28 dic. 2009

Avatar, el futuro del cine está aquí.

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Fantasía
Western y cine fantástico
Avatar tiene algo de cine mudo, porque lo único importante parece ser la imagen. Avatar se sostiene por lo visual.

Ayer, domingo, fui a ver Avatar de James Cameron. Quería ir al cine Bosque, porque en el Frankfurt de al lado tiran la mejor cerveza de barril de Barcelona, la Selecta. Primera victoria del camarada Cameron. No habían entradas. En venta anticipada y en primera sesión esto es un hecho excepcional. Tuve que cambiar hasta tres veces de cine. ¡Oh! ¡Gran expectación!

Tras la cola, me zambullí en la sala oscura avisado. Se ha hablado mucho sobre un film que lleva muy poco en cartel. ¿Avatar es un bodrio pseudoecologista o estamos ante un nuevo concepto de cine? Porque no es ningún secreto que el cine atraviesa una grave crisis, la de la sobreabundancia, muy propia de nuestros tiempos.
¿Cómo solucionó Harley Davidson su grave crisis tras la Segunda Guerra Mundial? Sudando gasolina para sacar al mercado nuevos modelos. ¿Cómo competir con las descargas, los videoclubs, las teles gigantes, los canales de pago, los digitales, y los fans de Gran Hermano y Belén Estaban? Haciendo algo nuevo, algo que te obligue a volver a hacer colas en la calle.

No haré mucho análisis de la obra en sí. No es la idea del post. Decir que la trama es la propia de un western de finales de los sesenta, en la que los indios son los buenos, y que los diálogos a veces se caen a trozos. Pero, para mi sorpresa, la película funciona. Aquella selva esmeralda, a veces poética, logra que los sueños vuelvan a fluir entre las cabezas medio recortadas sobre las butacas. Ese es su gran logro.
Gracias a un primoroso, deslumbrante y colosal espectáculo visual, que te hace olvidar el tiempo y el mundo. Hasta te olvidas de ti mismo. ¿Cuántas horas, cuánta gente, cuánto arte habrá hecho falta para lograrlo? Hacía decenios que no me preguntaba, en cine, ¿cómo han hecho esto? Imaginativo, precioso, asombroso Avatar, potenciado por esta tabla de salvación, el 3D.

cine 3D
Una dama distinta
Cameron introduce en su obra algunos mensajitos. Lo dejo en diminutivo porque seguro que este señor tiene en casa aire acondicionado, coche de cilindrada superior a los 1,8 L, y cuando se ducha gasta más agua de la necesaria, lo que no es muy ecologista. 
Personalmente, me hicieron gracia las puñaladas a la anterior administración americana, la era Bush y los neocon, en el papel de los malos malísimos (lo que siempre tranquiliza al respetable), con la repetición de conceptos como “ataque preventivo”, “guerra preventiva”, o “combatir el terror con terror”. La película cuestiona el expansionismo americano, lo que no es moco de pavo, el poder de las multinacionales y el uso indiscriminado del gatillo como medio de resolución de problemas. Como se parecen a los romanos, aunque Obama pretenda ser diplomático.
Y hay un breve homenaje cinematográfico. ¿Adivináis como se llama la operación aerotransportada? Valkiria… Como en esa película en la que también se surfea.

el futuro del cine
¿Qué más? A nivel narrativo, no se inventa nada. Los Na'vi, por ejemplo, son un cruce entre los arapahoes, en las costumbres, y los faunos, por su aspecto físico. Y también me recuerdan a los murrianos de Vamurta. Ante la improbabilidad de que Cameron me haya plagiado, creo que él volvió su mirada a la antigüedad, a esos faunos romanos inspirados por los sátiros griegos. La Antigua Grecia, fuente de fuentes, como lo es la Biblia. 
Y es que Avatar va a ser, durante mucho tiempo, la Biblia para la gente del cine, la hoja de ruta para reflotar un sector ensimismado, para lograr lo que parecía imposible, embelesar a las masas.
El futuro está aquí, y se llama Avatar.

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21 dic. 2009

El Paralelo Lean. Lírica y Épica.

Cine épico clásico


El otro día estaba en mi club de judo con los pies helados. Luchaba en el suelo con un chico de 19 años, un tipo muy rápido y listo. Mientras yo traba de inmovilizarlo y él trataba de estrangularme amablemente, me soltó: “¿cuál es tu peli preferida?”. Ante la falta de aire, no puede dar una respuesta razonada, intelectual. Apenas puede mascullar: “Doctor Zhivago”. Fui sincero, pero, ¿por qué dije eso? ¿Acaso no era “Blade Runner” mi film predilecto?
“Eso es de viejos”, contestó.

No. El Universo de Sir David Lean (1908-1991), no es cosa de viejos, es que no tiene edad ni tiempo.
Él fue el responsable de numerosos títulos de éxito (Oliver Twist, Puente sobre el río Kwai, La Hija de Ryan, Pasaje a la India), pero aquí mencionaré tres de sus obras, que se encuentra entre las mejores de todos los tiempos. Como elemento biográfico, tan sólo apuntar que el hombre que un día sería Sir, comenzó su carrera desde la más absoluta humildad.
Lean, en 1945, rodó “Breve Encuentro”, una narración intimista sobre la elección y en la que me interrogé si en la vida debemos coger o no el tren que pasa por nuestro andén, ya que puede ser el único. “Breve Encuentro”, para muchos, es la más bella historia de amor contada y que, en parte, sus protagonistas me recuerdan a la gente corriente, cercana, de “Los Puentes de Madison”, de Clint Eastwood.

cine epico
Lean, épico, en blanco y negro.
De “Lawrence de Arabia” (1962), diré que es una película mucho más compleja de lo que aparenta ser, y que requiere una lectura atenta para captar todos los hilos y reflexiones que atesora. Que son muchos y algunos oscuros. En cualquier caso, Lawrence de Arabia es una tremenda película de aventuras.
Hay en ella la Gran Historia, la Primera Guerra Mundial en Oriente Próximo, la rebelión de las tribus nómadas, pero debajo de esta epidermis de fuego, muerte y aventuras, transcurren otras muchas cosas, como la tragedia de un hombre que se pregunta, angustiado, quién es y de qué es capaz de hacer. Una película que te enfrenta, también, a la oscuridad, como cuando Peter O’Toole grita, ante la visión del enemigo, “¡sin prisioneros!”.



La soledad del héroe se contrapone al juego de ajedrez de los poderosos, a la frialdad del mundo. Aunque Lawrence descubrirá un espacio donde todo es posible, el desierto. Y será en el desierto donde se econtrará con su otro yo, acaso el verdadero.

A esa edad en la que uno es un niño y cree ser hombre, vi, por primera vez, “Doctor Zhivago” (1965). Bien recuerdo esa luz clara, cargada de esperanza, de muchas escenas. Los ojos asustados de Lara, la dicha de Zhivago en su palacio de hielo o la muerte absurda de los muy jóvenes entre las espigas del trigo que aún no ha acabado de crecer.
La película me causó tal conmoción, tal mezcla de sentimientos que no supe encauzar, que llegué a insultar a Lara, allí, de pie frente al televisor, como un espectador en un campo de fútbol.

