3 mar. 2010

Un día y una noche, relato (VII)

Séptima parte del relato perteneciente al mundo épico de Antigua Vamurta, "Un día y una noche".

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Saludos a todos,
Penúltima entrega de este relato épico, de corte histórico, más que de literatura fantástica. El viernes o el sábado subo el final. Quería subir algo de cine o de literatura japonesa, pero para no hacerme un lío, y evitaros un entuerto, lo remato y libero el relato. Subo una ilustración que hice en su día, con dudas, pero al menos sirve para eso, para ofrecer una imagen de la historia de Ermesenda.




Volvía a estar sola en medio de aquella jarana monumental. Decidió buscar a Lestra y Carolina, sorteando las parejas que bailaban, algunas que empezaban a derrumbarse, otros que caían sobre cualquiera que les pasara por el lado, apartando máscaras negras, otras esmaltadas, otras que parecían amenazarla. Era el clímax, y en el clímax se perdió. El baile se desparramaba por los salones y cámaras anexas, donde se reunían pequeños comités de risotadas escandalosas. Nos las veía por ningún lado, y entonces decidió adentrarse por el sinfín de pasillos y habitaciones colmadas de efervescencia del teatro. Dos hombres corrían desnudos, con peluca y máscaras de cisne, persiguiéndose entre los gritos y chanzas de otras caretas que se movían por los claroscuros de las decenas de aposentos. Al pasar por delante de una de las habitaciones más recónditas, vio un corrillo que observaba en silencio el espectáculo que ofrecía un grupo de hombres y mujeres, enredados en el suelo, que no pudo distinguir.
Empezaba a sentirse realmente nerviosa, un poco insegura en aquella fiesta que no transcurría como ella hubiera querido. Había soñado bailar con la cabeza alta, ancladas sus manos sobre la espalda de Jacobo, acompasados por una música alegre y sostenida, mirarse sin poder besarse aún, sonreír a un porvenir que se vislumbraba sosegado y tierno.
Pensó en su madre, en la seguridad de su hogar. Algo la retenía ahí, una curiosidad no satisfecha, un querer apurar la copa antes de devolverla a su lugar.

De un estancia cerrada le llegaron jadeos entrecortados, zumbantes. No pudo evitar acercarse a esa pequeña alcoba. Pudiera ser Lestra u otra conocida. Miró a través de la rendija de esa puerta para ver a dos sombras contorsionarse encima de una cómoda.
—¿Debe una dama espiar a otros amantes?
Se sintió como una niña, avergonzada. Al mirar quién le reprochaba su falta de discreción, se encontró con aquel pelo negro, que olía a mar y a madera. Su rostro cubierto se acercó al suyo, hasta que ella tuvo que poner una mano para mantener la distancia.
—¿Me seguís? ¿Somos conocidos?
—No os sigo ni os conozco. Este es mi primer viaje a la capital, señora.
— ¿Entonces?
—Entonces nada. Os he visto, y eso ha sido suficiente para que todo mi cuerpo se retorciera, para perder mis suspiros entre estos salones, hasta que os he encontrado.
—Bromeáis, sé que bromeáis.

Ermesenda no entendía muy bien lo que le sucedía y, por una vez, se dio cuenta que no controlaba la situación. Aquello la desbordaba, iba muy deprisa. Su instinto contra su razón, que la llevaba hasta Jacobo, hasta sus padres y sobre todo le recordaba su condición de noble. Ella era noble y aquel hombre que provocaba que su transpiración mojara los pliegues de su vestido azul, era un simple mercader adinerado. La saliva se evaporaba de su boca.
—¿Realmente creéis que bromeo?
Se acercó hasta rozarla, hasta dejar su enorme mano en la curva de su espalda, sujetándola con suavidad. Notaba su respiración sobre su pelo. Ermesenda cerró los ojos, estaba perdida, se dejaba llevar.
Noto que la cogía y la arrastraba hacia algún lugar, sin que ella fuera capaz de oponerse a aquella rudeza. Su cuerpo, presto, ganaba la partida a sus anhelos de gran dama, y supo en ese momento que en algún rincón de su alma otra mujer habitaba, una que no se había presentado.

