A finales de abril
La
densa ola se había llevado
el
temblor a otra parte.
En
la cama, solos, amparados
en
una cuna de oscuridad.
Tú
me hablaste de la muerte,
que
alrededor flotaba.
Tan
cercana, tan lejana, indistinta.
Cuando llegue, cuando llegue,
dije
yo, amodorrado por el orgasmo.
A
finales de abril hay un despliegue,
un
tanto invisible en la ciudad,
de
las fuerzas que nos llevan.
Hablamos
también de la vida,
palpable,
mucho más cercana,
que
sin cesar reclama lo suyo.
De
la tarde la luz todavía colgaba.
Una
ducha, la suavidad de tus piernas,
la
incesante marea de tus caderas.
Emergemos
del tanque cerrado
del
dormitorio, tomamos aire.
Cielo
y plazas como vivos brochazos,
en
lento aleteo el mundo se abre.
Sin
gravedad, radiantes de vez en cuando,
nadamos
por las calles hacia el prometido
y
tan breve y tan hermoso, mes de mayo.
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