17 abr. 2013

TERCER AVANCE DE ANTIGUA VAMURTA (SAGA COMPLETA)


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Tercer avance de la novela Antigua Vamurta (Saga Completa), libro de aventuras, traiciones y venganzas en un mundo medieval fantástico. En este avance aparecen dos de los grandes protagonistas femeninos Eszul y Sara. La Saga Completa está compuesta por seis partes, 61 capítulos y más de 800 páginas trepidantes.

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Y aquí os dejo un fragmento, el arranque del capítulo 39, para que podáis hacer una degustación on line del mundo de Antigua Vamurta. Pura literatura fantástica. Disfruta.

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37
oquadé



Mientras se dirigían a la puerta de la ciudad, Eszul avisó al conde:
—Esas de allí, las que nos reciben. Son sacerdotisas, todas.
— Está bien. No tenemos nada que esconder, Eszul. Nos mostraremos tal como somos.
Siete damas de altura formidable aguardaban, rodeadas por una cohorte de guerreros sosteniendo el emblema negro y rojo de la ciudad, que flotaba sobre una gran asta. No era lo que tenían en mente, cuando les hablaron de Oquadé como una ciudad permisiva. Abrigadas con varias capas de tejidos finos de algodón negro, bajo los mantos se podían entrever una infinidad de argollas de acero que las aprisionaban. Sonreían, pero sus miradas eran gélidas como una mañana de invierno zaherida por el viento. Querían saber, eso el conde lo entendió enseguida. Los capitanes de la hueste caminaban lentamente, como si estuvieran en una ceremonia. Bajo los grandes aros, las sacerdotisas vestían una malla blanca que sobresalía en cuello y
mangas. Las largas uñas de las damas trazaron gestos extraños en el aire. ¿Los bendecían, los exorcizaban? No eran mayores, eran féminas de mediana edad y jóvenes también, pulcramente pintadas para la ocasión. Negro en torno a los ojos, morado oscuro en los labios, rojo chillón en las mejillas. Hermosas a su modo ancestral. Al llegar a su altura, observaron sin disimulo a la Bálkida, Eszul.
—Una mujer roja con gentes grises y vesclanos —dijo una.
—¿Para qué los seguirá? —preguntó otra.
—¿Por qué habéis venido a Oquadé, ciudad del límite? —inquirió una tercera.
Serlan dio un paso al frente. Antes de que pudiera abrir la boca, la más pequeña de todas ella, que era algo más alta que el antiguo conde, se situó frente a él. Cerró los ojos y apoyó sus palmas cobrizas sobre la frente del estratego. Se hizo un silencio absoluto, los hombres de armas de la aldea los vigilaban con atención.
—Podréis entrar en la ciudad —dijo la mujer, despegando sus manos del cráneo del capitán.
—Entrar pero no dormir —añadió otra.
—Y queremos saber. Saber quién es esa mujer roja, saber de la muchacha sin mano, saber. Saber sobre vosotros, los errantes. Sois nuestros invitados.
El conde asintió y les prometió contestar a sus preguntas. Sara las miraba, callada, sin que su expresión delatara lo que pensaba. Eszul, altiva, sonreía con malicia. Las sacerdotisas se hicieron a un lado, y los capitanes avisaron a la tropa de que se les permitía entrar.
Oquadé no se parecía al resto de ciudades libres. Se podría decir que solo existía una calle, tan amplia que por ella podrían transitar cuatro caravanas pegadas las unas a las otras, y el resto eran viviendas con fachada a estrechísimos callejones. Todas las casas tenían amplias ventanas para absorber la poca luz que llegaba del cielo y pequeños balcones floridos. En algunas azoteas se habían construido minúsculas jaulas de vidrio donde, acaso, alguien podía meditar o simplemente ver la lluvia caer sin mojarse. Lo sorprendente era que las fachadas estaban profusamente adornadas con bajorrelieves y pinturas de motivos alegres, desde estrambóticos conjuntos florales hasta animales y representaciones de los oficios. Unas imágenes que contrastaban con el acre olor a hierro fundido que se esparcía en el aire. Algunos propietarios de viviendas incluso plantaban árboles y flores sobre los tejados, lo que, a veces, daba la sensación de estar bajo un jardín. En aquella humilde urbe norteña, sus habitantes se preocupaban por ser felices.
La hueste avanzaba maravillada por la única avenida, abriéndose paso entre el gentío; los renos lanosos y malolientes, los mercaderes que se frotaban las manos viendo a tantos posibles compradores juntos ante sus puestos de venta. Los niños corrían entre sus piernas, admirándolos. Lemas, jugueteando con su cuchillo de matarife, pensaba que nunca los habían recibido con tanta cordialidad. Una de las callejuelas hedía a cuero curtido, la calle de los carpinteros a madera cortada y de la de los tejedores llegaba un caos de voces. Allí los aprendices cantaban mientras hilaban.
—Algo en vos les ha gustado a esas sacerdotisas, señor —dijo Eszul a Serlan—. Cuidaos de ellas.

