Sobre libros, poemas, versos y relatos

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20 ene 2016

Micro relato cerebral

Sufrió un terrible accidente de coche. Conmoción cerebral, dijeron los médicos. No reconoció a su mujer al despertar, pero eso no le preocupó mucho porque encontró que aquella desconocida tenía una gracia. Sí olvidó su número de teléfono y las contraseñas del gmail, Facebook y whatsapp. Aunque intentó empezar de nuevo, su agenda y su red social eran un campo de casillas vacías. Poco a poco fue quedándose aislado, vagabundo en las redes, hasta caer en la más absoluta soledad.



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1 feb 2015

Relato Corredor de fondo

Muchos domingos salgo a correr. Es un buen complemento para el judo, mi deporte, que es un mezcla de técnica y explosión. Correr me agota. Pero a veces tiene sus recompensas. Llegas a sentirte como un rebeco que, ligero, remonta el cerro. Aunque, siendo realista, la mayor parte de las veces me siento como un viejo jabalí que resopla, cansado, trotando por el asfalto de Barcelona, soñando que corre por un bello bosque.

by Igor

Corredor de fondo

«Correr, correr. Sé que unos kilómetros atrás me desplazaba en círculos por la vasta amplitud del altiplano, esta losa helada sin principio ni fin en la que el cielo pesa más que la tierra. Una vez y otra. Esto era antes, antes de que las piernas fueran dos alfileres de puro dolor. La tierra ocre, replegada y ondulada como un mar estático de matorrales que esconden conejos burlones. El pecho dice basta. Hace rato que focalizo la mirada en este sendero de arenas aplastadas. Me concentro en el túnel. Este camino que se retuerce y serpentea. No doy para más. Oigo jadeos regulares, todavía no hay nadie delante. Si levanto la cabeza de la pista, voy a parar, voy a parar y tumbarme en el barro o sobre los hierbajos secos a ver si pasa alguna nubecilla blanca impulsada por este maldito viento racheado que me está matando. Tiemblo y corro. Quedan aún unos buenos centenares de metros. No puedo sostener el ritmo, imposible, voy demasiado alto.
Es como si el mundo se hubiera reducido a esta visión estrecha que oscila, borrosa por la zancada. Los gemelos son dos piedras que tiran hacia abajo, las rodillas crujen como cáscaras y todo el aire que me falta. No oigo, vibro demasiado, los pulmones… Una sombra mariposea delante, una silueta sobre la pista. No sé qué es. Desaparece un instante y vuelve a recortarse, negra, un poco más allá. Se difumina y, tras un picado, gana nitidez. Parece un azor. Juega, ondea y bascula a los lados como mi vieja cometa. Sigo la sombra, la sigo con el corazón. Una ráfaga de viento la hace dudar, se sobrepone, se eleva, se aleja. Oigo unos vítores. Alguien me abraza, me felicitan. Gritos en el frío. Miro hacia arriba, busco en el cielo límpido. He llegado a la meta, repleta de gente que grita, que anima.  Poco a poco van desapareciendo, el público se volatiza a medida que me acerco a casa. Oigo voces que me llaman aunque sé que no hay nadie. Voy andando, extenuado, ya he llegado al pueblo. Es pronto y las calles todavía están vacías.  Por fin entro en casa, me ducho. Al salir me tumbo en la cama bocarriba, mirando el techo blanco. Cierro los ojos, buscando un reposo. Lo único que veo ahí arriba es la sombra de un azor, sobrevolando el árido altiplano sin fin de esta tierra».

 


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10 ene 2015

Señora Maite

Comprimida en el pequeño balcón, ve los hombres de la calle pasar pensando en los hombres de antaño, aquellos hombres que abrían y sostenían las puertas para dejar pasar a las damas. Hay mucho jaleo en la calle porque son las fiestas del barrio.
Escucha, sin mirar, el correteo de la casa, a sus espaldas. Hoy, tras el silencio de tantos años, vuelve a tener el piso lleno de familiares. Discuten y toman medidas. Está cansada. No sabe si quedarse un poco más o volver al cementerio donde esa misma mañana la han enterrado.