Lean, como Kurosawa, sabía bien lo que hacía cuando trataba la épica, la poesía. Zhivago es un héroe moderno, un nuevo Ulises, el hombre del siglo XX que lucha contra un destino que lo sobrepasa. ¿El de los grandes sistemas?





En esa época, finales de los ochenta, también vi la saga de “La Guerra de las Galaxias”, algo formidable, pero hoy, recuerdo con mayor intensidad la balalaika. Esa es la grandeza de Lean, saber conjugar como nadie las pequeñas y las grandes historias, que se enlazan para dejar su rastro en el pasado. Épica y lírica, la historia coral y la intimista. El palpitar de una épica moderna, la razón del ser humano y la belleza de la poesía.

Dicho esto, sólo me queda pedir un espacio, una oportunidad para volver a este paralelo, el de Lean, donde el tiempo no importa.

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20 dic. 2009

Los Vesclanos, Seres Fantásticos (II)

Razas de fantasía. Literatura Fantástica. Razas de Vamurta
Los vesclanos son esencialmente monógamos, aunque entre su aristocracia mercantil se toleran casos de poligamia, en la que una hembra de prestigio puede contar con tres y cuatro maridos. Y es que los vesclanos disfrutan de un sexo único, enormemente placentero para sus mujeres, que por suerte de su raza no resultan atractivas para hombres grises, rojos o sufones. En sus prácticas sexuales, de múltiples y breves encuentros, no existe el concepto de intimidad ni asociaciones morales vinculadas, lo que a veces crea una alta exigencia para los machos, que en casos aislados pueden ser repudiados por sus esposas si éstas alegan disfuncionalidad severa.

A diferencia de sufones y murrianos, y al igual que los hombres, los niños viven con sus padres hasta el “andihomius”, el ritual de paso de la niñez a la edad adulta, en el que los jóvenes juran ante el wasileus de su ciudad obediencia al “Libro de los días”, que dicta las leyes y las costumbres de este pueblo. Tras el juramento, los jóvenes han de permanecer tres lunas en las Cuevas de Arrt, bajo las órdenes de instructores en leyes e instructores militares. A partir de ese momento, los jóvenes pueden iniciar su propia singladura, lejos de sus progenitores.
Los vesclanos son una sociedad de comerciantes extremadamente tradicional y rígida. Se reserva a los machos el derecho de comerciar y vivir lejos de sus asentamientos, y son los viajantes y mercenarios el único canal con el mundo exterior, la única posibilidad de renovación de una comunidad muy estructurada. A las hembras se las reserva el espacio doméstico, el deber de la descendencia y parte del trabajo artesanal y recolector, mientras los vesclanos se dedican a la agricultura, la minería, el trabajo de los metales y la guerra, junto con el gobierno. Aunque esta división es, en parte, aparente.

Arquitectura, Estructura Política y Economía

Al igual que su concepción del mundo, los vesclanos construyen sus pueblos y urbes mirando hacia la tierra, buscando el refugio en ella. Siempre que les es posible, esta raza ha construido ciudades en parte visibles, que ocultan su corazón bajo tierra, ya sea aprovechando y ampliando cuevas naturales, fundando núcleos pegados a altos abrigos rocosos o bajo cortes montañosos. La conquista de una ciudad vesclana es un trabajo para titanes pacientes, ya que rebasados sus altos muros sólo se logra arrancar la piel del enemigo.

Su capital, Dahaee, es un ejemplo de ello. Su majestuosa ágora se halla bajo techo, en el interior de la montaña, cerca de la entrada de la cueva de dónde la ciudad nace, iluminada por la concentración de mayor número de velas de todos los territorios y en las tardes despejadas, por la declinante luz del sol. En la profundidad de la montaña vive más de la mitad de su población, en largas galerías excavadas en roca viva donde no llega el calor del día. Bajo la ciudad visible, rodeada de un doble muro y altos torreones, trabajan los artesanos del hierro y los tejedores, se cuecen bloques de arcilla, se cocina y se vive.
Los accesos a cada uno de los niveles de la ciudad están bloqueados por grandes puertas de acero azul y, en caso de asedio, se liberan las palancas de múltiples trampas, que significan un calvario y enormes pérdidas para aquél que ose tomar por la fuerza Dahaee.

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17 dic. 2009

Los Vesclanos, Seres Fantásticos (I)

Criaturas Fantásticas en un mundo épico
Vida Privada y Creencias

Sin duda, a los vesclanos les gustaría vivir sin más, entre el bosque y el cielo, teniendo como únicos vecinos a los animales salvajes y los espíritus que adoran. Para este pueblo, la llegada de los hombres grises y la progresiva expansión de los territorios sufones, desde el oeste y el noreste, supuso una convulsión social y económica que se alargó durante muchas estaciones, al ver mermado sus recursos y sus tierras.

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Los vesclanos son una de las razas más pacíficas e introvertidas de las presentes en las enormes extensiones de tierra de las Colonias, según la denominación de los hombres grises. De hecho, los vesclanos rara vez han iniciado guerra alguna, incluso en el ámbito privado resulta extraño ver un vesclano iniciar una pelea. La violencia se reserva para la defensa, aunque no existe para este pueblo una exclusión expresa de la vía de las armas y, de hecho, si éstos se consideran engañados o timados, no dudan en afilar sus dagas.
Es, quizás, la falta de ambiciones políticas y territoriales lo que resulta más chocante y singular de esta raza, y al mismo tiempo, lo más apreciado por sus aliados y aquellos que les son próximos. Su fidelidad y sentido del orden son proverbiales en el oeste y en el este, y tener un amigo entre ellos significa tener alguien al que poder recurrir, alguien al que acudir aunque el tiempo haya extendido las zarzas del olvido.

En las creencias de este pueblo, “amendhas”, no hay ni dioses ni santos, y menos aún representación física de los mismos. Su culto se basa en una energía rectora, “Boadhais”, que organiza y hace el mundo posible. Son un pueblo animista, que cree que el Más allá es un tránsito que los devuelve al fuego primigenio de la tierra, que adora a las fuerzas del viento y la tempestad, a lo que respira en la profundidad de las cuevas, que ama los árboles, los bosques y los prados, ya que consideran que al morir, se vuelve al Boadhais, en todas sus formas posibles. De todas las expresiones de la naturaleza, es en el fuego donde los vesclanos ven la condensación, el clímax, del Boadhais, ya que consideran que la energía desprendida por las llamas es pura renovación, un tránsito de un estado a otro.

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En el ámbito familiar, al contrario de lo que ocurre en el ámbito público, los vesclanos son gobernados por sus féminas. Algunos historiadores apuntan a un “matriarcado encubierto”, cuando se refieren a esa sociedad. Es en la intimidad de los salones de sus hogares donde las vesclanas sacan el mal genio por el que son conocidas, mandando en la educación de sus hijos y en las cuentas de la casa. Es tal su poder, que en el proceso de toma de las grandes decisiones de esta raza, se sospecha que muchas son adoptadas desde la alcoba.
Las familias vesclanas acostumbran a ser numerosas, lo que facilita la estructura de clanes, ya que cada hembra puede albergar en su vientre entre diez y doce retoños, aunque muchos mueren durante los tres primeros años de vida por ser los neonatos de muy pequeño tamaño y escasas defensas. En las familias, la abuela es la figura que aglutina al resto de parientes y su defunción es el acto social más notable, por encima de alianzas y matrimonios. Los muertos jamás son enterrados, y se opta por la incineración como último adiós, ya que consideran que la energía de la muerte no desaparece, si no que se transforma.