No sabía dónde se hallaba, excepto que todo era noche calurosa cortada a cuchillo por una rendija de luz de luna. Creía que sus pies no tocaban el suelo al sentir como aquél le bajaba el vestido de un tirón. Chocaron, resbalaron el uno encima del otro, perdía el sentido de estar, de ser, gritaba y vibraba, contraída y aún resistente, hasta que su cuerpo se desató, abandonada en aquella oscuridad, estallando.

Respiraron, recuperaron sus fuerzas sin decirse nada. Se habían arrancado los antifaces, que yacían en el suelo, pisoteados. Se intuían, volvían a tocarse. La tomó por segunda y última vez en un frenesí sin pausas. Cuando terminaron, y la razón de Ermesenda volvió a llamarla con fuerza, despertó, y un espanto recorrió su cuerpo. Debía de huir de allí sin ser vista, sin testigos. Aquello podía ser su final. Se vistió, recogió su cabello enredado, entre las súplicas y gimoteos de aquel hombre sorprendido por la súbita furia de su joven amante, pues no quería perderla, levantando los brazos desde el suelo donde yacía tendido, sin entender la marcha precipitada de Ermesenda.

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12 comentarios:

  1. No hay nada como una buena fiesta de disfraces para que las verdaderas y reprimidas pasiones afloren y además reincidentes.

    Interesante trama, espero el desenlace.

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  2. hola y gracias por tu comentario en mi blog...e parte coincido con rapanuy,pero los disfraces-ya tenemos varios a cuestas-provocan el histrionismo,el juego del todo o nada...
    interesante planteo,muy bueno!
    gracias
    lidia-la escriba

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  3. Hola Rapanuy,
    El baile de máscaras nos permite ser otros, adpotar a otro, ser otro durante una noche. Eso es lo bueno. Y sí, siempre hay una pasión reprimida, ¿no?
    Gracias por la visita,
    Igor

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  4. Hola Lidia,
    El juego del todo o nada. Esta expresión me ha encantado. Es verdad, no lo había pensado así.
    Sobre el poema, de los que más me han gustado. Tiene un no sé qué etéro.
    Saludos.

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  5. Me he tomado tiempo para leer despacio todas las entregas y estoy fascinado. ¿Para cuando el libro, Igor?

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  6. Hola Strafford,
    Celebero que te guste. Este es un relato en paralelo a la novela (29 capítulos, dos colgados aquí), que lo complementa.
    Por cierto, que el libro sale a finales de año o principios de 2011. Lo edita un sello de Granada (ciudad mítica), GRUPO AJEC.
    Y seguiré subiendo cosas.
    Gracias por la visita.

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  7. Que sensual, y ese impulso racional que de repente se da cuenta de que algo no encaja está muy bien narrado,creo a pesar de la concisión...esas cosas que pasan. Ha estado bien, ¡queremos el próximo!!

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  8. Hola,
    Pues esa era la idea. Introducir sensualidad, intentar bucear con mayor o menor fortuna en la psique de esta mujer, que en un momento determinado olvida su condición social, sus obligaciones.
    Me alegra mucho que te guste.

    PD: el cuadro que analizas en tu blog, fantástico. Estoy leyendo sobre las Guerras Médicas, cuando Jerjes incendia Atenas. Lo relacioné, claro.

    Gracias por la visita. Un saludo.

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  9. Has empezado esta parte describiéndonos una fiesta que poco a poco va cobrando tintes de bacanal. Lo que es una eficaz introducción a lo que le sucederá a la protagonista.

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  10. Te dejo un bostezo: tu blog ha conseguido aburrirme.

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  11. Hola dafd,
    La fiesta ya se acaba, justo cuando empezaba a ser una bacanal, que arrastra a Ermesenda y la trastoca, por una noche. Pero a la noche sigue el día.
    Gracias por pasarte, un abrazo.

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  12. Hola Anónimo,
    Lamento aburrirte, no era la idea.
    Si tienes alguna sugerencia, siempre será bien recibida.
    Un saludo, Igor.

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