Sufrió un terrible accidente de coche. Conmoción cerebral, dijeron los médicos.
No reconoció a su mujer al despertar, pero eso no le preocupó mucho porque
encontró que aquella desconocida tenía una gracia. Sí olvidó su número de
teléfono y las contraseñas del gmail, Facebook y whatsapp. Aunque intentó empezar
de nuevo, su agenda y su red social eran un campo de casillas vacías. Poco a
poco fue quedándose aislado, vagabundo en las redes, hasta caer en la más
absoluta soledad. ■
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos Urbanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos Urbanos. Mostrar todas las entradas
20 ene 2016
1 feb 2015
Relato Corredor de fondo
Muchos domingos salgo a correr. Es un buen complemento para el judo, mi deporte, que es un mezcla de técnica y explosión. Correr me agota. Pero a veces tiene sus recompensas. Llegas a sentirte como un rebeco que, ligero, remonta el cerro. Aunque, siendo realista, la mayor parte de las veces me siento como un viejo jabalí que resopla, cansado, trotando por el asfalto de Barcelona, soñando que corre por un bello bosque.
| by Igor |
Corredor de fondo
«Correr, correr. Sé que unos kilómetros atrás me desplazaba en círculos por
la vasta amplitud del altiplano, esta losa helada sin principio ni fin en la
que el cielo pesa más que la tierra. Una vez y otra. Esto era antes, antes de
que las piernas fueran dos alfileres de puro dolor. La tierra ocre, replegada y
ondulada como un mar estático de matorrales que esconden conejos burlones. El
pecho dice basta. Hace rato que focalizo la mirada en este sendero de arenas
aplastadas. Me concentro en el túnel. Este camino que se retuerce y serpentea.
No doy para más. Oigo jadeos regulares, todavía no hay nadie delante. Si
levanto la cabeza de la pista, voy a parar, voy a parar y tumbarme en el barro
o sobre los hierbajos secos a ver si pasa alguna nubecilla blanca impulsada por
este maldito viento racheado que me está matando. Tiemblo y corro. Quedan aún
unos buenos centenares de metros. No puedo sostener el ritmo, imposible, voy
demasiado alto.
Es como si el mundo se hubiera reducido a esta visión estrecha que oscila,
borrosa por la zancada. Los gemelos son dos piedras que tiran hacia abajo, las
rodillas crujen como cáscaras y todo el aire que me falta. No oigo, vibro
demasiado, los pulmones… Una sombra mariposea delante, una silueta sobre la
pista. No sé qué es. Desaparece un instante y vuelve a recortarse, negra, un
poco más allá. Se difumina y, tras un picado, gana nitidez. Parece un azor.
Juega, ondea y bascula a los lados como mi vieja cometa. Sigo la sombra, la
sigo con el corazón. Una ráfaga de viento la hace dudar, se sobrepone, se
eleva, se aleja. Oigo unos vítores. Alguien me abraza, me felicitan. Gritos en
el frío. Miro hacia arriba, busco en el cielo límpido. He llegado a la meta,
repleta de gente que grita, que anima.
Poco a poco van desapareciendo, el público se volatiza a medida que me
acerco a casa. Oigo voces que me llaman aunque sé que no hay nadie. Voy
andando, extenuado, ya he llegado al pueblo. Es pronto y las calles todavía
están vacías. Por fin entro en casa, me
ducho. Al salir me tumbo en la cama bocarriba, mirando el techo blanco. Cierro
los ojos, buscando un reposo. Lo único que veo ahí arriba es la sombra de un
azor, sobrevolando el árido altiplano sin fin de esta tierra».
Relato Corredor de fondo
10 ene 2015
Señora Maite
Comprimida
en el pequeño balcón, ve los hombres de la calle pasar pensando en los hombres
de antaño, aquellos hombres que abrían y sostenían las puertas para dejar pasar
a las damas. Hay mucho jaleo en la calle porque son las fiestas del barrio.
Escucha,
sin mirar, el correteo de la casa, a sus espaldas. Hoy, tras el silencio de
tantos años, vuelve a tener el piso lleno de familiares. Discuten y toman
medidas. Está cansada. No sabe si quedarse un poco más o volver al cementerio
donde esa misma mañana la han enterrado.
