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Relatos Fantásticos, Vamurta


El mundo de Antigua Vamurta se compone de 2 novelas y un puñado de relatos fantásticos que profundizan en este universo épico, dramático y aventurero.


Capítulo 3
(5º fragmento)

literatura fantastica

El veguer de la Marca Sur, rodeado de su guardia y alguno de los pequeños nobles que habían sobrevivido a los primeros meses de guerra, escrutaba el estado del cielo, a la derecha de las falanges, donde había sido asignado. Con una línea de edificios detrás, la alta muralla de Vamurta enfrente y una estrecha calle para escapar a su izquierda, los hombres del veguer estaban demasiado apelotonados. Perdido en sus amargos pensamientos, la arenga del capitán de la plaza le parecía cansina.
Poco a poco, una masa de nubes deshilachadas devoraba el tejido azul del cielo, entristeciendo en algo la mañana. El verguer miró a los hombres de su guardia, encajonados entre las fachadas. Algunos eran tan jóvenes que sus barbas eran de pelo corto y desordenado. Se fijó en uno de ellos. De piel de un gris intenso, su larga nariz aguileña dejaba levantado el protector nasal del casco. Bajo las pupilas negras de los ojos, las bolsas moradas de las ojeras delataban falta de sueño y un miedo que se transmitía a la rigidez de las facciones.
—Soldado, ¿qué harás cuándo hayamos enviado a estas bestias al otro lado de la Gran Puerta? —preguntó el veguer, forzando una sonrisa.
—¡Oh! No lo había pensado, señor. Querría, quizás, volver al sur... Donde está el hogar de mis padres. Pero esto parece difícil —contestó, dudando que sus palabras fueran acertadas—, esta invasión...
—¿Qué más?
—Bien señor, dejar la labranza... Podría encontrar oficio en los talleres, y entonces tener lo que se dice una casa, señor, una casa y una mujer.
Mientras decía esas palabras, el miedo se había esfumado de su rostro. Casi parecía un hombre corriente hablando entre los tenderetes de un mercado. El veguer se arrepintió de haber preguntado. Tomó conciencia, como si alguien lo hubiera zarandeado con brusquedad, de cuál era su deber.
La expresión de su rostro cobró firmeza. Ya no podría morir como quería, y así acabar con todo aquello que representaba. Un punto final. Aún quedaba el deber, pensó. Quizá valdría la pena morir por los suyos, retrasando aquella derrota escrita, cortar el bombeo que atormentaba su corazón. Hundir la espada en las carnes del enemigo y dar tiempo a otros. Tiempo. Y borrar así las sombras que retorcían y punzaban su soledad.
—Escuchad —dijo a su guardia y a los señores que lo rodeaban—, escuchadme y recordad. Cuando la lanza del enemigo me llegue, seguid luchando, pero no esperéis mucho en girar vuestras miradas hacia el puerto. Los barcos no esperarán hasta ver los estandartes de los murrianos cerca de sus velas. Yo tampoco lo haría. Luchad, cuando llegue el momento, deberéis desaparecer del campo de batalla y llegar a los muelles.
Sus hombres lo miraron como quien mira a un difunto, entre la lástima y la reverencia. No dijeron nada. Pasada la sorpresa, el castellano de Alcorás se dirigió a su señor.
—¿Creéis, entonces, que seremos derrotados?
—Así es —contestó mirándolo a los ojos.
Dicho esto, les dio la espalda, alejándose de sus guerreros, que se miraban entre ellos como esperando que alguien cambiara aquella predicción funesta. Volvía a sentirse extraño entre todos aquellos hombres cargados de hierro, cubiertos de placas. Hubiera querido estar en el salón de su fortaleza, oteando los campos desde las ventanas alargadas, recordando en paz a sus muertos.

antigua vamurta mundo fantastico

Comentarios

  1. Igor,me tienes enganchada.
    muy bueno.
    Besos.

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  2. Estoy deseando tener esto entre mis manos!!!

    ResponderEliminar
  3. Más moral que el Alcoyano ;) jejeje, pero es cierto, una figura trágica hace que te identifiques con ella, me gusta ese personaje y la aceptación de su honor y destino :) ¡Viva el veguer de la Marca Sur!

    Un saludo :)

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  4. De acuerdo con Explorador. Joer... gracias por esta entrega (en todos los sentidos)

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