29 jun. 2014

Uno por uno… Menos que cero.


Por sobre el alma el aleteo inútil
de lo que no fue, ni pudo ser, y es todo.

Nada que ver con aquella tontada de novela de Bret Easton Ellis, a la que jamás encontré gracia alguna. Uno por uno, menos que cero. Cuando era pequeño, en aquella Barcelona sin los apabullantes colores de hoy, me gustaba el fútbol. Era del Barça. Pero no sólo era del Barça. También era del Espanyol, del Valencia, del Zaragoza, del Valladolid. Y no sólo eso, sentía simpatía por el Atlético de Madrid, el Bilbao, el Sevilla y el Celta de Vigo. Fui creciendo, qué remedio. Y poco a poco fui eliminando equipos para quedarme únicamente con el Barça.

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25 jun. 2014

Relato corto Fuera de mi jardín

Un relato muy corto, titulado Fuera de mi jardín. Tiene un puntito de tanteo hacia lugares y significados inexplorados.

 FUERA DE MI JARDÍN

Tengo el frigorífico lleno a rebosar de cervezas frías y mi esposa ha comprado cordero, entraña y hamburguesas. La barbacoa de atrás está lista, con un montón de leña pequeña bien apilada.
El hombre abre la puerta de su casa y mira al jardín.
Incluso ayer vinieron unas mujeres a limpiar el garaje, por si los hombres nos queremos escapar un rato de la fiesta y tirar unos dardos.
Pasea por el jardín, conforme con la ordenada disposición de todo. Echa un vistazo a su nuevo todoterreno, bien visible al lado de la entrada de la parcela. Se agacha y pasa la palma de la mano por encima del césped recién cortado. Arruga la nariz, aunque está satisfecho con los preparativos para la fiesta. Sale hasta la calle sin ver acercarse a nadie. Mira a lo lejos, la calle es una suave ola de cemento a lado y lado de la cual se alinean cientos de casas simétricas con jardín. Su casa está elevada, justo en el punto más elevado de una colina.
El hombre da media vuelta. Entra en la vivienda, decide esperar a los invitados detrás de las cristaleras. Transcurren unos minutos en los que no pasa nada. Y en una esquina de la parcela aparecen tres mequetrefes que miran a ver si hay alguien. Llevan un balón de fútbol. Rápidamente trazan entre dos arbustos la línea de gol y empiezan a chutar una bimba de cuero viejo y costuras abiertas. Tiran y se mueven sobre el césped sin apenas hacer ruido, como si fueran cazadores furtivos. El hombre sale apresurado.
¡Niños asquerosos! ¡Sodomitas! ¡Fuera de aquí, este es mi jardín! ¡Fuera de mi jardín!
El hombre observa la huída despavorida. Olvidan el balón, que parece una estatua posmoderna sobre el césped perfecto. Lleno de ira, el propietario chuta la pelota para alejarla de ahí con tal mala fortuna que el esférico impacta contra la luna del todoterreno, dejando un beso de polvo dividido en hexagonales. Corre para comprobar que no ha roto el vidrio. A la vez, la pelota empieza a rodar con velocidad por la pendiente de asfalto. Rápido, les dice un pájaro a los niños que corren calle abajo. Lanzados, los niños empiezan a perseguirla, el hombre espera a los invitados, el cuero se marcha transformándose en un sueño inalcanzable, las unifamiliares se replican en silencio unas a otras hasta llegar a un horizonte brumoso que parece disolver el mediodía.


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La fotografía que acompaña el texto es obra de la artista Marina Molares (http://www.marinamolares.com/), una obra muy, muy interesante.

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21 jun. 2014

Soldado en un helicóptero

Soldado en un helicóptero

Soy el soldado que enviasteis a Afganistán
y que empezó a cansarse
el día que atropellé a una niña
desde la oscuridad de mi blindado
y que pensó en su hogar
el día en que acribillamos
desde esa seguridad del muy lejos
los viejos de una aldea de barro
que se parecía tanto a otra de barro.
También maté enemigos. Hombres armados.
Hasta que un día tropezamos con una mina.
Y cuando, sangrante y despedazado,
me subieron al helicóptero
iba yo pensando en cómo puede
ser el cielo tan frío y tan azul
y en si esos enemigos
eran enemigos o simplemente
gente que vivía allí.

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8 jun. 2014

El ruido de los cabarets

Puede no entusiasmarte un edificio y en cambio enamorarte de uno de sus balcones. Así me pasa con este poema de Paul Verlaine (1844-1896), amante de Rimbaud, escrito hace mucho tiempo y que en cambio parece escrito ayer en cualquier barrio antiguo de cualquier ciudad.

El ruido de los cabarets, el fango de la acera,
los plátanos mustios deshojándose en la negrura,
el ómnibus, huracán de chatarra y barro,
que rechina, mal asentado entre sus cuatro ruedas,
y gira sus ojos verdes y rojos lentamente,
los obreros que van al club, fumando
su pequeña pipa en la nariz de los policías,
tejados que gotean, muros rezumantes, pavimento que resbala,
asfalto socavado, arroyos que colman alcantarillas,
ésta es mi ruta —con el paraíso al fondo.

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