15 mar. 2015

Tsipras, héroe griego

Corte de manga del primer ministro griego a la Troika comunitaria. Tspiras dice no reconocer a la Toika. Pero, ¿qué es esto de la Troika? Un grupo de amigos formado por la U.E, el F.M.I y el Banco Central Europeo… Que con sus brillantes políticas económicas arruinaron a media Latinoamérica y a media Asia y que han sojuzgado la Europa del Sur, eso sí, después de arrasar la industria ligera (poco tecnificada) de España, Italia, Grecia y Portugal al abrir las puertas al comercio asiático. ¿Por qué hicieron esa tontería de abrir Europa a Asia? Para poder exportar sus BMW y su industria altamente avanzada. Vaya, lo que los chinos todavía no saben fabricar. Crecer, crecer, pero solo algunos.

Syriza, el partido liderado por Alexis Tsipras, prometió renegociar la deuda y centrarse en el crecimiento económico del país. Tranquilizar a los prestamistas del norte y a los votantes de los partidos del norte, hundiendo  a sus ciudadanos en la miseria, no es la prioridad de Syriza. Ese es precisamente el trabajo de un líder, proteger a los suyos. Total, la U.E es lo que es, como el euro. Una asociación de mercaderes. A Europa le falta un alma. 

El truco, la estafa de la Unión Europea, consistió en lo siguiente: un club muy selecto de gente muy rica querían ser todavía más ricos. «¿Qué hacemos?», se preguntaron. «Invitaremos a los pobres». Y así lo hicieron. Invitaron a España, Grecia, Italia y Portugal y otros países pobres, diciéndoles «quedaos aquí, calladitos, y portaros bien. Al final y al cabo, vosotros no deberías estar aquí».

Luego prestaron cantidades ingentes de dinero a los países pobres, a sabiendas que estos nunca lo podrían devolver. Los caciques locales (aquí se llamaron Felipe, Aznar, Pujol o Mas, Zapatero o Rajoy) se frotaron las manos y pensaron, «qué bien, habrá un trozo de pastel para mí».  Todo perfecto. El dinero corría a raudales. Incluso se construyeron grandes avenidas que no llevaban a ninguna parte, para regocijo de los amigos y clientes de los presidentes, los caciques locales, que las construían. Los ricos prestaban dinero y dinero porque no sabían dónde meterlo pensando que, «si no nos lo devuelven, pues nos quedaremos con la casa entera (también llamada país) y dejaremos a los pobres del sur viviendo de alquiler para el resto de sus días», Amén. Llegó un momento en que pensaron que ya habían prestado demasiado, y que sería bueno ir a buscar otros países pobres para ganar todavía más dinero. Entonces fueron a Iraq, a Afganistán, a Libia, Egipto, Siria o Ucrania, para “instaurar la democracia y la libertad”, esto es, la dictadura de las grandes corporaciones. La del FMI, el Banco Mundial y la Unión Europea, se entiende. Está claro que hay una doble responsabilidad en esto de la deuda: la del que presta y la del que abre la mano y toma el dinero. Eso es innegable. Grecia y el resto de países no hicieron bien las cosas, y una parte de la responsabilidad es de los ciudadanos y también de las élites de cada país.

El tema tiene su gracia. La política de la UE viene dictada por Alemania y la desalmada (y muy corta de miras, la pobre) Angela Merkel, que nunca será grande. El olvido es una maldición. Se puede perdonar, pero jamás se debe olvidar. ¿Acaso no recuerdan en Alemania que el origen del nazismo estuvo en el hundimiento, la humillación, la desesperación que vivió Alemania durante la República de Weimar? ¿Esta gente que dirige la UE son ciegos, estúpidos o están muertos?  Adolf Hitler alcanzó el poder tras la hiperinflación y la rotura social sufrida por Alemania provocadas por Francia e Inglaterra y sus políticas de “devuélvame la pasta, tío”, aplicadas sin alma ni inteligencia tras ganar la Primera Guerra Mundial. Solo los norteamericanos se dieron cuenta de eso, pero ni ingleses ni franceses atendieron a razones. Quisieron que Alemania les devolviera hasta la última gota de sangre y de esa sangría nació el nazismo. Ahora vivimos el caso opuesto, son los alemanes que exigen que se devuelva hasta el último centavo a griegos, españoles, italianos y portugueses. Sobra mencionar cuáles serían las consecuencias, ya ocurrieron en el pasado. Si no hay crecimiento económico, derivaremos a los extremos.

Esta Europa ya no es la solución. Esta Europa es el problema. Otra Europa podría ser la solución. La deuda, sencillamente, es imposible de devolver. Para que vuelva el crecimiento económico, el real, hay que dejar de pagar para, acaso, poder pagar algún día.


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7 comentarios:

  1. Dejar de pagar, no está mal. Besos¡¡
    Me gusta tu idea¡

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  2. Bueno el boceto que de la situación expones. No cambiaría nada, pero... ¿Y qué determinación(es) tomará ahora Tsipras para complacer a sus acreedores y a sus votantes? Entonces sí será un héroe para los griegos y un admirado líder para el resto del mundo. No será necesario esperar mucho para ver resultados.
    Saludos.

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  3. Pobre griego, puede que esa alemana no sea nunca grande, pero sus botas le pisotearán cuando quiera si así lo decide, y no subestimes nunca el poder de Alemania, mi querido Igor, porque ahora, y a pesar de todo, son poderosos, y su poder de regeneración es inmenso, lo han demostrado siglo tras siglo.

    Salut!!!

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  4. Enorme la capacidad de Alemania para reconstruirse. No, no los subestimo. Recuerdo las imágenes de las ciudades alemanas bombardeadas. Hileras e hileras de calles sin techos ni fachadas, montañas de polvo y escombros.
    Aunque con Grecia han cometido un error de cálculo enorme y en Ucrania han fallado, el error geoestratégico es monumental.
    Lo han demostrado siglo tras siglo. Muy cierto.
    Saludos.

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  5. Ah, me comentaba un amigo el comentario que he hecho sobre el yhiadismo. Bueno, no lo justifico en absoluto. Sí veo que ese tipo de terrorismo nace de la miseria, de la ausencia de un mañana mejor. Ese tipo de lucha es una atrocidad, y las atrocidades jamás deben ser justificadas. De hecho, hay que combatirlas, pero tanto Europa como EEUU han fomentado el Estado Islámico por error de cálculo y ahora quieren emendar. Espero que no sea demasiado tarde.

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  6. Ahora estamos todos pringados. Los del sur nos hemos convertido, vía préstamo, en nuevos defensores de la ortodoxia a ultranza. Entre los préstamos para rescate y la prima de riesgo estamos todos controlados, y, al mismo tiempo, ya no hace falta controlarnos porque pasamos a hacerlo nosotros mismos. Nos hemos "convertido".
    Tenemos que sobrevivir.
    De todos modos, un préstamo tan descomunal va a ser difícil que se devuelva. Seguir por ahí... no sé. A lo mejor el tema no es devolver, sino tenernos cogidos, a los deudores en la trampa del deber, a los acreedores-marioneta en la trampa de la utilidad.

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