I.K en este templado enero de 2015

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22 dic 2014

Los libros en Google Play también

Hace muy poco publiqué el manojo de libros que he escrito en la plataforma de ebooks de Google Play. Fue una buena idea. Veo que en Google Play la gente enseguida los lee y rápidamente los puntúa, deja una pequeña reseña, un comentario, o le da al botón de +1 de Google. Pues eso, dejo la lista de los libros de relatos, de poesía y la pequeña saga de fantasía de Vamurta con los enlaces por si alguien se los quiere descargar y leerlos en formatos de ebooks: Smartphones y tablets (Android y Apple incluidos), navegadores web, lector de libros electrónicos compatible con la plataforma de eBooks de Adobe, entre ellos, Barnes & Noble Nook y Readers de Sony, etc.

Creo que parte del éxito de esta plataforma de libros electrónicos se debe a la inmediatez. Se busca y encuentra rápido, de descarga sin problemas y se lee (me temo que sobretodo en teléfonos) en un pim-pam-pum. He mirado las estadísticas de las descargas. Muy curioso. Donde la gente compra más mis libros es en México y en USA, con diferencia. También en Colombia, Argentina y España. ¿Las razones? No tengo ni idea.



37 RELATOS PARA LEER CUANDO ESTÉS MUERTO
He aquí los 37 Relatos para leer cuando estés muerto. ¿Estás listo? Son historias cortas divertidas, dramáticas, fantásticas y algunas envueltas en celofanes de niebla. Mezcla de relatos fantásticos, de terror, humor, realistas y alguno de ciencia-ficción. Además de los 37 relatos (vale, son algunos más) incluyo los cuentos de Antigua Vamurta, que enriquecen este mundo extraño y fascinante.

LIBRO DE POEMAS 3,14
Un libro de poesías de amor, son poemas testimoniales, reflexiones sobre los rincones de este mundo, sobre las relaciones humanas y sobre el tiempo. Libro de poemas en descarga gratuita.




ANTIGUA VAMURTA SAGA COMPLETA
La historia de Antigua Vamurta nos adentra en un mundo antiguo y fantástico. Un lago de literatura fantástica. Vamurta es un libro de fantasía épica atípico, con corazón de novela histórica. Antigua Vamurta se divide en dos libros reunidos en Saga Completa.



GUERRAS DE ANTIGUA VAMURTA-1
Es la versión de Antigua Vamurta dividida en seis partes, las cuatro primeras para descargar gratis. Vamurta es una novela fantástica, de aventuras, una historia épica en un mundo imaginado.




GUERRAS DE ANTIGUA VAMURTA-2
Es la versión de Antigua Vamurta dividida en seis partes, las cuatro primeras para bajar gratis.





POEMES 4 PATIS
Llibre de poemes en català. Versos de l'esperança, versos d'amor i poemes al vent. El llibre de poesies de 4 Patis és gratuït.







Ah, evidente, otra razón del éxito es la capacidad de llegar al enorme y propio público de Google y la delicada cuestión de los formatos.  Los libros de Google son compatible con todo excepto con los dispositivos de lectura de Kindle de Amazon. Con los demás sí. Solo acabar recordando que los libros que tengo en Google Play también están disponibles en las otras plataformas de ebooks: Amazon, Barnes & Noble, Smashwords, la plataforma de Appel, etc. En fin, buenas Navidades, buenas lecturas y un poco, aunque sea un reflejo, una ilusión o un momento, de paz.



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17 nov 2014

Mircorelato Desahuciado

Fuente: lamentable.org

Orden judicial en mano, y con un representante de Bankia al lado, los mossos d’esquadra subieron las escaleras hasta llegar al tercer piso de aquella vivienda de Nou Barris. Los fueron sacando a todos con prisas y sin tiempo para cortesías, dejándolos en la calle, observados por los jubilados que iban congregándose. El niño no paraba de gesticular, señalando su antiguo hogar. Empezó a gritar. Gritó tanto que un sargento avisó al padre: «o el niño se calla o os venís con nosotros, detenidos».  El niño estaba indignado. No le habían dado tiempo de recoger su cuaderno de matemáticas, con los deberes hechos para el día siguiente.

Inspirado en el Arte de la disculpa, un texto que encontré en un libro de texto de mi hija.

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10 oct 2014

El Universo

Publico un nuevo relato corto e inédito por si apetece una tapa de literatura novedosa y basada en los ingredientes de siempre, los tradicionales, los que siempre se mezclan. ¿De qué va el relato? Del universo.


