8 jun. 2014

El ruido de los cabarets

Puede no entusiasmarte un edificio y en cambio enamorarte de uno de sus balcones. Así me pasa con este poema de Paul Verlaine (1844-1896), amante de Rimbaud, escrito hace mucho tiempo y que en cambio parece escrito ayer en cualquier barrio antiguo de cualquier ciudad.

El ruido de los cabarets, el fango de la acera,
los plátanos mustios deshojándose en la negrura,
el ómnibus, huracán de chatarra y barro,
que rechina, mal asentado entre sus cuatro ruedas,
y gira sus ojos verdes y rojos lentamente,
los obreros que van al club, fumando
su pequeña pipa en la nariz de los policías,
tejados que gotean, muros rezumantes, pavimento que resbala,
asfalto socavado, arroyos que colman alcantarillas,
ésta es mi ruta —con el paraíso al fondo.

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7 comentarios:

  1. Tiene razón. Y es que los viejos barrios, miserables, sórdidos, grises, ajenos al lujo; y sus gentes a juego, inspiran al artista, sea de la pluma, del pincel o de la cámara fotográfica como ningún otro lugar.
    Un saludo.

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  2. Extrañamente, sólo veo este poema en París. A lo mejor es que leo "cabaret" y la cabeza se va a Toulouse-Lautrec, o que "paraíso" son casi las mismas letras que París. O que va a ser cierto lo que decía Bart Simpson y la tele me ha freído la imaginación. Pero el poema me gusta.

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  3. Escribo sin acentos... Juraria que es Paris. Es muy probable. Lo del cabaret lo descubre. A mi el poema me gusta tal cual, pero es que el final, con el paraiso al fondo, le da magia.
    Bart SImpson, jefe de la seccion filosofos aplicados a la vida diaria. Saludos

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  4. Fantástico. Paseas con él de manera sigilosa
    para que después te acuchille limpiamente en el último verso.
    De buen gusto tu elección.
    Saludos.

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  5. ¡¡¡Joder!!! Exactamente eso. Paseas con él, por París posiblemente, hasta sientes el aroma hediondo de las calles... y luego te acuchilla limpiamente, con el paraíso al fondo.
    Saludos

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  6. Me gusta el poema y estoy en sintonía con los comentarios. Leyendo, ves y caminas, piensas y esperas que el fin del camino sea el paraiso.
    Saludos.

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  7. El tránsito ni es luminoso ni ominoso. Con lo único que contamos de verdad es con el camino, que es lo que es. Pero, además, del tránsito, también se nos habla de la meta. Ahora, qué es ese paraíso: una promesa. Parece que hay un poco de trascendencia, de fe, aquí, Igor.

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