I.K en este templado enero de 2015
Señora Maite
22 dic 2014
Los libros en Google Play también
Hace muy poco publiqué el manojo de libros que he escrito en la plataforma de ebooks de Google Play. Fue una buena idea. Veo que en Google Play la gente enseguida los lee y rápidamente los puntúa, deja una pequeña reseña, un comentario, o le da al botón de +1 de Google. Pues eso, dejo la lista de los libros de relatos, de poesía y la pequeña saga de fantasía de Vamurta con los enlaces por si alguien se los quiere descargar y leerlos en formatos de ebooks: Smartphones y tablets (Android y Apple incluidos), navegadores web, lector de libros electrónicos compatible con la plataforma de eBooks de Adobe, entre ellos, Barnes & Noble Nook y Readers de Sony, etc.
Creo que parte del éxito de esta plataforma de libros electrónicos se debe a la inmediatez. Se busca y encuentra rápido, de descarga sin problemas y se lee (me temo que sobretodo en teléfonos) en un pim-pam-pum. He mirado las estadísticas de las descargas. Muy curioso. Donde la gente compra más mis libros es en México y en USA, con diferencia. También en Colombia, Argentina y España. ¿Las razones? No tengo ni idea.
37 RELATOS PARA LEER CUANDO ESTÉS MUERTO
He aquí los 37 Relatos para leer cuando estés muerto. ¿Estás listo?
Son historias cortas divertidas, dramáticas, fantásticas y algunas envueltas en
celofanes de niebla. Mezcla de relatos fantásticos, de terror, humor, realistas
y alguno de ciencia-ficción. Además de los 37 relatos (vale, son algunos más)
incluyo los cuentos de Antigua Vamurta, que enriquecen este mundo extraño y
fascinante.
ENLACE: 37 relatos en Google Play
LIBRO DE POEMAS 3,14
Un libro de poesías de amor, son poemas testimoniales, reflexiones
sobre los rincones de este mundo, sobre las relaciones humanas y sobre el
tiempo. Libro de poemas en descarga gratuita.
ENLACE: Poemas 3,14 en Google Play
ANTIGUA VAMURTA SAGA COMPLETA
La historia de Antigua Vamurta nos adentra en un mundo antiguo y
fantástico. Un lago de literatura fantástica. Vamurta es un libro de fantasía
épica atípico, con corazón de novela histórica. Antigua Vamurta se divide en
dos libros reunidos en Saga Completa.
ENLACE: Saga Vamurta en Google Play
GUERRAS DE ANTIGUA VAMURTA-1
Es la versión de Antigua Vamurta dividida en seis
partes, las cuatro primeras para descargar gratis. Vamurta es una novela
fantástica, de aventuras, una historia épica en un mundo imaginado.
GUERRAS DE ANTIGUA VAMURTA-2
Es la versión de Antigua Vamurta dividida en seis
partes, las cuatro primeras para bajar gratis.
POEMES 4 PATIS
Llibre de poemes en català. Versos de l'esperança, versos d'amor i
poemes al vent. El llibre de poesies de 4 Patis és gratuït.
ENLACE: Poemes 4 Patis a Google Play
Ah, evidente, otra razón del éxito es la capacidad
de llegar al enorme y propio público de Google y la delicada cuestión de los
formatos. Los libros de Google son
compatible con todo excepto con los dispositivos de lectura de Kindle de
Amazon. Con los demás sí. Solo acabar recordando que los libros que tengo en
Google Play también están disponibles en las otras plataformas de ebooks:
Amazon, Barnes & Noble, Smashwords, la
plataforma de Appel, etc. En fin, buenas Navidades, buenas lecturas y un
poco, aunque sea un reflejo, una ilusión o un momento, de paz.
Los libros en Google Play también
17 nov 2014
Mircorelato Desahuciado
![]() |
| Fuente: lamentable.org |
Orden judicial en mano, y
con un representante de Bankia al lado, los mossos d’esquadra subieron las
escaleras hasta llegar al tercer piso de aquella vivienda de Nou Barris. Los
fueron sacando a todos con prisas y sin tiempo para cortesías, dejándolos en la
calle, observados por los jubilados que iban congregándose. El niño no paraba de gesticular, señalando su
antiguo hogar. Empezó a gritar. Gritó tanto que un sargento avisó al padre: «o el niño se calla o os venís con nosotros, detenidos». El niño estaba indignado. No le habían dado
tiempo de recoger su cuaderno de matemáticas, con los deberes hechos para el
día siguiente.
Inspirado en el Arte de la
disculpa, un texto que encontré en un libro de texto de mi hija.
Mircorelato Desahuciado
10 oct 2014
El Universo
Publico un nuevo relato corto e inédito por si apetece una tapa de literatura novedosa y basada en los ingredientes de siempre, los tradicionales, los que siempre se mezclan. ¿De qué va el relato? Del universo.
