13 abr. 2015

Píllalo al vuelo

Estaba yo sentado en el sofá del comedor mirando, a través de la ventana, llover. Todo muy clásico. Entonces, emergió. Todo muy rápido. Lo pillé al vuelo y cerré el puño. Era un poema. Me volví a sentar para contemplar la lluvia, que repetía discurso. Al poema eso le importaba muy poco. No dejaba de moverse. Estate quieto, coño, ni caso. Seguí sentado, como si tal cosa. Tuve la tentación de rascarme la nariz pero me contuve. Esas cosas no las hacen los poetas. Como el poema se agitaba como un gato de corta edad al que quieres manosear, no tuve más remedio que levantarme, ir hasta el dormitorio, tomar papel y lápiz, sentarme en la mesa del comedor y encerrar el poema bajo llave. Luego fui a por una cerveza y puede volver a sentarme en el sofá. Daban un programa estupendo en la tele.

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9 comentarios:

  1. ¿Dejarás el poema en su cautiverio para que macere y tome forma sólida o abrirás el cajón para que sus versos se esparzan por el comedor?
    De tan real se muda en imaginativo este bello relato.
    Un abrazo.

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  2. Por el momento, prisionero a prisionero, he logrado estructurar una cárcel de poesía o segundo libro. Ya contaré. No sé yo si es imaginativo, ja,ja.
    Un abrazo.

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  3. Molt divertit!!! A vegades els poemes emprenyen, sobretot quan proves de dormir!

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  4. La parte menos realista del cuento es lo del programa bueno en la tele...

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Jaja, que te deje de una vez en paz el poema. No sé dónde está esa habitación, si fuera de ti o dentro de tu cerebro. Pero este microrelato me ha servido para saber cómo es eso, cómo es eso que siente el poeta. Ahora entiendo por qué habéis de tomar papel y lápiz y sacar esa cosa que está dentro, el poema. Es algo más que la expresión de un pensamiento, es una necesidad casi involuntaria. Está bien. En tan pequeño relato, se cuenta mucho.

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