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15 dic. 2009

Imagen. El cerco se estrecha.

La Épica del Avance Murriano.

tropas
Guerra en la frontera.
     Lanzas bajo un cielo encapotado

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11 dic. 2009

La Epopeya de Dasteo

Relato Heroico

Dasteo Cenrala es uno de los grandes protagonistas de la Segunda y Tercera Parte del primer libro, Antigua Vamurta. Es otro tipo de héroe distinto a Serlan De Enroc, el eje central de esta novela épica, para el que la incertidumbre es apenas una sombra. Dasteo no siente la punzada de la duda. Además, Dasteo inicia su singladura sin un hecho deshonroso que lo torture y le impida velar por aquellos que le son más cercanos.

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Guerrero
Porque Dasteo, como los héroes de la antigüedad, encarna las virtudes de toda una civilización, la de los hombres grises, y él representa el valor, la renuncia y el sacrificio en pos de su comunidad y su modo de vida. Dasteo no tiembla, no tiene fisuras. Dasteo cree en lo que hace y cree en el destino de los hombres grises.

Este personaje surge de la necesidad de dotar de mayor vigor narrativo y dinamismo, a los dos últimos tercios del libro, que básicamente se desarrollan en las Nuevas Tierras y olvida en algo el origen. Así, Dasteo será un anclaje para dar continuidad a las historias que suceden en el lugar de partida de esta narración. Un puente que se cimentará y ganará en profundidad.

Inspirado remotamente en la figura histórica de Epaminondas (general y político tebano del siglo IV a.C), Dasteo es uno de los últimos oficiales de la Falange Roja o Batallón Sagrado, alguien que se verá obligado a partir, en un viaje en el que buscará su lugar en el mundo y respuestas a todas sus preguntas.
A diferencia de las novelas realistas o epopeyas del héroe vulgar, propias del siglo XIX y XX, en esta epopeya no hay lugar ni para el individualismo ni para el materialismo, y sí para los hechos fantásticos.
Seguramente, la mejor definición de Dasteo, fue acuñada por uno de sus enemigos, el comandante de Orcómeno. (Antigua Vamurta, Capítulo XXI):

Bajo las franjas de cabello que cubrían el rostro del comandante, Dasteo vio asomar una sonrisa amarga.
—Pareces un bruto formidable, Dasteo, pero te delatan tus preguntas. Ruego a los arcanos que nos volvamos a encontrar otra vez, en otro tiempo, no el nuestro. Tú, como yo, sueñas con un mundo justo.


los guerreros de vamurta
Epopeyas.

Hoplitas Griegos en acción. Guerras épicas.

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8 dic. 2009

Ermesenda, Condesa de Vamurta.

Libros Género Fantástico

Ermesenda es uno de los pilares de la primera parte de la novela épica Antigua Vamurta. Y creo, un personaje clásico de literatura fantástica o de un libro épico. Ella es el poder personificado, una abeja reina. Aunque en su declive siente y surgen las dudas y, por primera vez, empieza a hacerse preguntas, tal es la dimensión del fiasco de su gran obra, la civilización del hombre gris, de la que ella es la cúspide, su apogeo y decadencia. Pero no olvidéis que Ermessenda es también alguien que ha generado vida.
La Condesa es muchas más cosas: es una mujer con un pasado lejano feliz, es madre de un único hijo, Serlan, protagonista épico. Es también quien ostenta el poder real sobre una multitud de ciudadanos que la cuestionan en silencio, temiéndola. Es una mujer con los sentimientos escondidos tras su máscara de impasibilidad, que a la vez, la aísla del mundo. Es alguien que ha luchado toda su vida por mantenerse arriba, aún a costa de endurecer un corazón de pájaro que apenas late ya por nada.

Pero los tiempos cambian y los hechos se suceden, inalterables. Querer luchar contra eso es insensato, pretender saltar por encima del curso de los días es arrogante. Aunque Ermesenda, Condesa de Vamurta, despertará, por fin, de su endiosamiento.

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Una mujer poderosa.
Fragmento de la Antigua Vamurta, Capítulo IV:

Tanto temí a todos... De eso hará algún tiempo, antes que los murrianos reventaran y quemaran nuestros campos. Desde luego, al principio no fue así, pero lo cierto es que desde pequeña me enseñaron a mirar a los lados antes de abrir la puerta de mi dormitorio. No, cuando me casé, cuando murió el viejo Conde y fuimos ungidos, aún no odiaba a todos. Eso llega con el paso de las estaciones, con la permanencia. Crees que el consejero mayor desea algo más que llenar sus alforjas y su cama de carnosas cortesanas. Y así pasa el invierno y llega el verano, mientras crecen las sospechas y ese consejero es culpable, y como culpable de alto rango es prendido y es llevado con discreción hasta el puerto y de allí es expatriado de noche, al otro lado del Mar de los Anónimos. ¡Cuántos lo habrán cruzado! Y hoy, si me miro en el espejo, no estoy segura de nada... Ahora que nuestra derrota llega a su último acto, no me atrevo a pensar. Es como si tras un largo amanecer siguiera una mañana de oscura niebla, esta invasión, cuando todo está perdido. Podría haber creado nuevas ciudades, reforzar los vegueros de Marca, hacer crecer el Condado hacia el norte, explorar, crear...

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7 dic. 2009

Retrato de Ermesenda

Relatos fantásticos
Ermesenda
Ermessenda, una mujer poderosa.



Ermesenda, abrumada por toda decadencia del condado.

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5 dic. 2009

Ermesenda de Carcasona y de Vamurta


Perdí los documentos. He buscado por toda la casa, he mirado debajo de la cama, he abierto decenas de carpetas e, incluso, me he encaramado en altos armarios cubiertos de polvo, pero las cartas de Ermesenda de Carcasona (972-1058) o Ermesinda, no han aparecido. Eran unas cartas bellísimas, de una mujer que lo fue todo en el condado de Barcelona durante muchos años, y que en aquel momento, languidecía, apartada del poder en un remoto castillo solitario, esperando su muerte, recordando un pasado glorioso y, hoy, polémico.

Bien. Como hay mucho de que hablar, y un post debe ser corto, voy a hacer dos posts sobre este personaje de la novela Antigua Vamurta. En este, voy a tratar sobre la Ermesenda histórica, y en el próximo, sobre la Ermesenda de Vamurta, madre de Serlan, uno de los protagonistas del libro.
Ermesinda fue una de las mujeres que ostentaron mayor poder real en toda la Edad Media europea, y seguramente también llegaríamos al Renacimiento y lo sobrepasaríamos. Una mujer enérgica, que no duda en acompañar a su marido en el campo de batalla montada a caballo, desafiando las convenciones. Un ser extraordinario en un mundo de hombres, y hombres muy brutos, pues en aquel tiempo lo que sabían hacer mejor en el Condado de Barcelona era la guerra.