El Universo


«esperando a que asomara y se arrastrara afuera
primero sus antenas ondulantes como pajas de heno»
Egar Lee Masters
Spoon River

Con unos amigos habíamos alquilado una casa rural de esas donde la mayor parte del tiempo se invierte en preparar una comida tras otra. Llegada la mañana del domingo hicimos una excursión al río. Fue en primavera, una cualquiera, rutilante, esplendorosa. La naturaleza prepara los frutos para la ofrenda de invierno. Llegamos al río. Grandes rocas pulidas que fueron movidas por gigantes de otras eras estrangulaban el curso de agua limpia hasta llegar a un salto que a sus pies creaba una poza que replicaba con esmero el color del cielo. Luego el riachuelo seguía su curso en llano, entre grupos de cañas altas que como guardianes lo custodiaban. Como la profundidad era poca decidimos seguir adelante desde el interior del río. Saltamos adentro. Los niños, entre asustados y excitados, reían al observar las nubes de barro que levantaban sus pies bajo el agua. Hasta que uno gritó. Un ser extraño, la viva fisonomía de un alienígena. Se había movido hacia atrás a una velocidad de vértigo. Habían más, habían muchos. El cauce, tranquilo en aquel tramo, era una colonia de cangrejos de río, rojo brillante si la luz se reflejaba en sus caparazones de grueso esmalte. Nuestras pisadas provocaban que los cangrejos se propulsaran hacia atrás como si estuvieran montando un cohete de vuelo corto. Avanzábamos y los saltos subacuáticos se repetían dejando bajo el agua estelas de fango en suspensión. Éramos los kraken mitológicos, los seres inimaginables de otra esfera que invadíamos sus dominios. Algo que, cuando nos marcháramos, no entenderían. Aquel tramo de río moría en otra pequeña cascada. Y ese espacio, entre salto y salto, justo ese espacio y nada más, en el que asomaban unos inalcanzables abedules de hoja lejana, en el que a veces los rayos del sol barrían los secretos del fondo del cauce ancho de corriente mansa sobre el que volaba una solitaria golondrina o se posaba, durante el suspiro de una eternidad, una libélula larvada con vidrio nervudo de catedral, donde en alguna ocasión asomaba el zorro para lamer el agua, todo aquello y sus cuatro estaciones con lluvia, niebla y días soleados, el corto tramo de río entre saltos, para la discreta colonia de cangrejos todo aquello era el completo, perfecto, inconmovible y entero universo, que nosotros nos disponíamos a abandonar en tres o cuatro pequeños saltos.



Igor Kutuzov, octubre de 2014.





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17 sept 2014

Relato Negro El Estanco

El único relato de género negro que he escrito, que yo sepa. Está englobado en el libro 37 Relatos para leer cuando estés muerto, que ya hace tiempo que ha sido ampliado y vuelto a ampliar con los nuevos relatos y así continuaré haciéndolo con el tiempo. A este paso, dentro de unos años, al 37 le tendré que añadir un cero. El libro está disponible como ebook y se puede bajar en Amazon/es y Smashwords.



