si comento algo más comercial, que parezco un intelectualoide de salón de té sin amigos y pesado. ¡Pero es que las dos son muy buenas!

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4 dic. 2010

La Flecha Negra, Stevenson

La Flecha Negra, la novela de aventuras medievales de Stevenson. Aventuras, guerras, amores, ambiciones y disputas y el bosque como territorio libro. Una novela juvenil que se lee maravillosamente bien a cualquier edad. Hoy se puede comprar como libro o como ebook en los formatos habituales de epub, mobi, pdf, kindle, etc.

Estoy convencido de que esta gran novela de aventuras medievales ha tenido y tiene una influencia directa en toda una generación de escritores de fantasía épica, especialmente entre los anglosajones. Leyendo Canción de Hielo y Fuego lo pensé, por ejemplo. A veces tenía la sensación de pasear por los oscuros bosques de Tunstall en lugar de Invernalia. ¿Está olvidada La Flecha Negra? ¿Soy yo que estoy susceptible? Si te gustan autores como Kipling, Tolkien, George R.R. Martin o Wells, ¡agarra esa flecha voladora!

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«Zumbó la flecha en el aire como un avispón enorme (…) No se movía una hoja. Las ovejas ramoneaban plácidamente; los pájaros habían vuelto a posarse. Pero en el suelo yacía un viejo con una flecha de veintisiete pulgadas en la espalda
Está disponible La Flecha Negra en papel y en formato ebook, en pdf, epub, kindle y otros. R.L. Stevenson parece que pudiera acometer cualquier empresa. Desde el terror y el análisis del alma humana de Dr. Jekyll and Mr. Hyde, una novela contemporánea de su tiempo, hasta este libro, ambientando en la Guerra de las dos Rosas (la blanca de York, la roja de Lancaster), en la fascinante Inglaterra feudal. The Black Arrow narra el paso de la adolescencia a la edad adulta de su protagonista, Richard Dick Shelton, forzado por la violencia y la permanente injusticia que imperan en su condado, gobernado con mano de hierro por uno de los mejores malos de la literatura (¡y recordad al señor del loro, también de Stevenson!), Sir. Daniel Brackley, que bien merece un capítulo aparte, y es además el tutor del joven Dick.

Así, en este camino y descubrimiento del mundo, el inocente Dick Shelton inicia un periplo que lo llevará a convertirse en caballero, en un final salpicado por la sangre de una de las mejores batallas narradas en una novela, la de Shoreby. Una batalla que es un manual de cómo escribir batallas.

«Y ahora los peones de la plaza retrocedieron a la carrera en todas direcciones. Los jinetes, que habían estado aguardando en fila de a dos, picaron espuelas de repente, convirtiendo su flanco en su frente y, veloces como la víbora al morder, la larga columna vestida de acero se lanzó sobre la deshecha barricada.».
Y tras alcanzar la gloria, el joven reacciona de un modo un tanto extraño, en el que Stevenson ofrece una conclusión atípica e inteligente. También, como en el Dr. Jekyll, hay una reflexión moral.
Entremedio, una historia de amor muy lograda, convincente, con una dama muy diferente a las que pueblan los cuentos de hada de Disney, que tanto mal han hecho a la humanidad. El encuentro con los emboscados, arqueros feroces de flechas negras capitaneados por John Amend-all, una historia de venganza, el desencanto al descubrir qué sucio puede ser el mundo, la voluntad de un hombre en reestablecer eso de lo que andamos cojos, la justicia. El capitán Arblaster, un secundario impagable, y un sinfín de escenas dotadas de dos cosas importantes para hacer que una lectura sea amena: intensidad y credibilidad. Pues casi toda la narración parece extraída de una realidad, aunque lejana. Una novela catalogada de juvenil pero que es para todos los lectores.

¡Ah! Pero, ¿no he mencionado el misterio que esconde esas malditas flechas negras? En las saetas se puede leer:

Tenía en el cinto cuatro flechas negras por las cuatro penas que he soportado
y para los cuatro hombres malvados que nos tiranizan y nos atropellan
Una dio en el blanco, una ya acertó pues al viejo Appleyard muerto lo dejó.
Otra, Master Hatch, para vos,
no miento por quemar Grimstone hasta los cimientos.
A Oliver Oates otra irá a parar que a Sir Harry Shelton mandó degollar.
Y para Sir Daniel la cuarta será y todos dirán que bien hecho está.
Cada cual tendrá lo que ha merecido una flecha negra por cada maldad y ahora caed de rodillas, rezad
¡porque ya estáis muertos, vosotros, bandidos!.
Como apunte final, decir que el autor escocés traza hacia el final del libro un personaje formidable. Ni más ni menos que Ricardo III; el último rey de la casa de York y el último muerto en batalla. William Shakespeare lo maltrató, presentándolo como un cobarde, nada más lejos de la realidad. Richard III fue un militar experto y temerario. Ya se sabe que la historia la escriben los vencedores, como en el caso de griegos y persas. Y ya se sabe, que, muerto Ricardo III “el jorobado”, llegaron los asquerositos de los Tudor.