Dudo mucho que hoy existan mujeres que gobiernen tanto y durante tanto tiempo como lo hizo ella. No se me ocurre ningún ejemplo, a excepción de Isabel la Católica, aunque ella gobernó junto a su esposo y, si la memoria no me falla, no se atrevió a excomulgar a ninguno de sus nietos.


ermessenda de girona
Tumba de Ermessenda.
La Ermesenda histórica nació en el año 972 aproximadamente y murió en el 1057, en un mundo en el que la esperanza de vida era de treinta y pico. De fuerte carácter y de gran belleza, la Ermesenda de Carcasona, hija del conde de Carcasona, contrajo matrimonio con el conde de Barcelona Ramon Borrell en el año 992.
Entre sus títulos ostentó el de condesa de Barcelona, condesa de Girona y condesa de Osona. Tanta intervención en el gobierno la aficionó excesivamente al mando, y su afición dio origen a varios disturbios muy graves en los días de Berenguer Ramón I y Ramón Berenguer I.

Murió Ramón Borrell legando la corona a su hijo Berenguer I "el Curvo"; pero como éste era todavía un niño de trece a catorce años según los documentos de la época, empuñó las riendas del Estado la condesa viuda Ermesinda, en calidad de tutora y regente. La dejó su esposo tan favorecida en su postrera voluntad, y de tal manera supo ella apoderarse de la mayor parte de los negocios, que su hijo tuvo que luchar constantemente contra sus ambiciosas pretensiones.


Cuando murió Berenguer I, repartió sus dominios entre sus hijos, Guillermo fue conde de Osona, Ramón Berenguer I obtuvo Barcelona y Girona, excepto el extremo sur, entre el Llobregat y la frontera con el el Islam, que constituido en condado del Penedés fue para Sancho; Estos tres herederos, como que eran menores de edad, quedaron bajo la tutela de su abuela Ermesenda, la única representante efectiva del poder condal en Barcelona, Girona, Osona y el Penedés entre 1035 hasta el 1041.                                             
                                     Castillo de Carcassone
fortaleza castillo ermesenda
Castillos de leyenda.
Como consecuencia del descrédito del poder condal durante el cogobierno de Berenguer Ramón I y Ermesenda, en Barcelona, Girona y Osona, pero especialmente en el Penedés, área de frontera con el Islam, los nobles, prescindieron totalmente de la potestad del conde, y tomaron ellos mismos el control de las fortalezas de las cuales llegaron a disponer como si fueran de su propiedad, esto es, si la supervisión de la curia condal. Entre estos aristócratas, antiguos Veguers que llegaron a señores, en el Penedés destaca Mir Geribert quien se da a si mismo el titulo de príncipe de Olèrdola.

Durante este conflicto, Ermesenda movió todas sus influencias entre las jerarquías eclesiásticas, hasta que consiguió del Papa Víctor II una sentencia de excomunión contra Ramón Berenguer I y Almodis de la Marca, por adulterio, ha que esta para unirse a Ramón Berenguer I, había abandonado a su marido el conde de Tolosa.
Después de cuarenta años de ser una figura clave en la evolución política de Barcelona-Girona-Osona, Ermesenda se retiró y murió, meses después, el 1 de marzo de 1058.

Temo y sufro por el tratamiento que darán a Ermessenda en la serie de televisión para TV3. Espero que respeten el personaje, pues Ermessenda no era una cortesana dedicada a los juegos y al vodevil. Ermessenda fue una mujer de acero.

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1 dic. 2009

El cine de Akira Kurosawa. Mis Maestros.

Cine Kurosawa

En la sección "Mis Maestros", quiero rendir homenaje a aquellos artistas que, por una razón u otra, me impactaron, me hicieron reflexionar, o sencillamente me conmovieron. Son muchos, así que hay cuerda para rato. Empiezo con este personaje singular, Akira Kurosawa.

Leí, hará un tiempo, que Akira Kurosawa (1916-1998) se sintió deprimido durante mucho tiempo. Que uno de los mejores cineastas de la historia sufriera angustia alguna, me sorprendió en gran manera. Pero, si es el director de algunas de mis películas favoritas, ¿cómo es posible? Durante años, en su Japón natal, no cosechó grandes éxitos, era, en cierto modo, un incomprendido, y ese rechazo lo hundió en las miserias del alma.

A Kurosawa le obsesionaba algunas cosas que a la gente del cine de hoy ni tan siquiera consideran. La verdad, la justicia, lo que está bien o está mal. El cine de Kurosawa era algo más que pasar el rato. Era un cinesta moral, lejos de las lecciones sobre ética. Por eso Kurosawa es un maestro, además de saber narrar como muy pocos.
Se ha dicho mucho sobre él, se ha escrito bastante. Yo, aquí, no voy a añadir mucho más. Mencionar, si alguien no lo conoce, que Hollywood lo fusiló, lo copió hasta no poder más. Eso me hace pensar que Hollywood se parece de algún modo al Imperio Romano y a los propios japoneses de hoy. Copiar y hacer productos en masa, con el mérito que supone todo esto.

Cuando, con 14 años, fui a un cine de Gran Vía con Rocafort (¿El Dorado?) con mi hermano, para ver una película sobre samuráis, poco me imaginaba que saldría tan conmocionado de la sala. Fui a ver Ran (1985), la versión de Kurosawa del Rey Lear de Shakespeare. El mundo de los shogunatos, los señores de la guerra en su caos.



(Un vídeo de You Tube. Hay muchos, en cualquier caso, la película la recomiendo de corazón.)

Dos hechos remarcables. La extrema violencia de las imágenes, y a la vez, su belleza. Ese marco de praderas de hierba alta, de un verde tan intenso que hiere la mirada.
Segundo, que Ran es gran relato épico, sustentado en el drama, el del padre que todo lo ha perdido. ¿Cómo olvidar la alegría de ese hombre cuando se reencuentra con el pequeño de su prole? ¿Y su locura? ¿Y su llanto crepuscular?
Veréis, que en Antigua Vamurta, hay algo de eso. Aunque me di cuenta después, una de mis fuentes es RAN, otra, para la novela, es DERSU UZALA.
Otra va. Los Siete Samuráis (1954). Tomen nota los idealistas de cualquier color, en el fondo. Por eso es triste esa película. Jamás se ha contado tan bien la gloria que a nada lleva. ¡Ah! Es de esas películas que dan de madrugada. Para acabarla utilicé palillos.


Dersu uzala kurosawa
Dersu Uzala, explorador en la tundra.
Última, (¡y Kurosawa tiene tantas!). La magnífica, preciosa, emocionante, lírica y maravillosa, Dersu Uzala (1975). El mayor canto a la amistad proyectado en la sala oscura de un cine. Ganó varios premios, entre ellos un Oscar. Una de esas raras ocasiones en la que dos almas puras cruzan sus caminos. Dersu llamaba al cielo, a los animales, a los árboles, "gente". Para Dersu, todo merecía un respeto y todo estaba conectado. Cuánto aprendí de él siendo tan joven.



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26 nov. 2009

La Fantasía. Una cita en Vamurta.

Aquello que más me seduce del género de La Fantasía, cuando se traslada al arte, es la pirueta que permite ejecutar sobre la deforme realidad. Más concretamente sobre el Yo Cotidiano, que incluye el día a día, el trabajar, estos muebles que me rodean, la rutina y los animales de compañía, sobre todo gatos, que como esfinges de otro mundo, me acompañan.

