7 jul 2024

Por qué avanza la extrema derecha

Ayer estuve en una fiesta en la playa.
Noche estrellada, viento, bombillas de colores y rumba catalana. Y ríos de cerveza.

De ocho parejas de más de cincuenta años solo a una le va mejor que a sus padres.

Estimo que a finales de los noventa nuestro sistema dejó de funcionar bien. Y ahora florecen las rupturas.

Y muchos creemos que a nuestros hijos les va a ir peor.



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29 oct 2022

La Guerra de Ucrania y del Peloponeso

Los ricos hacen las guerras y los pobres, los pringados, mueren en ellas. Me imagino la escena, ingleses y franceses en un campo de batalla sin nadie que les ordene o mande. Lo más probable es que la batalla acabara en partido de fútbol, grupos de yoga y cervezas. La horrible Guerra de Ucrania es otra cosa. Las élites norteamericanas quieren coger un trozo de pastel a las élites rusas. La tarta es Ucrania. Este conflicto no es más que eso. Y mueren civiles, pero sobre todo mueren hombres, miles de hombres, en los helados trigales ucranianos. Hay que irse muy atrás en el tiempo para encontrar un conflicto con tanta intensidad y tantísimas bajas. Lo malo de las guerras de las élites (siempre son ellas) es que si duran mucho los pringados se cansan. Y en la mayoría de pseudo democracias en Europa los mandados, los don nadie, tiene aún derecho a voto. Como diría aquel hombre que no acaba sus sagas, el invierno se acerca. El frío invita a leer en la cama. A salvo del mundo. 
Leo con angustia Historia de las Guerras del Peloponeso, de ese gran historiador, miembro de la clase alta ateniense y comandante militar llamado Tucídides. Veo con angustia como, quizá la mejor civilización que ha dado la especie humana, o al menos la más interesante, va derecha a la aniquilación. Con paso firme hacia la destrucción. No hay vuelta atrás. Los griegos han decidido desparecer y para ello se hacen la guerra los unos a los otros. ¿Conocéis lo que es llamado como la Trampa de Tucídides? Da igual el calentamiento global, las hambrunas, la destrucción sistemática de las especies animales, la injusticia. Da igual. Cuando una potencia emergente reta a la potencia dominante, ambas se encaminan por la vía directa hacia la destrucción. Para lo que vendrá, el epicentro tiene un nombre. Taiwán. 
Qué bien vivir frente al Mediterráneo, en el sur de Europa. Lejos. Construcción y destrucción. ¿Es este nuestro ciclo natural?



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6 ago 2022

Santa Cena

Este es el poema que abre mi nuevo libro, Este cielo y todas estas calles (2022). Es un poema que se sale de la línea del libro, en apariencia. Aunque, íntimamente, sí está vinculado. Este cielo y todas estas calles es mi primer libro de poesía que funciona como un todo, a diferencia de los anteriores.

Santa Cena 

 

Copas sobre el polvo de la larga mesa.

Cientos de copas hacia la oscuridad.

Bordeo la mesa

                             levanto una y escucho.

Un verano. Una piscina de camping

                      entre pinos. Ese niño que corre.

 

Son tantas que no alcanzo la multitud.

Al azar levanto otra,

                                      la dejo

levanto otra y otra. Para nada

recordaba tu flequillo rubio y la azul

                                  viveza de tus ojos.        Sigo

hacia atrás enfermo y sorprendido.

 

Buscaba algo en la Santa Cena.

Si Jesús no aparece nada me dirá.

Levanto algunas copas más y

a su círculo exacto las devuelvo.

 

Me voy dando cuenta. Sobre la mesa,

en el vacío de cada copa hueca

están todos y todo está.

 

Respuestas como ecos en una escalera.

Es mejor correr, cerrar esta puerta. Correr.





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21 nov 2021

John Fante - Pregúntale al polvo

Es malo anticiparse decenas de años. Eso le pasó al amigo John Fante a principios del siglo pasado. Escribió una novela propia de finales años sesenta en 1939, anticipándose al realismo sucio. Bukowski lo supo ver y, de algún modo, recicló la narrativa de John Fante añadiéndolo gramos de suciedad.