EL ESTANCO

«El otro día, pasando por aquel corto paseo que enlaza Gran de Gràcia con la calle de los Concebidos, vi un cartel. «Se traspasa». Era un pequeño estanco soleado cuya puerta parecía una boca negra en la fachada color crema. Algo en mí se inquietó, como una laguna sacudida por un pedrusco. Esa puerta se quedó en mi cabeza. Imaginé el estanco en su jornada diaria. Entraría gente tranquila pidiendo un paquete de Lucky. Otros serían de los siempre con prisas, de esos que están fumando antes de abrir el paquete de Malboro. Los jóvenes pasarían adentro, indecisos y tímidos, para comprar tabaco de liar. El estanco tendría una estantería preciosa con el producto expuesto; bien ordenado, todo siempre igual y en el mismo sitio. Como un quirófano. Las viejas vendrían a por caramelos y tarjetas de transporte. Algunas, pocas, con la boquita pintada, buscarían con ojillos de pajarillo un mentolado. Un mentolado que les traería recuerdos de los años de bailes y susurros en la oreja. Aunque mis clientes preferidos, sin duda, serían esos viejos sin tiempo que miran como si todo les diera igual. Que miran como si el mundo entero fuera ya el comedor de su casa. Esos que fuman puros. Tuerzo por la calle Montseny. Estrecha, húmeda. Una calle que huele a pueblo. No hay demasiada gente a esta hora, pasado el mediodía. Por la tarde sí hay gente, con los currantes que van para casa, las madres arrastrando a los críos. Usaría camisas bien planchadas. De algodón, con rayitas azules estrechas sobre tela blanca. Sereno. Diría «gracias y buenos días» cuando se marcharan. Sería… mi estado sería un oasis, un remanso de paz. A primera hora haces de luz oblicuos cruzarían el local. El sol cayendo sobre el barroco juego de niveles de la gran estantería que tendría a mis espaldas. Saludaría a uno de los clientes para girarme después, dándole la espalda, buscando la cajetilla que hubiera pedido. El mueble sería de colores claros: un beige, un gris humo, quizá un ocre aguado. Un anaquel con molduras de madera por supuesto, rematado con volutas. Una auténtica joya. Falta poco, giro y bajo y vuelvo a bajar. Me cruzo con unos mocosos jugando a la pelota que no miran nada, ¡joder con los niñatos! El suelo de porcelana, bien barrido, sí señor. El aire olería a madera y del techo blanco colgarían las aspas de un ventilador, para los días de verano. Entro en la plaça del Diamant, ahí está la farmacia. Están a punto de cerrar. Por poco. Pues un ventilador, para que los habituales no se asaran. Que se pudieran quedar a charlar un rato de eso y de aquello. Me palpo el bolsillo y saco la media. Corro un poco, veo la mujer que se mueve en el mostrador. Tiene un rostro amable, beatífico. Me llevo la mano a la axila. La mujer grita, entro rápido. Desenfundo. Es el noveno en lo que va de año. Con tres más seguro que me llega para el traspaso.
—Señora, no se mueva, coño —digo. ¿Quién se va a mover con un revólver del 38 sobre la sien?—. Vacíe la caja y no haga cosas raras. ¡Qué no haga cosas raras!»



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7 sept 2014

La profesora de conducir

Recuerdo mi profesora de conducir. Tenía el cuerpo achaparrado y era bajita. Algo chepada. El pelo negro, áspero, corto y mal cortado. Una Quasimoda barcelonesa. La cabeza pequeña de facciones estrujadas como si temiera la luz del sol. Era fea y mayor. Tan fea que incluso el día en que la conocí me sorprendí un poco. Era buena profesora. Exigente en el punto justo, seria pero no severa. Vestía sin gracia como un hombre. Sabía enseñar, incluso ser paciente con un alumno disléxico (“Gire a la izquierda. ¡Contradirección!, ¡he dicho izquierda!”) y poco interesado en el arte del volante como yo. Con el tiempo entramos en el indefinido territorio de las confidencias. Sabía contar cuentos con un tono de voz monocorde y desprovista de artificios. Me contó que tuvo un novio que le duró dos domingos de barbacoas y que entre semana no hacía nada. Eso sí, en la tarde-noche del sábado llegaba el momento de gloria, el breve éxtasis que le permitía sobrevivir semana tras semana. Se citaba con otras dos amigas e iban al bingo. Se tomaban unos cubatas y compraban un cartón tras otro. Bueno, de hecho me contó que se tomaba seis o siete cubatas. Incluso algún domingo por la tarde pudiera ser que se acercara a algún bingo de Barcelona a pasar dos o tres horas, antes de que la noche se cerrara para siempre pues nunca han existido dos noches iguales. Han pasado más de dos décadas desde entonces y todavía alguna vez pienso en ella. ¿Estará muerta con el hígado partido? ¿Seguirá visitando los bingos de hoy, ahora que son templos cerrados del pasado? Y ya no me pregunto por qué salen las almas a la calle y para qué, pues las veo y existen, divagando de un lado a otro de la ciudad, que nunca agota del todo las reservas de vino y otros opios.

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25 jun 2014

Relato corto Fuera de mi jardín

Un relato muy corto, titulado Fuera de mi jardín. Tiene un puntito de tanteo hacia lugares y significados inexplorados.

