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Mostrando entradas de junio, 2014

Uno por uno… Menos que cero.

Por sobre el alma el aleteo inútil de lo que no fue, ni pudo ser, y es todo. Nada que ver con aquella tontada de novela de Bret Easton Ellis, a la que jamás encontré gracia alguna. Uno por uno, menos que cero. Cuando era pequeño, en aquella Barcelona sin los apabullantes colores de hoy, me gustaba el fútbol. Era del Barça. Pero no sólo era del Barça. También era del Espanyol, del Valencia, del Zaragoza, del Valladolid. Y no sólo eso, sentía simpatía por el Atlético de Madrid, el Bilbao, el Sevilla y el Celta de Vigo. Fui creciendo, qué remedio. Y poco a poco fui eliminando equipos para quedarme únicamente con el Barça.

Relato corto Fuera de mi jardín

Un relato muy corto, titulado Fuera de mi jardín . Tiene un puntito de tanteo hacia lugares y significados inexplorados.  FUERA DE MI JARDÍN Tengo el frigorífico lleno a rebosar de cervezas frías y mi esposa ha comprado cordero, entraña y hamburguesas. La barbacoa de atrás está lista, con un montón de leña pequeña bien apilada. El hombre abre la puerta de su casa y mira al jardín. Incluso ayer vinieron unas mujeres a limpiar el garaje, por si los hombres nos queremos escapar un rato de la fiesta y tirar unos dardos. Pasea por el jardín, conforme con la ordenada disposición de todo. Echa un vistazo a su nuevo todoterreno, bien visible al lado de la entrada de la parcela. Se agacha y pasa la palma de la mano por encima del césped recién cortado. Arruga la nariz, aunque está satisfecho con los preparativos para la fiesta. Sale hasta la calle sin ver acercarse a nadie. Mira a lo lejos, la calle es una suave ola de cemento a lado y lado de la cual se alinean cientos de cas...

Soldado en un helicóptero

Soldado en un helicóptero Soy el soldado que enviasteis a Afganistán y que empezó a cansarse el día que atropellé a una niña desde la oscuridad de mi blindado y que pensó en su hogar el día en que acribillamos desde esa seguridad del muy lejos los viejos de una aldea de barro que se parecía tanto a otra de barro. También maté enemigos. Hombres armados. Hasta que un día tropezamos con una mina. Y cuando, sangrante y despedazado, me subieron al helicóptero iba yo pensando en cómo puede ser el cielo tan frío y tan azul y en si esos enemigos eran enemigos o simplemente gente que vivía allí.

El ruido de los cabarets

Puede no entusiasmarte un edificio y en cambio enamorarte de uno de sus balcones. Así me pasa con este poema de Paul Verlaine (1844-1896), amante de Rimbaud, escrito hace mucho tiempo y que en cambio parece escrito ayer en cualquier barrio antiguo de cualquier ciudad. El ruido de los cabarets, el fango de la acera, los plátanos mustios deshojándose en la negrura, el ómnibus, huracán de chatarra y barro, que rechina, mal asentado entre sus cuatro ruedas, y gira sus ojos verdes y rojos lentamente, los obreros que van al club, fumando su pequeña pipa en la nariz de los policías, tejados que gotean, muros rezumantes, pavimento que resbala, asfalto socavado, arroyos que colman alcantarillas, ésta es mi ruta —con el paraíso al fondo.