Por sobre el alma el aleteo inútil de lo que no fue, ni pudo ser, y es todo. Nada que ver con aquella tontada de novela de Bret Easton Ellis, a la que jamás encontré gracia alguna. Uno por uno, menos que cero. Cuando era pequeño, en aquella Barcelona sin los apabullantes colores de hoy, me gustaba el fútbol. Era del Barça. Pero no sólo era del Barça. También era del Espanyol, del Valencia, del Zaragoza, del Valladolid. Y no sólo eso, sentía simpatía por el Atlético de Madrid, el Bilbao, el Sevilla y el Celta de Vigo. Fui creciendo, qué remedio. Y poco a poco fui eliminando equipos para quedarme únicamente con el Barça.
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