El
Universo
«esperando a que asomara y se
arrastrara afuera
primero sus antenas ondulantes
como pajas de heno»
Egar Lee Masters
Spoon River
Con unos amigos
habíamos alquilado una casa rural de esas donde la mayor parte del tiempo se
invierte en preparar una comida tras otra. Llegada la mañana del domingo
hicimos una excursión al río. Fue en primavera, una cualquiera, rutilante,
esplendorosa. La naturaleza prepara los frutos para la ofrenda de invierno.
Llegamos al río. Grandes rocas pulidas que fueron movidas por gigantes de otras
eras estrangulaban el curso de agua limpia hasta llegar a un salto que a sus
pies creaba una poza que replicaba con esmero el color del cielo. Luego el
riachuelo seguía su curso en llano, entre grupos de cañas altas que como
guardianes lo custodiaban. Como la profundidad era poca decidimos seguir
adelante desde el interior del río. Saltamos adentro. Los niños, entre
asustados y excitados, reían al observar las nubes de barro que levantaban sus
pies bajo el agua. Hasta que uno gritó. Un ser extraño, la viva fisonomía de un
alienígena. Se había movido hacia atrás a una velocidad de vértigo. Habían más,
habían muchos. El cauce, tranquilo en aquel tramo, era una colonia de cangrejos
de río, rojo brillante si la luz se reflejaba en sus caparazones de grueso
esmalte. Nuestras pisadas provocaban que los cangrejos se propulsaran hacia
atrás como si estuvieran montando un cohete de vuelo corto. Avanzábamos y los
saltos subacuáticos se repetían dejando bajo el agua estelas de fango en
suspensión. Éramos los kraken mitológicos, los seres inimaginables de otra
esfera que invadíamos sus dominios. Algo que, cuando nos marcháramos, no
entenderían. Aquel tramo de río moría en otra pequeña cascada. Y ese espacio,
entre salto y salto, justo ese espacio y nada más, en el que asomaban unos
inalcanzables abedules de hoja lejana, en el que a veces los rayos del sol
barrían los secretos del fondo del cauce ancho de corriente mansa sobre el que
volaba una solitaria golondrina o se posaba, durante el suspiro de una
eternidad, una libélula larvada con vidrio nervudo de catedral, donde en alguna
ocasión asomaba el zorro para lamer el agua, todo aquello y sus cuatro
estaciones con lluvia, niebla y días soleados, el corto tramo de río entre
saltos, para la discreta colonia de cangrejos todo aquello era el completo,
perfecto, inconmovible y entero universo, que nosotros nos disponíamos a
abandonar en tres o cuatro pequeños saltos.
Igor Kutuzov, octubre de 2014.
El Universo
17 sept 2014
Relato Negro El Estanco
El único relato de género negro que he escrito, que yo sepa. Está englobado en el libro 37 Relatos para leer cuando estés muerto, que ya hace tiempo que ha sido ampliado y vuelto a ampliar con los nuevos relatos y así continuaré haciéndolo con el tiempo. A este paso, dentro de unos años, al 37 le tendré que añadir un cero. El libro está disponible como ebook y se puede bajar en Amazon/es y Smashwords.
EL ESTANCO
«El otro día, pasando por aquel corto paseo que enlaza Gran de Gràcia con
la calle de los Concebidos, vi un cartel. «Se traspasa». Era un pequeño estanco
soleado cuya puerta parecía una boca negra en la fachada color crema. Algo en
mí se inquietó, como una laguna sacudida por un pedrusco. Esa puerta se quedó
en mi cabeza. Imaginé el estanco en su jornada diaria. Entraría gente tranquila
pidiendo un paquete de Lucky. Otros serían de los siempre con prisas, de esos
que están fumando antes de abrir el paquete de Malboro. Los jóvenes pasarían
adentro, indecisos y tímidos, para comprar tabaco de liar. El estanco tendría
una estantería preciosa con el producto expuesto; bien ordenado, todo siempre
igual y en el mismo sitio. Como un quirófano. Las viejas vendrían a por
caramelos y tarjetas de transporte. Algunas, pocas, con la boquita pintada,
buscarían con ojillos de pajarillo un mentolado. Un mentolado que les traería
recuerdos de los años de bailes y susurros en la oreja. Aunque mis clientes
preferidos, sin duda, serían esos viejos sin tiempo que miran como si todo les
diera igual. Que miran como si el mundo entero fuera ya el comedor de su casa.
