3 oct. 2013

Los hipopótamos de Burroughs y Kerouac



libros generacion beat
hipopotamos se cocieron en sus tanquesMenudo para de tipos Burroughs y Kerouac. La generación beat sigue, lamentablemente, siendo actual. Leyendo, disfrutando de Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques. Un libro que no cuenta nada del otro jueves. Total, un grupo de borrachines de distintas edades que se juntan para ir a beber o estar juntos sin hacer nada en el piso de aquel o de aquel otro en Nueva York, en pleno agosto. No hacen nada, los americanos han desembarcado en Normandía y nadie sabe si lograrán llegar a París, hace calor y beben. 

Qué asco de libro, ¿no? Entonces, ¿por qué me gusta tanto? Es, además, literatura recortada, como la llamo yo. Semejante a la de Dashiell Hammett, Bukowski, Raymond Carver o más recientemente Bernhard Schlink en la novela El lector. Lo publica Anagrama. Así me gustan, Sr. o Sra. Anagrama, que sigan publicando. Sin libros mi vida resultaría todavía más tediosa.

Fragmento de Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques. Un fragmento que sirve como metáfora de nuestra querida crisis, hoy, setenta años más tarde. ¿No habréis tenido una sensación parecida alguna vez? Como aquel que alarga las noches de fiesta y desmanes dándose cuenta de que algo no encaja. Como aquella cuya manera de vivir —trabajo, valores, amigos— está desapareciendo y sigue igual, sin mutar. Ahí va:


«Se tomó un tercer martini. Me miró intensamente y me cogió del brazo.
—Mira —dijo—, eres un pez en un estanque. Y se está secando. Tienes que mutar en un anfibio, pero hay alguien que se te aferra y te dice que tienes que quedarte en el estanque y que todo se arreglará.
Le pregunté por qué en ese caso no hacía yoga, y me dijo que lo del mar venía más a cuento.
El camarero tenía puesta la radio. Un locutor estaba dando la noticia de que había un incendio en un circo y oí que decía: «Y los hipopótamos se cocieron y murieron en sus tanques.» Daba aquellos detalles con esa fruición empalagosa característica de los comentaristas de radio.
Phillip se volvió hacia Barbara y le dijo:
—¿Te apetecería un poco de hipopótamo cocido, Babsy?
—No me pareces gracioso —dijo Barbara.
—Bueno, pero vamos a comer de todas formas —dijo Phillip.
Salimos del bar y nos fuimos hasta el Automat de la calle Cincuenta y siete y cada uno se cogió una ración pequeña de alubias con tomate y una tira de beicon encima. Mientras comíamos Phillip no le prestaba ninguna atención a Barbara y Cathcart tenía que hacerle compañía a la chica.»



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6 comentarios:

  1. Del primero empecé a leer algo y lo dejé. Del segundo En la Carretera, mejor, pero tampoco hizo que abundara. En cambio de Bukowski leí más cosas. Creo que los autores de este libro están bastante sobrevalorados y que su fama viene más por lo malos que eran que por lo bien que escribían.

    Un saludo Igor.

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  2. Pues yo no puedo evitarlo, me encanta esa locura absurda, ese intelectualismo yonki sin sentido y este es un fragmento precioso de "En el camino", para que lo recuerdes:

    "Corrían calle abajo juntos, entendiéndolo todo del modo en que lo harían aquellos primeros días, y que más tarde sería más triste y perceptivo y tenue. Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes naranjas explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un -¡Ahhh!"

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  3. Como aquel que nota algo extraño, algo inexplicable y busca una explicación. Y entonces encuentra a Morpheo, quien nos ofrece la pastilla azul.
    El escapismo es un género que se recicla y vuelve de muchas maneras, como una hidra que nos arranca la atención. Pero, tal vez, la atención ya la tuviéramos arrancada. Y la hidra y la pastillita constituyan un espejismo con que objetivamos fuera de nosotros una indefinible culpabilidad o mala conciencia. Ya es algo.

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  4. La atención ya la tenemos arrancada. Apuesto por ello. Es imposible procesar toda la información que nos cae encima. Imposible.
    Creo que la metáfora del estanque y la necesidad de mutar en amfibio es toda una explicación vital, muy útil en estos tiempos en que te tienes que inventar el trabajo.
    Saludos.

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  5. Aaaaay, quien pudiera....

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  6. Como dirían esos tres sapos: bud-weis-er. Sí, quien pudiera adaptarse y mutura con facilidad. Con lo difícil que es eso. Saludos.

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