La novela Pregúntale al polvo tiene un argumento simple. Un puñado de supervivientes de la vida en los años treinta en Los Ángeles. El libro tiene fallos, incluso momentos demasiado repetitivos. Todo esto lo menciono por una razón. El libro, también, tiene páginas de pura literatura. Intensidad, sentimiento, arte.  Incluso algún día leía unas pocas páginas por la conmoción que la lectura me provocaba. Eso va muy caro. Al acabar la novela de Fante empecé un libro de hoy, un best-seller. Llegué al segundo capítulo. Un libro con el alma de una tabla Excel. Es lo que hay, de Johns Fantes hay pocos.

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7 jun 2021

Mi vecino Totoro

Mi vecino Totoro es un hombre muy mayor. Vive casi encima de mi patio, en la finca de enfrente. Tiene manchas en la cara y el cuerpo flácido. Su mujer, que no sé cómo se llama, no para de hacer cosas todo el día. Ella es todo vigor y está formada por un amasijo de alambrada aplastado debajo de su piel. Mi vecino Totoro pasa largas horas sentado en una silla con la mirada de los 2.000 metros. A veces me observa, ese hombre que se mueve como un mono. Es que también me hago mayor y debo estirar el cuerpo para retrasar la atrofia. Mi vecino Totoro es del Real Madrid. Su hijo, que es como un enorme oso que ha dejado las abejas del mundo sin miel y sin salmones el río más grande de Alaska, a veces viene y también es del Real Madrid. Le gusta hablar de fútbol y de comer. Miran partidos antiguos en canal Real Madrid Televisión a máximo volumen. Cuando Zidane era bueno. Y cuando Martín Vázquez anticipaba el fútbol con futuro. Reviven un pasado mejorado. Cuando creían vivir de otra  manera y ser unos que en realidad nunca fueron. Aprendo algo de política gracias a mi vecino Totoro. Cuando sale por la tele Puigdemont o Jonqueres, Totoro se sobrecalienta y grita "¡A obedecer, a obedecer!". Pienso en hablarle algún día, ya que hace años que nos vemos. Quizá lo añada en contactos en Facebook o Twitter. O lo busque en Google. Lo he dado por muerto hasta tres veces. Largas estancias en los hospitales. La tele muda. Silencios en el interior de esta pequeña isla de vecinos. Totoro tiene el don de la longevidad. Vuelve a aparecer en el balcón, tosiendo mucho. Luego, se recupera y desaparece la tos. Llegan las golondrinas. Totoro abre un libro en el balcón. Su mujer a veces aparece para desparecer en el interior, pues una casa da muchos quehaceres. Esta mañana mi vecino Totoro mira un partido del Real Madrid femenino. Su mujer le ha espetado: ¿para qué queremos esa igualdad, para qué?. Totoro ha sido escueto, apago la tele. En el verano del principio del adiós a la pandemia, mi vecino Totoro esperará sentado en el balcón. Con al Eurocopa del 2021 le saldrán un par de hojas verdes. Espero que cuando el frío nos devuelva la visita mi vecino Totoro esté muy fuerte.

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12 may 2021

Se acerca El día después

Supongo que antes de que el calor se retire de nuevo, este amigo poco amable pero muy sociable, el coronavirus, estará maniatado. Esto si la variante india del mismo lo permite. Entonces llegará El día después.

Nos despertaremos en una nueva rerere-normalidad. Vaya, que ni idea. No sabré si abrazar o no o si recordaré el sentido del tacto. Empezarán a retirarse ayudas, los empresarios podrán despedir y incluso hacer concursos de acreedores. Europa se dará cuenta que apenas ha tenido fuerza real con el tema vacunas, España sin turistas deberá preguntarse cómo llenar el buche, en Latinoamérica querrán saber si alguien los ayudó, y las personas corrientes, que por cierto somos la inmensa mayoría, nos lanzaremos con furia a la piscina de la vida, del presente sin más. Vale. Normal. ¿Y luego... ? 