 FUERA DE MI JARDÍN

Tengo el frigorífico lleno a rebosar de cervezas frías y mi esposa ha comprado cordero, entraña y hamburguesas. La barbacoa de atrás está lista, con un montón de leña pequeña bien apilada.
El hombre abre la puerta de su casa y mira al jardín.
Incluso ayer vinieron unas mujeres a limpiar el garaje, por si los hombres nos queremos escapar un rato de la fiesta y tirar unos dardos.
Pasea por el jardín, conforme con la ordenada disposición de todo. Echa un vistazo a su nuevo todoterreno, bien visible al lado de la entrada de la parcela. Se agacha y pasa la palma de la mano por encima del césped recién cortado. Arruga la nariz, aunque está satisfecho con los preparativos para la fiesta. Sale hasta la calle sin ver acercarse a nadie. Mira a lo lejos, la calle es una suave ola de cemento a lado y lado de la cual se alinean cientos de casas simétricas con jardín. Su casa está elevada, justo en el punto más elevado de una colina.
El hombre da media vuelta. Entra en la vivienda, decide esperar a los invitados detrás de las cristaleras. Transcurren unos minutos en los que no pasa nada. Y en una esquina de la parcela aparecen tres mequetrefes que miran a ver si hay alguien. Llevan un balón de fútbol. Rápidamente trazan entre dos arbustos la línea de gol y empiezan a chutar una bimba de cuero viejo y costuras abiertas. Tiran y se mueven sobre el césped sin apenas hacer ruido, como si fueran cazadores furtivos. El hombre sale apresurado.
¡Niños asquerosos! ¡Sodomitas! ¡Fuera de aquí, este es mi jardín! ¡Fuera de mi jardín!
El hombre observa la huída despavorida. Olvidan el balón, que parece una estatua posmoderna sobre el césped perfecto. Lleno de ira, el propietario chuta la pelota para alejarla de ahí con tal mala fortuna que el esférico impacta contra la luna del todoterreno, dejando un beso de polvo dividido en hexagonales. Corre para comprobar que no ha roto el vidrio. A la vez, la pelota empieza a rodar con velocidad por la pendiente de asfalto. Rápido, les dice un pájaro a los niños que corren calle abajo. Lanzados, los niños empiezan a perseguirla, el hombre espera a los invitados, el cuero se marcha transformándose en un sueño inalcanzable, las unifamiliares se replican en silencio unas a otras hasta llegar a un horizonte brumoso que parece disolver el mediodía.


relatos cortos gratis
La fotografía que acompaña el texto es obra de la artista Marina Molares (http://www.marinamolares.com/), una obra muy, muy interesante.

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7 may 2014

Lectures d’Espagne, cuentos traducidos al francés

Hace unas semanas contactó conmigo Céline, una traductora francesa. Estaba interesada en traducir tres cuentos, o más bien, tres microcuentos míos al francés (¡¡¡la lengua de Marcel Proust!!!). Respondí que claro, que encantado de la vida. Pues la iniciativa ya se ha materializado y el libro Lectures d’Espagne ya se puede descargar gratis en PDF o se puede leer gratis online en esta dirección: Calameo Books



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29 mar 2014

Cuento Corto El Diván

Otro cuento corto o microcuento (dónde, la frontera), éste, sobre un tipo cualquiera, con problemas, que acude al médico.


cuentos cortos fantasticos
«—Doctor, últimamente veo arañas en el techo.
—¿El techo es blanco?
—El techo es blanco.
—¿Y la sangre?
—La sangre es roja.
El paciente dejas sus manos cruzadas sobre el estómago, cómodamente tumbado en el diván.
—Doctor, últimamente no estoy bien.
—¿Situación familiar?
—Tres hijos que no veo, divorciado. Mi madre todavía vive.
—Y el trabajo, ¿cómo va?
—Gano la mitad que hace cuatro años, hace seis meses que no paso la pensión a mi ex.
—Y mis honorarios, ¿los podrá pagar?
—Bueno, verá, ahora mismo…, verá, en dos o tres días… No, se lo ruego, no se desvanezca, ¡todavía no! Espere, aún puedo ver su rostro y las manos, doctor, espere, un momento…, las arañas en el techo, ¿qué voy a hacer con ellas?, espere…»
cuentos surrealistas


                         I.K, domingo ventoso de finales de marzo, principios de abril de 2014. Barcelona, ciudad mediterránea, barrio, Baix Guinardó, donde nunca ocurre nada y las terrazas se llenan de solitarios enfrentados a un vaso de cerveza y los supers de ancianas que se mueven como tuneladoras de metro, pero, ¡un momento!, en la simétrica Eixample tampoco nunca ocurre nada, ¡ah!, esperen, todavía veo sus rostros, ¡no!, no se vayan todavía, esto no ha hecho más que empezar, ¿cómo?, ¿que no quieren pagar entrada para el espectáculo? Y que le digo yo a la mujer barbuda, al enano recalcitrante, al hombre bala y al elefante tristón y soñador que no calla, al payaso que bebe a escondidas colonias del más allá. ¡Esperen, un momento! ¡Los de Endesa han amenazado con cortar la luz del circo! ¿Qué les voy a decir a todos? ¿Con qué promesas los voy a engañar?


