17 mar. 2010

Epístolas

Unas ciertas horas de soledad al día, permiten algo impensable.
Surge una voz que antes se movía bajo tierra, ideas fugaces que un ritmo de vida frenético aplastan, diluyéndolas. Descubro que Existe otro, callado, y Otro es posible.

No sé cuántas epístolas escribiré, ni importa. Como dijo mi amigo Míguel una vez, las cosas hay que lanzarlas. Y luego ya se verá, añado yo.
¿Por qué epístolas? Porque la palabra es bella. Aunque admito que «divagaciones» también encajaría, o simplemente "cajón de desastres". Y la palabra epístola contiene un punto de mágica, un matiz de algo olvidado y mítico.

Intentaré no hablar mucho conmigo, ya que corro el riesgo de acabar como algún personaje de “El Enigma de la Cacatúa”, navegando entre nebulosas, o aún peor, podría confundir la sede de algún banco con un molino.

Antes o después del mediodía, subo la primera. Y no os preocupéis, estoy bien.

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4 comentarios:

  1. Es un buen tema, un género propio que puede ser muy hermoso. Las esperaré ;)

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  2. Hola,
    Tampoco no sé mucho cómo irá. Es un quiebro hacia la experimentación, sin más prestensión que el dejarse ir.
    Gracias por pasar.

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  3. Algunos dicen que con los e-mails se ha perdido para siempre el género epistolar.

    Yo creo que nunca como ahora se habían enviado y recibido tantas epístolas, aunque sean con la e- delante.

    Un saludo,

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  4. Ah!
    Y yo sin entrarme. Pues tiene fundamento lo que dices, aunque de alguna manera son epístolas efímeras que se las llevará el viento.
    Gracias por la vista.

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