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16 feb 2021

Pablo no seas malo

Al salir de clase mi hija se ha encontrado contenedores incendiados y todo el jaleo. Son las protestas por la detención de Pablo, que ha sido malo. Pues sí, el rapero Pablo Hásel ha sido detenido y llevado a prisión. Por rapear. De verdad. Por rapear, en este caso contra la Corona. Hay que repensarlo todo.

Todo esto habla muy mal del estamento judicial, que forma parte de la élite ibérica. Gente de otro mundo, gente que proviene de otra dimensión, como ese fantástico pedrolo o nave, Oumuamua, que se paseó por el Sistema Solar llegando de otra casa, una muy lejana.

Siempre he sido crítico conmigo y con las clases bajas y medias españolas. Eso sí, en estas latitudes, la élite española y/o catalana (cuando hay mucha pasta sobre la mesa las ideas se ablandan y acaban los abrazos por llegar) conforman un grupo de calidad ínfima. Además de cortoplacistas, o cegatos para hablar más en plata, y tan egositas que acabarán por hacerse daño, como el país retrasado que todavía somos, son realmente flojos como grupo pensante.

Para salir del próximo lío que viene, que llegará este año, cuando a la economía le quiten la respiración asistida, es necesario reemplazar las élites, pues son un estorbo para salir adelante. Las élites no funcionan, no sirven, no cumplen con su trabajo.

Se ha visto con el coronavirus.  Apenas han dado recompensa a todo el grupo que ha soportado el peso del sacrificio. Sanitarios y funcionarios. Con toda la costa peninsular plagada de hoteles vacíos y a la gente de la Sanidad no les han regalado unas vacaciones de aquellas para quitar el aliento. Apenas nada, aparte de algunas iniciativas acotadas.

Pablo, tú no has sido malo. Tú, que no cantas nada bien, has hecho algo que es la hostia, has hecho que tu mensaje llegue a mucha gente, la gente dormida. Son ellos, los jueces, los de arriba, los que son malos. Pero que muy malos.


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3 may 2020

Poema Urgencias

Urgencias

La pandemia en Ciudad se arrastró
hasta tocar lo más cotidiano.
Nos han encerrado. Madera mojada.
Como si lloviera a cántaros
y no fuéramos capaces de adivinar
cuándo el sol mostrará su hocico
entre la maldad de las nubes.

Las libertades conducidas, en nada.
¡Oh, señor mío! Pongo a sus pies
mis derechos, esta ausencia de rebelión,
a cambio de vagas palabras, una curación.

En los hospitales trabajadores acorazados
con tres milímetros de papel charol
intentan taponar la brecha volcánica,
la muerte borboteando, extasiada en su poder.

En las cabezas de los moradores
de Ciudad estallan consignas sin fin.
¡Son héroes! ¡Héroes! ¡Un aplauso!
Perversa sonrisa de esta satrapía de libertad.

Hacer creer, viejo truco, a la carne de cañón
que son ángeles de la tribu. Muertos,
pulmones mutilados con aliento de ruiseñor,
a fin de que el desastre no desborde el desastre.

Mañana Ciudad no llorará a los que no están.
Serán dejados en las cunetas del ya-no-importas.
¡Los negocios rugen! ¡La vida es lucha! ¡Esforzaos!

Muchos volveremos a las todavía más precisas
cuadrículas, un poco asustados, todavía más pobres,
en arresto, agradecidos, casi seguros de estar a salvo.


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4 abr 2020

Confinamiento

Confinamiento

Huyo de las paredes del estómago que se cierran sobre mí, puño de la monotonía, para ir al supermercado.

Día glacial de abril, cielo de bolsas de plomo, lluvia y viento de alta mar azotan Ciudad, tan vacía que los pocos que habitan las calles son faros lejanos, son, en el horizonte de un cruce, tótems aturdidos caídos de las estrellas.