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15 sept 2013

Relato Finales de Agosto Principios de Septiembre


Aquí os dejo el relato libre Finales de Agosto Principios de Septiembre. Si es que es un relato o es pura divagación. El verano se acaba, no así lo que aconteció, hoy, mañana y siempre. Un relato online, para pasar el rato.
relato finales de agosto principios de setiembre

Relato Finales de agosto principios de septiembre


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6 ago 2013

Cuento corto de ciencia ficción El Programa


Un cuento corto de ciencia-ficción. Empiezo a pensar que me fallan los circuitos neuronales. Debe ser el calor. Aprovecho las posibilidades del blog para darle un giro más al cuento, con imágenes y un vídeo corto muy adecuado a esta historieta.
foto igor kutuzov
El Programa. Foto by Igor Kutuzov.



 Cuento Corto El Programa
«—Hola, ¿el servicio de reparaciones?
—Sí señora, ¿en qué podemos ayudarla?
—Mi-mi-mire. Es que tengo un problema grave, mi marido.
—¿En qué podemos ayudarla?

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13 jun 2013

Microrrelato Sexo Saludable

Bueno, un relato corto sobre sexo, sí, eso que forma parte de la vida cotidiana y que, por tanto, forma parte de la realidad. Algo sobre lo que algunos nos cuesta escribir. Bon appétit.

microrelatos follar

«Sigue, ahora sigue, ¡así!», dijo ella. «¡No pares!», aulló. Notó como su espalda se arqueaba como la hoja de una sierra. Los pechos se endurecieron. «Aquí, sigue, más fuerte, ¡Así, no cambies! ¡Más, más!». Ella lanzó la cabeza hacia atrás, la cabellera ondulando en el vacío. Temblaba, parecía a punto de resquebrajarse. Lanzó un último alarido.

Él sonrió, todavía jadeante. Ella se relajó y encendió un pitillo. Pero de pronto lo miró con inusitada dureza, antes de abrir sus labios de cereza para decir:
«Y no vuelvas a hablarme ni de tus hijos, ni de tu trabajo, ni de puto jefe.»
I.K, junio 2013


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25 may 2013

Microrelato La Viejecita

Ahí está, como cada mañana, la viejecita del balcón de enfrente barriendo la terraza con una escoba. Deja de barrer y me mira a mí. Esto es sorprendente. ¿Qué hace? Levanta un fusil. Veo un fogonazo.
I.K, hace menos de tres minutos.

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22 may 2013

De políticos y animales. Un cuento de humor terrorífico.


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La política se parece al mundo de Mouseland. Ver a la mujer pájaro, Maria Anubis Fernández de la Vega, constituye un espectáculo en sí mismo. Llega, con ligeros pasos de flamíngo, a la rueda de prensa del gobierno que el viento se llevó. Antes de tomar asiento, la vice me maravilla con sus ropajes almodovarianos. ¡Pero hombre! Que la movida madrileña hace 30 años que finiquitó, ¡qué hace, señora! Imagino los combates de boxeo con los asesores desesperados de imagen. Tensión, sudoración, largas esperas para verla así. Luego, va y se planta ante los micrófonos como lo haría una grácil gacela frente a una hoja tierna. Y habla. Habla pero yo no escucho su rumba jesuítica.