La Fantasía es un trampolín hacia el otro lado, en el que obsesiones, belleza y miedos, se materializan con una cierta libertad y en las más diversas formas. Sin duda, de este modo, la literatura fantástica puede leerse como un desplante al mundo, como una reformulación de la realidad, muchas veces siniestra.

El inconveniente de esta materia gaseosa es su terrible inestabilidad, es como cabalgar a un potro salvaje o manejar un barro demasiado resbaladizo. Material inflamable. Al menos yo, nunca estoy seguro de nada cuando el sustrato es fantástico. ¿Resultará creíble esta escena? ¿Aquella criatura que he creado, con trazos grotescos, no resultará cómica? Trabajar con elementos dictados por la imaginación se parece en algo a manipular nitroglicerina. O a trabajar con acuarela. Un poco demasiado de agua o un pincel demasiado seco dan resultados muy distintos. Porque la fantasía emana de los sueños, y en mi opinión, se trata de cristalería fascinante, pero siempre frágil.


almenas castillo
Literatura Fantastica
En Antigua Vamurta aparecen elementos propios del género fantástico, con el fin de poblar un universo distinto y cercano al mismo tiempo, en el que no hay reglas a priori y, por tanto, todo es posible.
Sí, hay fantasía, pero ésta aparece progresivamente, a medida que la historia avanza se van introduciendo más elementos fabulosos, de modo que puedan ser asimilados paulatinamente. Es un modo de hacer, válido como cualquier otro.
                                                                     
En la Primera Parte del libro aparecen, surgidos de la profundidad de las tierras de poniente, los murrianos, dispuestos a alcanzar la relativa seguridad de las tierras del este, el corazón de Vamurta y, también, las aguas del Mar de los Anónimos e intentar, así, influir en las Colonias. Los murrianos, seres de fantasía, son un pueblo gregario y muy antiguo, aunque el contacto con el individualismo del hombre gris supondrá algunos cambios, algunos de largo alcance.

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En la Segunda y Tercera Parte, adquieren protagonismo sufones y vesclanos. Ignoro aquí a los Hombres Rojos, porque éstos, a pesar de su color, vienen inspirados por los Años Oscuros de Europa (Dark Ages. Ver en: http://en.wikipedia.org/wiki/Dark_Ages ) y las asombrosas tribus que en este tiempo aparecieron, tras la caída del Imperio Romano.
Los sufones son una de las razas más extrañas y herméticas de este universo en constante transformación. Los vesclanos son, probablemente, la civilización originaria de lo que se denomina comúnmente como “Las Nuevas Tierras” o “Las Colonias”.

Hay otros seres que no mencionaré aquí. A veces en pequeños grupos, también pueden aparecer solitarios, vagando bajo las sombras de viejos robles. Incluso pueden surgir de la nada, o en un paraje aparentemente cercano, posible. En común, los seres fantásticos de Antigua Vamurta anhelan sobrevivir en un mundo convulso, en el que resulta difícil discernir quién es quién y cuál es la frontera del bien y del mal.

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23 nov. 2009

Los Pueblos del Mar

Relatos de Fantasía
Las Razas. Los Pueblos del Mar

Cuenta una leyenda de los Pueblos del Mar que Effa, diosa de los abismos marinos, creó al hombre con la loza de una de sus simas más profundas. Una mañana, lo hizo emerger y lo situó sobre una playa. Desde la costa, el hombre emprendió el camino del interior, llegando al corazón del bosque, a los picos donde la nieve nunca se retira, y a los valles lejanos, en los que la uva crece llena y dulce.
Dice la leyenda que algunos de estos hombres jamás olvidaron las palabras de Effa, y decidieron quedarse en la orilla para poder venerarla, generación tras generación, sin olvidarla. Estos son los hombres y mujeres de los Pueblos del Mar. Lejos de querer un hogar, una frontera o una empalizada que defender, desean por encima de todo cabalgar con sus piraguas, partiendo en dos los latidos de las olas.

Y es que este Pueblo se desplaza de un punto a otro del Mar de los Anónimos cada cierto tiempo, disgregándose en una diáspora que les asegura su propia supervivencia, al igual que no es posible aplastar las golondrinas que emigran a los rincones dispares y lejanos.
Las primeras referencias de estas gentes se hallan en los Anales del Tecer Ciclo de la Antigua Vamurta, cuando los muros de ciudades y villas aún estaban hechos de bloques de barro cocido y argamasa. Se habla de una rara invasión a considerable distancia del sur de la capital, de todo un pueblo llegado en un sinfín de naves pequeñas, huyendo, posiblemente de algún cataclismo. De esos hechos queda, en el templo de Arismet, un bajorrelieve desgastado por el tiempo, que narra como el Conde De Sibila los rechaza, cerca del Cerros Blancos. Nada más se sabe de ese choque, aunque algunos historiadores apuntan a que parte de los invasores emigraron al interior de las junglas del sur.


pueblos del mar
Raza Pueblos del Mar. By Igor

Son los Pueblos del Mar una de las razas fantásticas de la novela épica de Vamurta. Extracto de la novela "Antigua Vamurta". En abril de 2013 sale publicada la saga completa, ¡la mejor saga de fantasía!, Antigua Vamurta I y II.


“El Conde observó a aquel hombre un rato más. Parecía joven y al tiempo muy viejo. Los brazos y la espalda de un gigante, la expresión de un moribundo. Su piel oscura, sus ojos estirados recordaban a los de un murriano. El hombre llevaba una hilera de pendientes en la oreja derecha y el cabello largo y sucio, atado con una cola. Los otros eran de su clan: la misma piel tostada, facciones parecidas, los colgantes idénticos.
—¿De dónde sois? —inquirió el conde.
—¿De dónde somos? —Hizo el hombre un pausa como si nunca antes se le hubiera ocurrida esa pregunta—. Somos de una tierra que se liga, que se mezcla con la costa, una tierra que juega con las olas, que entra y sale de su madre, la mar... ¿No sabéis quién somos, aún, señor? Fuimos un pueblo libre, aunque éramos pocos, antes que los hombres grises nos rompieran y enmudecieran nuestros cantos. Somos algunos de los que quedan del Pueblo del Mar —dijo el esclavo, sin esperar respuesta por parte de aquel extraño.”

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19 nov. 2009

Literatura Fantástica. Luz y héroes.

Luz y héroes en la literatura fantástica, sueño de sueños que se desvanecen. Uno de los pilares de la novela Antigua Vamurta es la recreación del héroe, esa figura que desde los albores de la humanidad ha sido mitificada, y por lo tanto, alejada de la realidad. Cuando uno se acerca al mito, ya sea en el western clásico, en el universo de la Chanson de Roland o en el Señor de los Anillos, los héroes tienen algo en común. Están hechos de una sola pieza y si cometen errores, éstos son atribuibles a esa “masa imperfecta” que es la sociedad que los acuna. Los héroes son de acero endurecido.

ciudades literatura fantástica.

Un buen héroe no tiene dudas, lucha como si el miedo no se escondiera en lo más profundo de nosotros y vive como si el vino, el pan y el amor fueran entes abstractos, cosa de otros que a ellos nos les interesa. Evidentemente no estornudan ni les tiembla el pulso, ni sienten deseos para aliviar sus necesidades básicas. No conocen la fatiga y casi se podría decir que ni ensucian sus galantes ropajes. ¿Los héroes no sudan?

