Hay momentos en que la vida me divierte. Ayer, mientras en el Parlament de Catalunya debía proclamarse la Declaración de los Anticonceptivos Femeninos o DIU, fui al supermercado. No había nadie. Increíble. Dos viejecitas desubicadas y un servidor en una enorme superficie bladeraniana con potentes luces de neón en el techo y largos pasillos vacíos cargados de comida. Las bodegas de una nave espacial a la deriva en el espacio profundo. Pregunté a la charcutera si los rusos habían iniciado un ataque nuclear y como la charcutera tenía unos años se rió. Ayer, a la hora del DIU, no había ni cristo por las calles de Barcelona. Me imagino diciéndole a mi mujer: Oye cariño, que nos separamos, pero no, pero sí, pero no, pero lo hablamos más tarde. No sé qué diría mi mujer aunque me lo imagino. En cualquier caso el drama se ha evitado por el momento. Creo que en el gran bosque cabemos todos y el bosque pueda darnos refugio a todos. Mi nariz me dice que vamos a un mundo en conflicto, que...
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