Esos que fuman puros. Tuerzo por la calle Montseny. Estrecha, húmeda. Una calle
que huele a pueblo. No hay demasiada gente a esta hora, pasado el mediodía. Por
la tarde sí hay gente, con los currantes que van para casa, las madres arrastrando a los
críos. Usaría camisas bien planchadas. De algodón, con rayitas azules estrechas
sobre tela blanca. Sereno. Diría «gracias y buenos días» cuando se marcharan.
Sería… mi estado sería un oasis, un remanso de paz. A primera hora haces de luz
oblicuos cruzarían el local. El sol cayendo sobre el barroco juego de niveles
de la gran estantería que tendría a mis espaldas. Saludaría a uno de los
clientes para girarme después, dándole la espalda, buscando la cajetilla que
hubiera pedido. El mueble sería de colores claros: un beige, un gris humo,
quizá un ocre aguado. Un anaquel con molduras de madera por supuesto, rematado
con volutas. Una auténtica joya. Falta poco, giro y bajo y vuelvo a bajar. Me
cruzo con unos mocosos jugando a la pelota que no miran nada, ¡joder con los
niñatos! El suelo de porcelana, bien barrido, sí señor. El aire olería a madera
y del techo blanco colgarían las aspas de un ventilador, para los días de
verano. Entro en la plaça del Diamant, ahí está la farmacia. Están a punto de
cerrar. Por poco. Pues un ventilador, para que los habituales no se asaran. Que
se pudieran quedar a charlar un rato de eso y de aquello. Me palpo el bolsillo
y saco la media. Corro un poco, veo la mujer que se mueve en el mostrador.
Tiene un rostro amable, beatífico. Me llevo la mano a la axila. La mujer grita,
entro rápido. Desenfundo. Es el noveno en lo que va de año. Con tres más seguro
que me llega para el traspaso.
—Señora, no se mueva, coño —digo. ¿Quién se va a mover con un revólver
del 38 sobre la sien?—. Vacíe la caja y no haga cosas raras. ¡Qué no haga cosas
raras!»
Relato Negro El Estanco
7 sept 2014
La profesora de conducir
Recuerdo mi profesora de conducir. Tenía el cuerpo
achaparrado y era bajita. Algo chepada. El pelo negro, áspero, corto y mal
cortado. Una Quasimoda barcelonesa. La cabeza pequeña de facciones estrujadas
como si temiera la luz del sol. Era fea y mayor. Tan fea que incluso el día en
que la conocí me sorprendí un poco. Era buena profesora. Exigente en el punto
justo, seria pero no severa. Vestía sin gracia como un hombre. Sabía enseñar,
incluso ser paciente con un alumno disléxico (“Gire a la izquierda. ¡Contradirección!,
¡he dicho izquierda!”) y poco interesado en el arte del volante como yo. Con el
tiempo entramos en el indefinido territorio de las confidencias. Sabía contar
cuentos con un tono de voz monocorde y desprovista de artificios. Me contó que
tuvo un novio que le duró dos domingos de barbacoas y que entre semana no hacía
nada. Eso sí, en la tarde-noche del sábado llegaba el momento de gloria, el
breve éxtasis que le permitía sobrevivir semana tras semana. Se citaba con
otras dos amigas e iban al bingo. Se tomaban unos cubatas y compraban un cartón
tras otro. Bueno, de hecho me contó que se tomaba seis o siete cubatas. Incluso
algún domingo por la tarde pudiera ser que se acercara a algún bingo de
Barcelona a pasar dos o tres horas, antes de que la noche se cerrara para
siempre pues nunca han existido dos noches iguales. Han pasado más de dos
décadas desde entonces y todavía alguna vez pienso en ella. ¿Estará muerta con
el hígado partido? ¿Seguirá visitando los bingos de hoy, ahora que son templos
cerrados del pasado? Y ya no me pregunto por qué salen las almas a la calle y
para qué, pues las veo y existen, divagando de un lado a otro de la ciudad, que
nunca agota del todo las reservas de vino y otros opios.
La profesora de conducir
25 jun 2014
Relato corto Fuera de mi jardín
Un relato muy corto, titulado Fuera de mi jardín. Tiene un puntito de tanteo hacia lugares y significados inexplorados.
FUERA DE MI JARDÍN
Tengo el frigorífico lleno a rebosar de cervezas frías y mi
esposa ha comprado cordero, entraña y hamburguesas. La barbacoa de atrás está
lista, con un montón de leña pequeña bien apilada.