Aquí, hablamos de otro tipo de héroe, al que si le tuviéramos que atribuir algún tipo de primo lejano, éste no sería otro que el Mío Cid, quien arranca sus andanzas con lágrimas en los ojos. El Cid, quizás el único héroe más astuto que divino, un símbolo que le debe más al trabajo y a la estrategia (¿Campeador, Campi Doctoris?) que a su linaje. Aunque Lord Jim también sabía algo de eso.

Luego, claro está, estoy yo. A un famoso poeta le preguntaron un día si los simbolistas franceses le habían influido mucho y respondió “sí, aunque lo que decía mi madre también”.
De algún modo, creo que en Vamurta he querido construir un mundo perfecto, un tipo de orden moral si os parece mejor, aunque puede parecer extraño, hasta contradictorio, para los que hayáis avanzado en su lectura. Sí, un mundo donde, a pesar de las turbulencias, tarde o temprano todo vuelve a su sitio, y hombres y mujeres ocupa el lugar que les corresponde por sus actos y por sus méritos, algo que no siempre sucede a ras de suelo, hoy. Un mundo en que la justicia sí existe.

Por último, y como único elemento estético a destacar, en Vamurta hay un estudio de la luz, de cómo ésta modifica paisajes y almas. Esto es algo que me sigue sorprendiendo y en lo que pienso desde hace años. Si no, observad vuestro comedor, ese jarrón cerámico que os regalaron, y mirad como se trasmuta su textura, sus volúmenes, de las siete de la mañana a las cuatro de la tarde, hasta llegar a parecer otro objeto. Incluso nosotros mismos nos transformamos. En las fotografías familiares se ve muy claro.
A veces pienso que La Antigua Vamurta es una excusa para hablar sobre el cielo, las nubes y el grado de inclinación del sol, que el resto son argucias para seguir hablando de ello, pero eso tampoco es cierto y sería faltar a la verdad.

Castillo Imaginado
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Fortaleza y crepúsculo.

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16 nov. 2009

Asedio. Murrianos Frente a Vamurta.

 la nueva novela épica
Ejército murriano ante las puertas de la ciudad.

Murrianos frente a Vamurta

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14 nov. 2009

¿De dónde surge Vamurta?


Libros de fantasía épica
Antigua Vamurta saga épica
Imagen de antigua web de Vamurta.

La saga de Antigua Vamurta surge de un papel en blanco, como todas las novelas, supongo. Y de todo aquello que he ido leyendo, escuchando, viendo e incluso oliendo. Soñando. En general, cuando se habla de una pieza literaria, se la referencia a otras, con nombres propios, atándola.

A veces se la relaciona con el cine y viceversa, pero casi siempre se olvida que el autor no es un artefacto mecánico, sino alguien que ha absorbido no sólo literatura o arte, alguien que ha tenido una existencia, ha vivido, y que en su marasmo de recuerdos e ideas que conforman la arcilla para moldear su trabajo, uno puede encontrar de todo.


Decir que soy “un nuevo Tolkien” es faltar a la verdad, por ejemplo. Hay miles de epígonos de Tolkien. En Vamurta influyen los autores de literatura fantástica, pero pesan más autores como H.G. Wells, con guiño incluido, Stevenson o Conan Doyle. Incluso, me atrevería a decir que, tras las páginas de la novela, palpita un aliento poético que subraya la tragedia de estos seres que transitan por este mundo épico y convulso.
Subyace un espíritu de cómic, ya que las tiras de Cimoc o Zona 84, acicates para la imaginación de un chico como pocos encontraréis, resurgen tras tantos años en esta historia. De hecho, cuando empecé a crear este mundo particular, mi intención era hacer un cómic escrito, aunque como veréis, luego la cosa se torció.

También está ahí el cine. Fuente de fuentes. De hecho, en la segunda parte del libro hay un claro homenaje a Dersu Uzala (Kurosawa). Hay un gusto por las películas épicas en todos sus formatos y escenarios, desde fogonazos de Excalibur hasta la soledad del hielo de Doctor Zhivago o el ir a la deriva de un Lawrence de Arabia. Qué grande era Lean.



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10 nov. 2009

La Falange Roja. Capítulo II. IV

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Capítulo II
(Fragmento XIIª)

Los chicos bajaron por el camino de los Trapos, siguiendo el trazado exterior de las defensas, hasta saltar a unas rocas donde se sentaron para contemplar, con calma, el espectáculo del puerto. Desde allí divisaban la puerta fortificada que vigilaba el mar. Detrás de la muralla asomaba la imponente mole de la ciudadela, sus altas paredes desnudas, la Torre de Homenaje y sus cuatro vértices rematados con robustas torres de defensa.
Los gatos que se escondían entre las rocas corrieron hasta otro rincón. Hablaban y lanzaban guijarros al mar. Martín siempre ganaba. Su muñeca conseguía que sus piedras dieran más saltos sobre las aguas calmas.
—Mi madre ha sido llamada a la Puerta. Ha salido de casa temprano, llevando su ballesta y la daga. La abuela aún lloraba cuando me he ido —dijo Martín.
—¿Y tu padre? —inquirió Ebasto.
—No lo sé. Se fue hace meses a hacer pieles de antílope, hacia el sur. Madre me ha dicho que no deje a la abuela, pero está todo el día sentada cerca del balcón, mirando la calle y... Me he escapado.
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Los otros no dijeron nada, seguían mirando cómo rebotaban las piedras que lanzaban una y otra vez. Cada uno se preguntaba qué iba a pasar. ¿Qué iba a suceder si la ciudad caía? ¿Estarían en casa, encerrados? Sara pensó, por primera vez, en lo que haría. Tras descartar muchos pensamientos, creyó que lo mejor sería esperarlos tras la puerta de su casa con un cuchillo de cortar carne. Quizá escondida podría evitar los encantamientos que, según se decía, lanzaban aquellos animales antes de atacar. Se veía a sí misma enfurecida, llena de fuerza, lanzando cuchilladas y amontonando cadáveres a sus pies, sin pensar que ella, más bien delgada, a duras penas podía sostener una espada o desviar la acometida de una lanzada. Martín la despertó de su gran gesta.
—Sara, ¿tú qué harás si llegan?
—¿Yo? Pues... ¡No les dejaré pasar! No entrarán en mi casa.
Nadie se rio. Sara había vomitado aquellas palabras, impulsadas por un temor que ahora vivía cerca de ellos. Unos se miraban las sandalias polvorientas, otros, el lento latir del mar. El sol, alto ya en su mediodía, disipaba la niebla de la mañana.
—A mí me gustaría ir a las Colonias. Ahí dicen que también hay murrianos, pero muy pocos —dejó caer Elizabeth, la más pequeña de todos.
—Sí, y aquellos raros, duros como insectos. Y los hombres rojos —siguió Martín.
—¡Son fuertes como diez de los nuestros! —afirmó Sara, cerrando los puños—. Llevan trenzas y colgantes, como las mujeres.
Todos se rieron, haciendo muecas. Sara bailaba entre ellos, dando brincos, despreocupada por unos momentos. Luego se quedaron callados. Cansados de tirar piedras al mar y de observar los trabajos del puerto, decidieron que irían a la Plaza de los Pájaros para ver si se cruzaban con la cuadrilla de los remesas, los hijos de los labradores de las cercanías de la ciudad. Andaban riendo otra vez, empujándose unos a otros. Cualquiera que los hubiera visto, habría pensado que aquellos mozos parecían indiferentes, felices.

