Primero fue la estupefacción. Lucian Blaga (1895-1961) es un gran poeta y es un poeta diferente. Luego llegó una sospecha: ¿hay un juego en sus versos? ¿Está jugando como lo hace cierta gente muy inteligente o es emoción verdadera lo que emana de sus versos? ¿O son las dos cosas? En cualquier cosa, el fin de este escrito es solo llamar la atención sobre este poeta, filósofo e intelectual rumano de los tiempos del telón de acero que hoy, a un lado y otro de la línea que fue, muchos poderosos parecen añorar. Qué bueno era tener un enemigo. La traducción es de Darío Novaceanu, publicada en la UNAM, potente e inquieta Universidad de México, para mí, todo un referente en poesía española. Para los lectores Allá está mi casa. Más allá es sol y el huerto con colmenas. Vosotros pasáis por el camino, miráis por entre las rejas y esperáis a que os hable. ¿Cómo empezar? Creedme, creedme, se podría hablar sobre cualquier cosa cuanto se quisiera: sobre el destino y sobre la ...
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