Y no va a pasar nada, en realidad. Hubo el atentado de Barcelona. Hubo una gran consternación, muy concreta para mí, pues por allí paseo a menudo. La puerta de atrás sigue abierta de par en par. Debe ser así, para unos pocos. Porque en realidad no nos interesa saber qué ha pasado. Nos contentamos sabiendo que están cazando a los terroristas, unos asesinos a los que han adoctrinado y financiado. Con eso nos vale. De repente llega un wasap. Es una foto de un amigo jugando a tenis. Luego otro wasap. Es una paella. Enciendo la tele. Vuelven a hablar de famosos y futbolistas, que tienen muchos problemas. Los ciudadanos siguen con sus vacaciones, un poco más tranquilos, y los turistas siguen en su pertinaz asedio a la Sagrada Familia. Las calles de Barcelona van volviendo a la normalidad. Los políticos se reúnen. Sus rostros reflejan la gravedad del momento. Hay proclamas. Hay imágenes en televisión. Se suceden los tuits, incluso se crean grandes frases que van repitiéndose e...
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