Cuando subían por la calle de los Curtidores, una música que surgía de alguna parte, los clavó en el suelo. Era una música conocida. Las notas agudas de las flautas y el ritmo de los tambores hicieron enmudecer toda la ciudad, que escuchaba encogida, atenta, entre la esperanza y una desazón creciente.
—¡La Falange Roja, es la Falange Roja! —gritó Martín, señalando con un dedo la dirección de donde provenía aquella cadencia.
Echaron a correr por los callejones que conducían al este de la ciudad. Corrían como locos, esquivando a los vecinos que salían de sus casas. En todos los rincones la gente se asomaba a las ventanas o bajaban con prisas a la calle. Aquí y allí se formaban corillos. Les iban llegando murmullos, los fragmentos de conversaciones de muchos que, desalentados, empezaban a entender que aquello era el final.
—Dioses de las estrellas, han salido —oyeron decir a un viejo mercader.

La Falange Roja era una unidad distinta, un gran Batallón Sagrado. Un juramento solemne los ataba al condado, al que defenderían luchando hasta la muerte. La salida de aquella fuerza de la ciudadela indicaba que la situación era desesperada. Muchos supieron en aquel momento que los bandos que ofrecía el condado eran falsos. No existía ninguna duda. El Batallón Sagrado participaba en las luchas en casos excepcionales, siempre comandados por el Conde hasta que murió, y más tarde, por el Heredero. Era la última línea de defensa para los ciudadanos de Vamurta, formada por parejas de hombres, parejas atadas dentro y fuera de la jerarquía militar, los conductores y los más jóvenes, los compañeros. Esa doble atadura les otorgaba una ferocidad excepcional, absoluta. Luchaban por el honor y para salvaguardar a aquellos que amaban.

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Ciudadela.

Los chicos, finalmente, desembocaron en la Rambla Este, que seguía en paralelo al trazado de la muralla, donde, antes de la guerra, se levantaba el tumultuoso barrio de pescadores. Giraron Rambla arriba y allí encontraron la cola de la Falange, que avanzaba marcial en columna de a cinco. Detrás, entre los chicos y la Falange, seguían dos brigadas de infantería ligera y dos más de arqueros. Eran las fuerzas destinadas a proteger la fortaleza de los condes. Las gentes de Vamurta los veían pasar como el peor de los presagios. Las madres llamaban a sus hijos para hacerlos entrar en casa.
—Vamos hasta la cabeza de la columna, quizás veamos al Heredero —chilló Sara, entre la confusión de la música y las gentes.

Corrieron siguiendo la serpiente que formaban los soldados, admirando el brillo opaco de las armaduras de un rojo oscuro, las altas lanzas, sus largas espadas colgando de sus cinturones. Aquellos hombretones altos de mirada fija, de fuertes espaldas, quizá sabían que se encaminaban hacia el último acto de su existencia. La cuadrilla continuó hasta la cabeza de la marcha, sorteando los transeúntes. Pero al alcanzar a los hombres que encabezaban la columna, solo vieron al capitán de la Falange y los portaestandartes, llevando en alto la golondrina del condado, la única de todas las unidades coloreada en rojo.

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8 nov. 2009

Retrato. La madre de Sara.

Blog de literatura fantástica

La madre de Sara
La madre de Sara
 Sobre de la madre de Sara Antigua Vamurta, héroes y épica.

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7 nov. 2009

Los muelles de Vamurta. Capítulo II. III

Ebooks Fantasía Epica. Antigua Vamurta, libros de aventuras.

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Capítulo II
(fragmento XIº)

Dejaron atrás las murallas del mar y llegaron hasta los altos edificios de las atarazanas. Se había levantado una niebla vaporosa que desdibujaba la luz del sol. El horizonte les parecía más próximo y el puerto, más cerrado, como si lo que la neblina encerrara fuera todo el universo existente. Las casas cercanas a los muelles se amontonaban aquí y allí entre los grandes almacenes de madera que sobresalían por encima de las barracas de los pescadores y las tabernas. Sobre las estáticas aguas de los embarcaderos, vieron decenas de naves que descansaban oscilando ligeramente. Un gran bosque de troncos acerados buscando el movimiento.

cuentos de fantasiaSobre los largos muelles había una actividad frenética. Era como si toda la ciudad estuviera ahí, a punto de sobrepasar los límites que el mar marcaba. Cientos de estibadores y marineros cargaban en los barcos cajas y sacos hasta rebasar los límites de las bodegas, hasta abarrotar las cubiertas. Todo se hacía con mucha ansiedad. Los cargadores se gritaban unos a otros, los mayores de algunas familias que empezaban a embarcarse empujaban y se abrían camino a golpes, los marineros corrían sobre las cubiertas moviendo la carga entre las imprecaciones de los contramaestres. Otros se acercaban en pequeñas balandras y botes a remo hasta las naves fondeadas cerca de los espigones. Embarcaciones de dos y tres palos, muchas de doble uso, de guerra y transporte, en casi su totalidad propiedad de grandes mercaderes. En la punta norte del puerto se encontraba la flotilla que obedecía directamente al condado. Estos eran robustos navíos de tres palos y dos castillos, parapetados con escudos. La bandera blanca y negra de Vamurta ondeando, la tripulación dispuesta.

Por debajo de los grandes arcos de piedra de las atarazanas, entraban y salían marineros y calafateadores llevando cuerdas, tablones, herramientas. Se trabajaba sin descanso reparando los cascos de las naves, las maderas carcomidas por los meses y meses de navegación, cambiando cordajes castigados, dejando los transportes listos para volver a zarpar. Quizá por última vez. Parecía que todo el mundo lo percibiera y por esa razón cuanto envolvía el área marítima estaba dotado de un nerviosismo vigoroso. El retumbar del mar quedaba sepultado por las voces de los hombres.
—Aquí hay más gente que en las murallas —dijo Sara, recordando la tarde anterior, cuando con su pequeña mesnada, se habían acercado a escondidas hasta poder ver la brecha.
Aquella mañana no habían visto los pescadores de caña que sacaban los relucientes peces de roca. Tampoco habían visto los tenderetes de pescado ni los hombres discutiendo en las puertas de las tabernas del puerto. Aquello era el preludio de la huída. A Sara le pareció que a muchos solo les importaba hacer llegar a la seguridad de las naves los objetos que conformaban sus vidas. En Vamurta, no todos se preocupaban por defender a los suyos, el último bastión, el hogar de los hombres grises. Muchos habían dejado de creer y aquello hizo pensar a Sara. Quizás deberían huir, también. Dejar atrás aquella amenaza que los ahogaba. Subir a un barco y alejarse, sentirse aligerados. Su madre lo aprobaría. Su padre no.

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4 nov. 2009

Los amigos de Sara. Capítulo II. II

Novelas de Fantasía en papel y libro electrónico.