El hombre abre la puerta de su
casa y mira al jardín.
Incluso ayer vinieron unas mujeres a limpiar el garaje, por si
los hombres nos queremos escapar un rato de la fiesta y tirar unos dardos.
Pasea por el jardín, conforme
con la ordenada disposición de todo. Echa un vistazo a su nuevo todoterreno,
bien visible al lado de la entrada de la parcela. Se agacha y pasa la palma de
la mano por encima del césped recién cortado. Arruga la nariz, aunque está
satisfecho con los preparativos para la fiesta. Sale hasta la calle sin ver
acercarse a nadie. Mira a lo lejos, la calle es una suave ola de cemento a lado
y lado de la cual se alinean cientos de casas simétricas con jardín. Su casa
está elevada, justo en el punto más elevado de una colina.
El hombre da media vuelta.
Entra en la vivienda, decide esperar a los invitados detrás de las cristaleras.
Transcurren unos minutos en los que no pasa nada. Y en una esquina de la
parcela aparecen tres mequetrefes que miran a ver si hay alguien. Llevan un
balón de fútbol. Rápidamente trazan entre dos arbustos la línea de gol y empiezan
a chutar una bimba de cuero viejo y costuras abiertas. Tiran y se mueven sobre
el césped sin apenas hacer ruido, como si fueran cazadores furtivos. El hombre
sale apresurado.
¡Niños asquerosos! ¡Sodomitas! ¡Fuera de aquí, este es mi
jardín! ¡Fuera de mi jardín!
El hombre observa la huída
despavorida. Olvidan el balón, que parece una estatua posmoderna sobre el
césped perfecto. Lleno de ira, el propietario chuta la pelota para alejarla de
ahí con tal mala fortuna que el esférico impacta contra la luna del todoterreno,
dejando un beso de polvo dividido en hexagonales. Corre para comprobar que no
ha roto el vidrio. A la vez, la pelota empieza a rodar con velocidad por la
pendiente de asfalto. Rápido, les
dice un pájaro a los niños que corren calle abajo. Lanzados, los niños empiezan
a perseguirla, el hombre espera a los invitados, el cuero se marcha
transformándose en un sueño inalcanzable, las unifamiliares se replican en
silencio unas a otras hasta llegar a un horizonte brumoso que parece disolver
el mediodía.
La fotografía que acompaña el texto es obra de la artista Marina Molares (http://www.marinamolares.com/), una obra muy, muy interesante.
Relato corto Fuera de mi jardín
7 may 2014
Lectures d’Espagne, cuentos traducidos al francés
Hace unas semanas contactó conmigo Céline, una traductora francesa. Estaba interesada en traducir tres cuentos, o más bien, tres microcuentos míos al francés (¡¡¡la lengua de Marcel Proust!!!). Respondí que claro, que encantado de la vida. Pues la iniciativa ya se ha materializado y el libro Lectures d’Espagne ya se puede descargar gratis en PDF o se puede leer gratis online en esta dirección: Calameo Books
Lectures d’Espagne, cuentos traducidos al francés
29 mar 2014
Cuento Corto El Diván
Otro cuento corto o microcuento (dónde, la frontera), éste, sobre un tipo cualquiera, con problemas, que acude al médico.
«—Doctor, últimamente veo
arañas en el techo.
—¿El techo es blanco?
—El techo es blanco.
—¿Y la sangre?
—La sangre es roja.
El paciente dejas sus
manos cruzadas sobre el estómago, cómodamente tumbado en el diván.
—Doctor, últimamente no
estoy bien.
—¿Situación familiar?
—Tres hijos que no veo,
divorciado. Mi madre todavía vive.
—Y el trabajo, ¿cómo va?
—Gano la mitad que hace cuatro
años, hace seis meses que no paso la pensión a mi ex.
—Y mis honorarios, ¿los
podrá pagar?
