1 abr. 2012

Dicen que dice la Odisea

mitos y odisea
Una obra de PEP MONTSERRAT: http://pepmontserrat.com/blog
Me llevo a mi hija a la biblioteca de Sagrada Familia. Había la cine-alternativa pero ese es un camino muy despoblado hoy. Así que bajamos por calles en las que los humanos pasamos el rato, pues es sábado y hay que matar el tiempo y no al padre. Entramos en Palacio, ella con aire de fingida indiferencia y yo oliendo la sangre, husmeando nervioso. Sé que hay premio así que recorremos largos estantes cargados de tesoros cerrados, acaso olvidados. Me yergo sobre las patas traseras, apoyándome con las garras sobre los muebles. Tomo el tomo de Tranströmer, la luz del témpano. Sonrío moviendo la cola. Luego vamos a la sección infantil en la que si uno hace agujeros en la arena siempre halla huesos ricos en tuétano.
—¿Dónde está ese libro de cuentos de terror? —me pregunta.
—En la sección de filosofía y religiones.
Luego, la niña se escabulle, corre hacia los comics. Con el olfato erguido y reluciente, arraso en la sección de clásicos. Desgarro a dentelladas lomos y me quedo con esto:
«La guerra de Troya duró cosa de diez años y acabó con el incendio y la destrucción de la ciudad».
«Ulises, a pesar de la protección de que disfrutaba de la diosa Atena, la hija predilecta de Zeus, el padre de los dioses, fue quien más tardó en volver a pisar la tierra de su amada isla. Fue por su coraje, su astucia y la ayuda divina por lo que pudo superar todas las dificultades con las que se topó a lo largo de otro período de diez buenos años».
—¡Eo, Eo!! ¡Que he pillado una Odisea!!! Mira que dibujos… —exclamo, con un punto de ardor satisfecho.
Ella se gira y me mira. Arquea la ceja derecha que denota una mezcla de cansancio y escepticismo. Levanta un libro en el aire.  Mi hija ya ha escogido. Troto hacia allí con el rabo entre las piernas y leo: «One Piece, de Eischiro Oda». De la oda vuelvo a Ulises, ¡diez buenos años!

Ah, y si uno de estos días, estando ustedes ascendiendo cumbres borrascosas o en una playa de esas en la que puede aparecer el cadáver de un gigante o explorando la infinidad de capilares secretos de una gran ciudad, y topan con un tipo no identificado que les suelta, «buenos días, soy maese Igor Kutuzov y quería preguntarle…», no se paren. No sonrían. No contesten y sigan caminando. Tengan mucho cuidado ahí fuera.


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7 comentarios:

  1. Que obra maravillosa, la odisea ha dado lugar a varias versiones y reversiones; será que somos viajantes nomás (más o menos epidérmicos, pero viajantes al fin).

    Que lindo ir con un niño a la biblioteca; lo más niño de las personas es lo que nunca olvida Buscar.

    Muy pegadiza la canción del dibujo animado, me voy tarareando. Y mirando la arena sin hablar con nadie, tengo mucho cuidado aquí afuera.

    Gran abrazo. Un hermoso libro de viajes es "Planos temperamentales" de Le Guin.

    Pd: Conmovedora la obra de Pep Montserrat.

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  2. ¡Jajaja! One Piece arrasa, casi más que Naruto que es un clásico de la mitología manga ¡Un beso!

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  3. Pues sí, la guerra interminable, el inicio de la literatura y de muchas felicidades compartidas y ajenas. Que paradoja. Ok, tendré cuidado ;)

    Un abrazo :)

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  4. Ja, ja... Qué ameno post.
    Y qué chulo eso de abrirle a un tierno infante el paraíso de la literatura.
    Me encanta la Odisea, y esa "trampa" de ponerse como un "animal olismeador" en una biblioteca.
    Abracillos

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  5. Aparte de todos esas maravillas literarias, mi amigo Igor, me quedo con ese paseo por la Sagrada Familia, linea 2, jaja. Y me quedo con ese aroma a papel antiguo. Cómo disfruto cuando entro en una biblioteca, me puede la fragancia a tiempo invertido, a años de estudio, amor vertido sobre papel, paciencia, ambición, hambre. Que bien, y que adecuado me parece que compartas ese amor por los libros con tu hija.
    Un abrazo.

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  6. Te entiendo perfectamente! ;)

    Besos.

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  7. Jajaja, qué le vamos a hacer Igor... compartiré una anécdota contigo. Estando en la Casa del Libro de Gran Vía buscando una obra de teatro (estante donde también se encuentran, empolvados, los libros de poesía) me percaté de que nadie, con la de gente que entraba, reparaba en esos minúsculos dos metros cuadrados (el edificio tiene como cinco plantas). Resignado, yo a lo mío, de repente una chica se paró. Me eché a un lado, sonreí, y decidí conocerla.

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