Capítulo II
(Fragmento 10º de Antigua Vamurta)
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Sara siguió corriendo sobre el suelo pavimentado de las calles estrechas, que brillaban bajo la luz del día. La brisa barría el olor a orines y deshechos de los callejones, corría entre casas de piedra y argamasa, de dos y tres alturas, entre fachadas pintadas de colores claros, como el de aquella jornada de verano. No se oía el latir de la ciudad. Corrió ahuyentando sus temores, el corto vestido de lino suspendido en el aire, hasta la plaza de los Boneteros, donde se paró, llenando sus pulmones de aire.
En el otro extremo de la plaza había un pequeño grupo de tenderos que hablaban en voz baja, acompañado sus discursos de gestos secos. No los oía pero bien sabía de qué hablaban. Cerca, amontonados encima de un banco tallado en piedra, como náufragos en una balsa a la deriva, encontró a su cuadrilla. Sara se fijó en que ninguno iba demasiado limpio. La nueva vida en la calle, pensó.
—Nos vamos. Mi madre dice que nos vamos a las Colonias —les espetó, antes que nadie pudiera decir nada.
—¡Cobardes! —contestó Ordel con sorna—. Mi padre dice que nos quedamos. Dice que no entrarán, ¡eso es imposible!
—Te clavarán una lanza aquí —dijo Sara, enrabiada, señalando con un dedo su cuello—. Os matarán a todos, a todos, mientras yo me iré en un barco.
Ordel se lo tomó mal. Calló, cruzando los brazos encima de su pecho. Miraba el suelo. El grupo volvió a sus historias, las historias de terror, cuentos sobre el modo en que los murrianos iban a sembrar de cadáveres las calles de la ciudad.
Ordel dio un brinco y les gritó:
—¡Cobardes! —Se marchó dándoles la espalda. Nadie contestó.
Sara pensaba en su amigo. Lo veía arrastrado y crucificado por aquella especie de bestias. Habían oído tantas historias, que el miedo, ahora cercano, iba calando con rapidez en sus pensamientos. Ellos, que no se preocupaban por las cosas de los mayores.
Un rato después se cansaron de estar ahí, en esa plazoleta casi vacía. Alguien propuso ir hasta las atarazanas, desde donde verían la gran flota.
El grupo se puso en marcha enseguida. Sin que nadie supiera el porqué, de repente, todos apuraban el paso. El puerto siempre era un buen lugar para pasear y más aún cuando casi toda la escuadra condal se encontraba atracada, a la espera. Bajaron por la Avenida que desembocaba en el Bajador del Mar, una de las calles anchas de Vamurta. En el tronco central del paseo crecían grandes tilos de tronco plateado alternados con los majestuosos limoneros de Vamurta que buscaban el sol por encima de las sombras que proyectaban las fachadas. Los laterales eran vías para carros que bajaban y subían del puerto, llevando la carga de los buques de transporte. Era la calle de mayor tráfico, pero aquella mañana encontraron pocos hombres, solo algunos que andaban con pasos rápidos y nerviosos subiendo y bajando del puerto. Parecía que todos se habían quedado en sus casas. Los chicos se sentían los amos de la calle, y aquella sensación los llenaba de un vértigo que los hacía reír por cualquier cosa. Oían sus voces resonando con fuerza, y aquello los hacía sentirse mayores, casi dueños del mundo.

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2 nov. 2009

VIVIR EL SITIO. Capítulo II. I

Antigua Vamurta (Saga Completa) es una novela de fantasía y aventuras de 61 capítulos. Una de las mejores sagas fantásticas actuales.los mejores relatos de literatura fantástica

Capítulo 2
“VIVIR EL SITIO "

Sara miraba fijamente cómo su madre escogía los objetos más preciados de la casa, empaquetándolos en fardos cubiertos de tela y atados con cuerda. Nunca había visto a su madre moverse con tanto sosiego. Intuía que todo se estaba transformando en muy poco tiempo. Habían ido llegando más y más gentes de las marcas, a pie o arrastrando carros con sus cuatro pertenencias. Eran gentes asustadas, que se amontonaban en las plazas cercanas al puerto. Más tarde comenzaron a llegar hombres de armas. Ya no eran familias de labradores. Muchos guerreros alcanzaban la ciudad heridos, sin fuerzas, e iban a morir entre largas agonías a la Casa de las Curas. Los rostros sin expresión de los que volvían, las prisas y las carreras por las calles, las reuniones improvisadas en las plazas, llenas de gritos y rumores. Noticias, mentiras, medias verdades que se extendían deprisa...
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Ya hacía unas cuantas lunas que no iba al taller de su maestro platero, donde pulía el metal y en alguna ocasión permitían que lo trabajara. Limas, punzones, polvo y el olor plomizo del taller habían quedado atrás. Vivía, a sus catorce primaveras, en la calle, con otros chicos y chicas, sin maestros, juntándose y separándose como lo hacen las gaviotas entre la cúpula del cielo y el mar, a voluntad. Toda aquella catástrofe de los mayores la favorecía. Hacía muchos días que podía hacer todo aquello que le viniera en gana. En casa solo aparecía para llenar la barriga. Hasta que los alimentos comenzaron a escasear y aquellas bestias se plantaron a las puertas de Vamurta. ¿Cómo que no hacían nada los mayores? ¿No eran ellos la mejor raza, no lo decían los maestros? Aquella mañana, además, la expresión extraña en los ojos de su madre le produjo una sensación opaca. Miedo. Miedo a algo que todavía no sabía definir.

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—¿Nos matarán, los murrianos?
Su madre dejó de moverse, sus manos quedaron paralizadas unos instantes. Veía muy bonita a su madre. Los ojos muy negros y redondos, las largas pestañas oscuras, los cabellos cortos oscilando en una pieza sobre su nuca. Su madre la miró. El sol de la mañana llegaba nítido hasta el comedor, donde se encontraban.
—Nos marchamos en dos o tres días. Quizás tu padre se quede unos días más.
—¿A casa de los abuelos? ¿A dónde?
—¡No! —Rio. Hacía muchos días que no la veía reír. Aquel sonido resonó, libre, entre las paredes azulosas del comedor. De pronto, su expresión cambió.
—A las Colonias —dijo muy seria—. Una vida nueva, nuevos vecinos. Tendrás otros amigos, hay muchos jóvenes, he oído decir. Alquilaremos una casa pequeña cerca de algún puerto. Colgaremos cortinas verdes, nuevas, estas están ya raídas y, y... Tu padre encontrará otro puesto como oficial. ¡Tu padre es un soldado muy valiente!
Su madre calló y tomó asiento en una silla baja de madera, el cuerpo inclinado hacia delante, las manos formando un nudo. De repente parecía otra, perdida en medio de aquella marea de violencia y amenazas. Se quedó así sin decir palabra.
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Sara salió corriendo a la calle. Casi no había nadie. El sol de mediodía caía, borrando las sombras en las calles de Vamurta. Desde hacía un buen rato no se oían las explosiones, allí, en el extremo oeste de la ciudad. El silencio parecía nuevo. Las avenidas deberían estar abarrotadas de vendedores de fruta y especies, de patronas, con su cesto bajo el brazo, llenas de comerciantes nerviosos llevando sus rollos de telas tintadas, de mercaderes de todas las razas buscando y regateando, atareados. Al poco volvió a escuchar el retumbar de las explosiones que paralizaban la ciudad, que la sumían en una tensión expectante, como si tras el trueno tuviera que suceder algo.

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