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26 ene 2013

Relato Corto La botella mágica


Un relato o cuento corto basado en estos días grises. Un sorbo de la botella mágica fue suficiente. Una gota que colma el vaso. En esta botella no hay diablos, como en las de Stevenson. Ahí va el microcuento.

cuentos cortos

 La Botella Mágica

Hacía horas que no se movía, clavado en la única silla del comedor, desde que Silvia había dado el portazo. El último portazo. Con la llegada de la noche consiguió moverse y arrastrarse por el piso, casi vacío, hasta la cocina para beber un poco de agua. Mañana sería el día. Llegarían los del juzgado y lo echarían a la puta calle. Recordó la botella que le regalaron. La encontró debajo de la pica, ilustre entre los productos de limpieza.
Un sorbo fue suficiente. El sabor a barrica vieja del ron que hacía siglos que no probaba lo catapultó, en la oscuridad, hacia aquel lejano pico, pelado como la cabeza de un buitre, que los tres amigos habían coronado hacía más de veinte años. De improviso, alguien había sacado una petaca. Brindaron acompañados por la ventisca. «¡Por no rendirse jamás!», habían gritado. ¿Qué sería de Juan y Eduardo? ¿Cuánto tiempo hacía que no los veía? Otro sorbo. Levantó la cabeza. Bien podría abrir aquella imprenta que hacía tanto que soñaba. Y también podría currar el fin de semana para ganar algo más de la pasta que tanto necesitaba, volver al barrio, que hacía miles de años que no pisaba, arreglar el piso de su hermana, si le dejaba vivir con ella, hasta llamar a Juan y Eduardo para tomar unas cañas, y… Sintió el deseo de bajar a la calle para cruzar la ciudad entera, ¡saltar por encima de la noche! ¡Golpear el mundo, zarandearlo! De pronto, se dio cuenta de que le faltaban horas.

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26 oct 2012

Cuento de terror El Taxi


La verdad es que El Taxi tiene más de cuento fantástico que de cuento de terror. Y también es cierto que me noté extraño en distancias tan cortas, máximo de 150 palabras para un microrelato de terror. En fin, ahí llega El Taxi.


El Taxi

Al 147 de Cartagena, dije. Era un taxi de noche con pantalla antibalas. El taxista apenas giró la cabeza. Al menos este era callado. Me relajé contemplando la ciudad dormida, las luces que quedaban atrás, los últimos transeúntes tragados por la noche. Me fijé en que apenas frenábamos, como si el taxi se deslizara. Subimos por una gran avenida salpicada por los destellos de neón donde los semáforos se abrían para nosotros, como si por un instante la ciudad estuviera a nuestros pies. ¡Eh!, pero adónde va. El tipo se había salido de ruta. ¿Me oyes? El taxi aceleró a todo trapo. Golpeé el cristal. ¡Párese! ¡Qué pares, cabrón! Tomó una calle sin nombre y empezó a subir la oscura ladera de una montaña, hacia el único caserón de la cima, en el que tras las ventanas se intuían unos invitados que al vernos se agitaron, excitados.

Autor: El feoderati Igor Kutuzov y las personas que se pasan por aquí haciendo tan valiosas aportaciones y comentarios. Un microrelato de varios autores, pues.

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8 jun 2012

37 Relatos, Trenes Veloces

El primero de los 37 Relatos para leer cuando estés muerto o montado en un tren fantasma en un viaje hacia el infierno. En realidad no son 37, son unos cuantos más. Los relatos se pueden descargar para ipads, android, iphones, ebooks, etc. Ahí va este microcuento.

37 relatos para leer cuando estés muerto
Portada de los 37 Relatos de IK
1
Trenes veloces

En el pueblo volví a oír tu nombre. Tras tanto. Que habías vuelto de la capital. Tú que eras el listo y el guapo del pueblo. Que no se te reconocía, que volviste como una encina calcinada. No sé si recordarás las tardes de verano en la laguna, cuando salíamos del agua y nos tumbábamos sobre la arena ardiente a esperar la noche como si nada existiera. Me contaron de ti y te soñé. Porque no pude imaginarte. No, tras verte partir hacia Madrid como uno de esos trenes que cruzan veloces la llanura. Uno de esos trenes que olvidan la astilla del campanario del pueblo entre la infinitud de los campos amarillos.
Y por eso, al verte pasar esta mañana, con una sonrisa brillante, pregunté sobre ti. Me han dicho que vives en la cabaña del lago, que cazas pajarillos, que tu huerto es un vergel y que has aprendido a hablar con las abejas. ¿Vuelves a ser aquel que fuiste? Qué vistes, qué no supiste hacer. Lo que te pasó. Te veo, otra vez, bajo la cúpula de estrellas, dejando pasar las noches. Quizá debería acercarme al lago para darme un baño, otra vez.