Nota1: Hay una organización en Inglaterra dedicada a la restauración de la memoria pisoteada de Ricardo III. ¡Viva York! No recuerdo su nombre. ¿Alguien sabe algo?

Nota2: Hay mucho y muy interesante cine acerca de Ricardo III.¿Es una amenaza de futuro? Sí.

Nota3: Estudios recientes indican que en la batalla de Bosworth, donde murió el rey, y ganaron los Tudor (Enrique VII), en lugar de tantas ballestas y espadas se emplearon también armas de fuego e incluso las primeras piezas de artillería. Pero claro, eso se sabe ahora, en 1888 era imposible de imaginárselo.

dibujos flecha negra stevenson
Ilustración de N.C. Wyeth

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1 dic. 2010

Opera Prima

En este cuento de ciencia-ficción, animado por espíritus clásicos, Gin Hindew (su blog es: http://homo-antropos.blogspot.com/), desde Hidalgo, México, contraataca. Leí el cuento y le pedí poder colgarlo también aquí, en Vamurta, para que otros pudieran leerlo y disfrutarlo. En muy pocas líneas se dicen muchas cosas, aparte del goce estético. Hay algo intemporal en él, y eso enseguida me gustó, como si hubiera una verdad en el fondo del lago.
Quizás recordaréis a este escritor y dibujante por las ilustraciones que hizo de Antigua Vamurta (artista mexicano ilustra Vamurta), de las que dejo enlace. Nos encontramos en Foro de Literatura y bueno, desde entonces nos vamos leyendo. Sin más, el cuento.


La fila no avanza y me empiezo a sentir nervioso, ha pasado algo de tiempo pero ya sabía que iba a ser tardado, sin embargo al verlos a todos con sus hijos siento algo hacia el mío… Creo que es vergüenza.
Lo hice con cuidado, uní sus manitas con una aguja muy fina y me pinché los dedos con ella, sus piernas están hechas de tela envuelta sobre metal para darle firmeza, el torso puede girar casi por completo y el conjunto de hombros y brazos funciona bien y hasta se estira un poco, los acabados son a mano, por supuesto, pero los hice con dedicación, lo he forrado de tela suave y resistente, el color es tenue pero constante, debería sentirme satisfecho.
En su momento le puse empeño, demasiado según yo, me pasé noches enteras haciendo el modelo desde el instante en que tuve la inspiración, aquel día en que vi su carita sonriente mirándome desde el espejo, investigué algunas técnicas de moldeado y me apliqué a ello, el resultado es de un color suave y sonrosado, de superficie lisa casi uniforme, pero al ver los otros niños no dejo de sentirme inquieto, la mayoría de los futuros padres traen hijos como el mío, hechos con la mano de una persona entusiasta, pero sin talento.
Son solo unos cuantos los que han traído hijos realmente increíbles, la mujer que está más al frente tiene un niño precioso, no para de contar los años que se ha pasado ensamblando un cuerpo ligero y resistente hecho con materiales de ultima generación, dice que cuando esté vivo su niño podrá saltar como un gato y que será un as en todos los deportes, el acabado también es grandioso, parece completamente moldeado en una pieza aunque nos ha dicho que es una cubierta de látex marfilado y tallado para darle ese aspecto níveo y firme.
El que viene tres turnos antes de mí, admite que ha descuidado el físico por enfocarse hacia lo mental, dice que su hijo tiene un cerebro hecho de zafiros engarzados y un sistema nervioso sensible a todo tipo de superficies, dice que no importa a que se dedique, será un genio aunque parece pretender que se convertirá en un artista.
Vuelvo a ver el mío, parecía tan hermoso cuando terminé de hacerlo, ahora se ve tosco y sin gracia, ¿cerebro?, ¿estructura?, ¿acabados? Nunca se me pasó por la cabeza, solo quería un hijo que fuera mío, creí que con tenerlo sería suficiente pero ahora ya no estoy seguro.
Mi turno ha llegado y estoy frente a la máquina, el animador me mira extrañado y se oyen rumores en la fila, no se que hacer pero avanzo y lo pongo en la plataforma, lentamente mi hijo cobra vida.

Cuento Ciencia Ficción
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Sueño y Confucio

Ayer tuve un sueño. Estaba con Confucio pescando en un riachuelo. El viento movía el bosque de bambú y el maestro no me prestaba atención. Saqué una anguila reluciente, que se contorsionaba con enorme desesperación.

—Maestro —dije—. Escribo más que leo. ¿Eso es malo?

Confucio observó como su caña se torcía, pero el pez escapó en la rapidez de la corriente. Cuando creía que ya había olvidado mi pregunta, contestó:

—Sí, es malo.

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