Sí, casi todos vivos y sanos, olvidados por el azar que gobierna el aliento de la pandemia. Quizás hasta que este arcano dios de la destrucción llame hoy o el año que viene a nuestra puerta. Volver al medievo sin la humildad de antaño. Cangrejos de río que han reculado hasta la oscuridad de las rocas, algo ha agitado con violencia el suave discurrir del río, y que apenas asoman las pértigas para saber cuándo se extinguirá el peligro.

En los hospitales, úteros de cristal para la vida, los sanitarios luchan con mareas de enfermos, que por los pasillos se desbordan. Sanitarios como sorprendidos soldados, con escasa munición, abandonados en su posición entre los estallidos de primera línea sin entender muy bien de qué lado llegan los disparos.

Frente al parque, camino del extraordinario hecho de ir al supermercado, dos policías me observan, ahora que su espectro somos todos los ciudadanos. Tras mi coartada en forma de carro, me siento llevar por la nueva música, trinos de pájaros y el viento, el crujir del mundo, mientras me sobresalta, a pie de parque, la furia puntiaguda con que la retama estira la mano. Delicada luz amarilla, tesón inacabable de la Tierra, la que con soberbia nos creemos capaz de rajar para construir sobre su barriga abierta un matadero de especies. Flor de retama que me avisas, ¿quién se atreve a apagar el fuego de la primavera?

El miedo ha hecho de Ciudad un ser ausente. Mi libertad a cambio de una grieta entre las rocas. Este es el ecosistema. Mis derechos por una paz y una salud que son aleatorias. Si enfermo alguien decidirá tratamiento o morir aislado como un perro con rabia.

Navego entre los canales mal abastecidos del supermercado atento a que ninguna góndola se acerque demasiado. No queda cerveza, sí han devuelto el papel de váter. Veo sin verlo como el sistema de poder se desmorona, adiós estados, como, cuando salgamos, ¡niños al patio!, en estampida, la posguerra sacará la cabeza entre los estantes y el mundo, hay que romper algo, una botella de champán como adagio, el mundo será de nuevo bautizado.

De nuevo la pobreza, no poder proveer. Tanta ha sido la voracidad mezquina de nuestras élites, los que figuran, tanta ha sido la blanda estupidez de los demás, nosotros, vencidos por la pereza. Los sometidos a crédito. Cuando despertemos de este sueño amaneceremos en otro, con otro nombre.

De los amigos de Europa poco se sabe. Europa, que ha muerto más de tres veces. Poco se puede esperar de una Unión de grandes mercaderes. A la hora de la verdad no hay ayuda sin sangre a cambio. La ceguera de un país, el de todos, que olvidó hacer la casa fuerte a cambio de deuda, más deuda para ser un ahogado en aguas calientes.

Vuelvo a casa sometido a las últimas caricias del general invierno. Las calles tienen los mismos nombres, las fachadas idénticas. Asumo de un trago que eso no es cierto, que la modulación de la época ha cambiado. Serán otras las canciones, otras las voces. Por las calles hay perros atados a estatuas, los que fuimos antes de la pandemia. Cualquiera puede caer en cualquier momento y eso, como un desconocido que llama sin ser invitado, hace que el dios del caos, ¿Loki, Cuervo?, mezcle la baraja y dé nuevas cartas. No echaré de menos el mundo antiguo, este capitalismo desvirtuado. Se vació la sanidad pública para que unos pocos hicieran más, más, más dinero con la privada. Sociedades como la nuestra que anteponen el dinero a las personas. A las personas hasta que hacen falta, claro, como los sanitarios, policías, personal de residencias y militares, lanzados a los leones sin escudo ni lanza.

Una vez en casa llamo a mi madre. Miro los mensajes de familia y amigos. ¿Todos bien?, todos bien. Espío, como quien no quiere la cosa, la salud de las damas con las que comparto la vida a diario. Respiro. Un día más que es una victoria en este macabro juego de a quien no le toca, gana. No echaré de menos este mundo que se resquebraja y en silencio se cae a trozos. Un mundo de pocos. Un universo fallido.


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