—Bueno, verá, ahora
mismo…, verá, en dos o tres días… No, se lo ruego, no se desvanezca, ¡todavía
no! Espere, aún puedo ver su rostro y las manos, doctor, espere, un momento…,
las arañas en el techo, ¿qué voy a hacer con ellas?, espere…»
I.K, domingo ventoso
de finales de marzo, principios de abril de 2014. Barcelona, ciudad mediterránea, barrio, Baix Guinardó, donde nunca
ocurre nada y las terrazas se llenan de solitarios enfrentados a un vaso de
cerveza y los supers de ancianas que se mueven como tuneladoras de metro, pero,
¡un momento!, en la simétrica Eixample tampoco nunca ocurre nada, ¡ah!,
esperen, todavía veo sus rostros, ¡no!, no se vayan todavía, esto no ha hecho
más que empezar, ¿cómo?, ¿que no quieren pagar entrada para el espectáculo? Y
que le digo yo a la mujer barbuda, al enano recalcitrante, al hombre bala y al
elefante tristón y soñador que no calla, al payaso que bebe a escondidas
colonias del más allá. ¡Esperen, un momento! ¡Los de Endesa han amenazado con
cortar la luz del circo! ¿Qué les voy a decir a todos? ¿Con qué promesas los
voy a engañar?
Cuento Corto El Diván
15 sept 2013
Relato Finales de Agosto Principios de Septiembre
Aquí os dejo el relato libre Finales de Agosto Principios de Septiembre. Si es que es un relato o es pura divagación. El verano se acaba, no así lo que aconteció, hoy, mañana y siempre. Un relato online, para pasar el rato.
Relato Finales de agosto principios de septiembre
Relato Finales de Agosto Principios de Septiembre
6 ago 2013
Cuento corto de ciencia ficción El Programa
Un cuento corto de
ciencia-ficción. Empiezo a pensar que me fallan los circuitos neuronales. Debe
ser el calor. Aprovecho las posibilidades del blog para darle un giro más al
cuento, con imágenes y un vídeo corto muy adecuado a esta historieta.
| El Programa. Foto by Igor Kutuzov. |
Cuento Corto El Programa
«—Hola, ¿el servicio de reparaciones?
—Sí señora, ¿en qué
podemos ayudarla?
—Mi-mi-mire. Es que
tengo un problema grave, mi marido.
—¿En qué podemos
ayudarla?
Cuento corto de ciencia ficción El Programa
13 jun 2013
Microrrelato Sexo Saludable
Bueno, un relato corto sobre sexo, sí, eso que forma parte de la vida cotidiana y que, por tanto, forma parte de la realidad. Algo sobre lo que algunos nos cuesta escribir. Bon appétit.
«Sigue, ahora sigue, ¡así!», dijo ella. «¡No pares!», aulló. Notó como su espalda se arqueaba como la hoja de una sierra. Los pechos se endurecieron. «Aquí, sigue, más fuerte, ¡Así, no cambies! ¡Más, más!». Ella lanzó la cabeza hacia atrás, la cabellera ondulando en el vacío. Temblaba, parecía a punto de resquebrajarse. Lanzó un último alarido.Él sonrió, todavía jadeante. Ella se relajó y encendió un pitillo. Pero de pronto lo miró con inusitada dureza, antes de abrir sus labios de cereza para decir:«Y no vuelvas a hablarme ni de tus hijos, ni de tu trabajo, ni de puto jefe.»
I.K, junio 2013
Microrrelato Sexo Saludable
25 may 2013
Microrelato La Viejecita
22 may 2013
De políticos y animales. Un cuento de humor terrorífico.
La política se parece al mundo de Mouseland. Ver a la mujer pájaro, Maria
Anubis Fernández de la Vega, constituye un espectáculo en sí mismo. Llega, con
ligeros pasos de flamíngo, a la rueda de prensa del gobierno que el viento se
llevó. Antes de tomar asiento, la vice me maravilla con sus ropajes
almodovarianos. ¡Pero hombre! Que la movida madrileña hace 30 años que
finiquitó, ¡qué hace, señora! Imagino los combates de boxeo con los asesores
desesperados de imagen. Tensión, sudoración, largas esperas para verla así.
Luego, va y se planta ante los micrófonos como lo haría una grácil gacela
frente a una hoja tierna. Y habla. Habla pero yo no escucho su rumba jesuítica.
De políticos y animales. Un cuento de humor terrorífico.
26 ene 2013
Relato Corto La botella mágica
Un relato o cuento corto basado en estos días grises. Un sorbo de la botella mágica fue suficiente. Una gota que colma el vaso. En esta botella no hay diablos, como en las de Stevenson. Ahí va el microcuento.
La Botella Mágica
Hacía horas que no se movía, clavado en la única silla del comedor,
desde que Silvia había dado el portazo. El último portazo. Con la llegada de la
noche consiguió moverse y arrastrarse por el piso, casi vacío, hasta la cocina
para beber un poco de agua. Mañana sería el día. Llegarían los del juzgado y lo
echarían a la puta calle. Recordó la botella que le regalaron. La encontró
debajo de la pica, ilustre entre los productos de limpieza.