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20 abr 2012

Relato de una mujer, Sí me acuerdo

relatos mujeres

Uno de los relatos de la antología 37 Relatos para leer cuando estés muerto, de monsieur Igor Kutuzov, un servidor. ¿Un relato breve de parejas, de ese cambiante y complicado paralelogramo hombre-mujer? ¿Acaso es una historia de amor o desamor? Bien, como Roma città apperta, este relato de mujer admite varias lecturas e interpretaciones.De los 37 Relatos de IK, a modo de avance, subiré un par más en las próximas semanas: un relato muy breve y luego otro. En cualquier caso, espero que los disfruten.

 
Sí me acuerdo

Con Jerges y Artemisa asidos a mis manos, entro en el parque. En verano no se puede ir antes de las siete por el calor, pero esta tarde de sábado, con Manel en el hospital cuidando a su madre y estos dos piojos inaguantables, he acabado por salir antes de casa.
El parque rodeado de una valla de madera de un metro de alto. Con una especie de castillo en el centro y un tobogán rojo oxidado. Un poco más allá, un columpio para dos. Al fondo, varios bancos alineados para que descansen los padres. Jerges sale pitando y Artemisa, tras dudar, lo sigue sin saber todavía cuál va a ser el juego. El parque está casi vacío. Hay un tipo sentado en uno de los bancos, escondido tras un periódico, y un niño muy pequeño expectante, en una de las cestas del columpio que hace rato ha dejado de balancearse. La brisa que llega del mar es una sopa de fideos ardiente. Los peques suben a la torre de madera y suspiro aliviada. Por fin han dejado de atosigarme y eso que por la mañana hemos ido a la piscina. Estos no se cansan con nada.
El tipo sentado en el banco ha bajado el diario y me está mirando como si acabara de ver una soga colgando del techo de su cocina. Se levanta, viene hacia donde estoy. Dios.
—¿No te acuerdas de mí? —dice. Parece haberse recuperado de la sorpresa y ahora sonríe con una gota de malicia en la comisura de los labios—. ¿Recuerdas cómo me llamo?
Estoy tan descolocada que me he quedado en blanco. Cuando me quedo en blanco no hay nada que hacer. No recordaré su nombre.
—Claro que me acuerdo de ti.
—Pues a ver, Dolores. ¿Cómo me llamo?
Está jugando. Igual que hacía hace años. Le gusta jugar.
—Lo siento…Se me ha ido.
—Entonces, ¿no te acuerdas de mí?
Lo veo. Lo dice con la expresión satisfecha de un jugador de póquer que ha ganado otra mano. Igual que antes. Su hijo sigue quieto en el columpio, embobado. Sudo, por el calor y por los nervios. La tela del sujetador se adhiere a mis pechos. Lo observo detenidamente. No ha cambiado tanto. Los labios gruesos y cuadrados. La geometría de su nariz romana. Los ojos verdes, grandes y caídos, como si echara de menos algo que nunca encontró, que nunca encontré.
—Sí me acuerdo —digo—. Cómo me abrazabas y me hacías reír. La última cerveza nos la tomábamos detrás de capitanía. El ritual. Cuando nos conocimos. Me llevabas en esa vespa 75, blanca, que no frenaba nada, por las Ramblas, al salir el sol. No te gustaban mis medias rotas ni el pelo corto de punta, ¿eh?, ni esas botas de bruja que tenía. A lo mejor por eso el día que me presentaste a tus amigos decías que era una colega y en ningún momento me tocaste. Ni tan siquiera me cogiste la mano. Por eso, al volver de marcha, follábamos en el portal de tu casa, porque te daba vergüenza que tu mamá nos pillara. Tendrías que haberme presentado. Un tipo como tú, que iba a comerse el mundo. ¿Y el día aquel que me soltaste porque al otro lado de la calle viste a uno que hacía el máster contigo? —Tomo aire. Aire caliente que me quema el gaznate—. ¿Para qué esas llamadas tres años después? Y todas esas cartas. ¿Qué hacías esperando debajo de casa?
El periódico que lleva se ha convertido en un tubo de papel retorcido. Saca al niño del columpio. Con su hijo en brazos, antes de marcharse, murmura al pasar «Jaime». Jerges y Artemisa, empapados, se persiguen. Los pequeños dedos asomando en las chanclas, rebozados de arena. Al llegar a casa voy a meterlos en la bañera y los frotaré con esparto, si hace falta. Luego les dejaré ver la tele un rato.


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