Un sorbo fue suficiente. El sabor a barrica vieja del ron que hacía
siglos que no probaba lo catapultó, en la oscuridad, hacia aquel lejano pico,
pelado como la cabeza de un buitre, que los tres amigos habían coronado hacía
más de veinte años. De improviso, alguien había sacado una petaca. Brindaron
acompañados por la ventisca. «¡Por no
rendirse jamás!», habían gritado. ¿Qué sería de Juan y Eduardo? ¿Cuánto
tiempo hacía que no los veía? Otro sorbo. Levantó la cabeza. Bien podría abrir
aquella imprenta que hacía tanto que soñaba. Y también podría currar el fin de
semana para ganar algo más de la pasta que tanto necesitaba, volver al barrio,
que hacía miles de años que no pisaba, arreglar el piso de su hermana, si le
dejaba vivir con ella, hasta llamar a Juan y Eduardo para tomar unas cañas, y… Sintió
el deseo de bajar a la calle para cruzar la ciudad entera, ¡saltar por encima
de la noche! ¡Golpear el mundo, zarandearlo! De pronto, se dio cuenta de que le
faltaban horas.
Relato Corto La botella mágica
26 oct 2012
Cuento de terror El Taxi
La verdad es que El Taxi tiene más de cuento fantástico
que de cuento de terror. Y también es cierto que me noté extraño en distancias
tan cortas, máximo de 150 palabras para un microrelato de terror. En fin, ahí llega El Taxi.
El Taxi
Al 147 de Cartagena, dije. Era un taxi de noche con pantalla antibalas. El taxista apenas giró la cabeza. Al menos este era callado. Me relajé contemplando la ciudad dormida, las luces que quedaban atrás, los últimos transeúntes tragados por la noche. Me fijé en que apenas frenábamos, como si el taxi se deslizara. Subimos por una gran avenida salpicada por los destellos de neón donde los semáforos se abrían para nosotros, como si por un instante la ciudad estuviera a nuestros pies. ¡Eh!, pero adónde va. El tipo se había salido de ruta. ¿Me oyes? El taxi aceleró a todo trapo. Golpeé el cristal. ¡Párese! ¡Qué pares, cabrón! Tomó una calle sin nombre y empezó a subir la oscura ladera de una montaña, hacia el único caserón de la cima, en el que tras las ventanas se intuían unos invitados que al vernos se agitaron, excitados.
Autor: El feoderati Igor Kutuzov y las personas que se pasan por aquí haciendo tan valiosas aportaciones y comentarios. Un microrelato de varios autores, pues.
Cuento de terror El Taxi
8 jun 2012
37 Relatos, Trenes Veloces
El primero de los 37 Relatos para leer cuando estés muerto o montado en un tren fantasma en un viaje hacia el infierno. En realidad no son 37, son unos cuantos más. Los relatos se pueden descargar para ipads, android, iphones, ebooks, etc. Ahí va este microcuento.
![]() |
| Portada de los 37 Relatos de IK |
1
Trenes
veloces
En el pueblo volví a oír tu nombre. Tras tanto. Que habías
vuelto de la capital. Tú que eras el listo y el guapo del pueblo. Que no se te
reconocía, que volviste como una encina calcinada. No sé si recordarás las
tardes de verano en la laguna, cuando salíamos del agua y nos tumbábamos sobre
la arena ardiente a esperar la noche como si nada existiera. Me contaron de ti
y te soñé. Porque no pude imaginarte. No, tras verte partir hacia Madrid como
uno de esos trenes que cruzan veloces la llanura. Uno de esos trenes que
olvidan la astilla del campanario del pueblo entre la infinitud de los campos
amarillos.
Y por eso, al verte pasar esta mañana, con una sonrisa
brillante, pregunté sobre ti. Me han dicho que vives en la cabaña del lago, que
cazas pajarillos, que tu huerto es un vergel y que has aprendido a hablar con
las abejas. ¿Vuelves a ser aquel que fuiste? Qué vistes, qué no supiste hacer.
Lo que te pasó. Te veo, otra vez, bajo la cúpula de estrellas, dejando pasar
las noches. Quizá debería acercarme al lago para darme un baño, otra vez.
37 Relatos, Trenes Veloces
20 abr 2012
Relato de una mujer, Sí me acuerdo
Uno de los relatos de la antología 37 Relatos para leer cuando estés muerto, de monsieur Igor Kutuzov, un servidor. ¿Un relato breve de parejas, de ese cambiante y complicado paralelogramo hombre-mujer? ¿Acaso es una historia de amor o desamor? Bien, como Roma città apperta, este relato de mujer admite varias lecturas e interpretaciones.De los 37 Relatos de IK, a modo de avance, subiré un par más en las próximas semanas: un relato muy breve y luego otro. En cualquier caso, espero que los disfruten.
Sí me acuerdo
Con Jerges y
Artemisa asidos a mis manos, entro en el parque. En verano no se puede ir antes
de las siete por el calor, pero esta tarde de sábado, con Manel en el hospital
cuidando a su madre y estos dos piojos inaguantables, he acabado por salir
antes de casa.
El parque rodeado
de una valla de madera de un metro de alto. Con una especie de castillo en el
centro y un tobogán rojo oxidado. Un poco más allá, un columpio para dos. Al
fondo, varios bancos alineados para que descansen los padres. Jerges sale
pitando y Artemisa, tras dudar, lo sigue sin saber todavía cuál va a ser el
juego. El parque está casi vacío. Hay un tipo sentado en uno de los bancos,
escondido tras un periódico, y un niño muy pequeño expectante, en una de las
cestas del columpio que hace rato ha dejado de balancearse. La brisa que llega
del mar es una sopa de fideos ardiente. Los peques suben a la torre de madera y
suspiro aliviada. Por fin han dejado de atosigarme y eso que por la mañana
hemos ido a la piscina. Estos no se cansan con nada.
El tipo sentado en
el banco ha bajado el diario y me está mirando como si acabara de ver una soga
colgando del techo de su cocina. Se levanta, viene hacia donde estoy. Dios.
—¿No te acuerdas de
mí? —dice. Parece haberse recuperado de la sorpresa y ahora sonríe con una gota
de malicia en la comisura de los labios—. ¿Recuerdas cómo me llamo?
Estoy tan
descolocada que me he quedado en blanco. Cuando me quedo en blanco no hay nada
que hacer. No recordaré su nombre.
—Claro que me
acuerdo de ti.
—Pues a ver,
Dolores. ¿Cómo me llamo?
Está jugando. Igual
que hacía hace años. Le gusta jugar.
—Lo siento…Se me ha
ido.
—Entonces, ¿no te
acuerdas de mí?
Lo veo. Lo dice con
la expresión satisfecha de un jugador de póquer que ha ganado otra mano. Igual
que antes. Su hijo sigue quieto en el columpio, embobado. Sudo, por el calor y
por los nervios. La tela del sujetador se adhiere a mis pechos. Lo observo
detenidamente. No ha cambiado tanto. Los labios gruesos y cuadrados. La
geometría de su nariz romana. Los ojos verdes, grandes y caídos, como si echara
de menos algo que nunca encontró, que nunca encontré.
—Sí me acuerdo
—digo—. Cómo me abrazabas y me hacías reír. La última cerveza nos la tomábamos
detrás de capitanía. El ritual. Cuando nos conocimos. Me llevabas en esa vespa
75, blanca, que no frenaba nada, por las Ramblas, al salir el sol. No te
gustaban mis medias rotas ni el pelo corto de punta, ¿eh?, ni esas botas de
bruja que tenía. A lo mejor por eso el día que me presentaste a tus amigos
decías que era una colega y en ningún momento me tocaste. Ni tan siquiera me
cogiste la mano. Por eso, al volver de marcha, follábamos en el portal de tu
casa, porque te daba vergüenza que tu mamá nos pillara. Tendrías que haberme
presentado. Un tipo como tú, que iba a comerse el mundo. ¿Y el día aquel que me
soltaste porque al otro lado de la calle viste a uno que hacía el máster
contigo? —Tomo aire. Aire caliente que me quema el gaznate—. ¿Para qué esas
llamadas tres años después? Y todas esas cartas. ¿Qué hacías esperando debajo
de casa?
El periódico que
lleva se ha convertido en un tubo de papel retorcido. Saca al niño del
columpio. Con su hijo en brazos, antes de marcharse, murmura al pasar «Jaime».
Jerges y Artemisa, empapados, se persiguen. Los pequeños dedos asomando en las
chanclas, rebozados de arena. Al llegar a casa voy a meterlos en la bañera y
los frotaré con esparto, si hace falta. Luego les dejaré ver la tele un rato.
Relato de una mujer, Sí me acuerdo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