A su lado, Éccate se intranquilizó. La pronta aparición de unos malabaristas que pedían la voluntad por su arte, lanzando aros de colores, los distrajo.
—De cualquier modo, cuidémonos de no disgregarnos por este bello laberinto —avisó Serlan a los mandos.
El griterío aumentaba. Llegaban a la plaza cuadrada, la única en toda la aldea, donde se aglomeraban las caravanas, el mercado y los dioses de todas las procedencias. Olía a especias y a metal, a pan recién hecho. Las estatuas de Onar y Sira convivían en armonía con las de Zintala, Osapa y Tamboras, de los hombres rojos. Lateas se alegró de ver un pequeño templo dedicado al Boadhais, cuya fachada estaba prácticamente forrada con musgo en toda su superficie, cuidadosamente regado y cortado.
—Aquellos son los edificios del Consejo —señaló el viejo vesclano—. Aunque parecen un gran bazar, si no fuera por esos guardias imponentes. Y aquel gran palacio es el de las sacerdotisas, llamado del Consejo, donde deciden junto a los prohombres de Oquadé. La plaza la llaman Las mil puertas, y es bien conocida por nuestros mercaderes.
Enseguida comprobaron que la colonia de hombres rojos era la dominante en la urbe y que su gobierno permitía y alentaba a cualquier recién llegado, fuese de la creencia que fuese.
Icet, que se había quedado atrás con sus vesclanos más próximos, lo observaba todo con su mirada taimada. En aquel gran mercado que era la plaza central de Oquadé, llegaban expediciones comerciales de todos los rincones de las colonias. Incluso podían encontrarse armas y artesanía que nunca antes habían visto: espadas exageradamente curvadas, arcos pequeños y manejables para jinetes, arcabuces de cañón esbelto, cerámicas esmaltadas de cuello alto y estrecho, tejidos con brocados y ribetes suntuosos.





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15 comentarios:

  1. Un texto bien abrigado, de esos que pone en marcha más sentidos de los habituales. Yo suelo valorar la escritura en función de cuántos sentidos me activa, y en ésta he utilizado el tacto, lo cual es buena señal.
    Enhorabuena.

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  2. Hola,
    Sí que a veces este libro parece el Imperio de los Sentidos. Y el de las imágenes, pues, creo, trabajo mucho el aspecto visual. No es una apuesta, es que pienso con los sentidos y las imágenes y así lo traslado al texto.
    Saludos y gracias por el comentario.

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  3. Pues, estoy participando por tu libro en un sorteo, así que esperaré a ver que pasa, y si no... lo compraré jejeje. Un besazo.

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  4. Es cierto que en todos los sentidos suelen despertar mientras lees Antigua Vamurta. En cualquier momento puedes oler los aromas de la mirra, o escuchar el cabalgar de los ciervos... Es un libro para leer con calma y sentirlo...

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  5. Cierto. Decía una lectora que es de "aparente fácil lectura". Y lo es. Se sigue bien, pasado el tercer capítulo, que es cuando los lectores de Antigua Vamurta se sitúan. Pero por debajo de la sencillez huele a mirra, a metal, a vida y a pura aventura.
    Saludos.

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  6. Jo... No tengo tiempo de nada. Tengo la sensación de que me estoy perdiendo muchas cosas. La segunda parte de Vamurta (la primera la leí en su día) es tarea pendiente para este verano. SEguro
    Besos

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  7. Es lo que tiene la vida de obligaciones. Trabajar es un intercambio tan necesario como oneroso para el que lo acepta. ¿Quién no se pierde cosas en este mundo de información incesante? Imposible lllegar.
    Besos.

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  8. Jeje, en una sola frase los lectores podemos pasar del mayor alivio... "—Algo en vos les ha gustado a esas sacerdotisas, señor —dijo Eszul a Serlan—". A la más profunda desconfianza..."Cuidaos de ellas."
    A partir de esta frase, miramos la ciudad atisbando tras cada gesto, recelando de todo. Mientras nos surgen estos resquemores, nos vas desarrollando la descripción de la urbe. Así, ambas, observaciones (descripción) y sospechas (recelo), van de la mano.

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  9. ¡Anda! Acabo de tomar consciencia de la escritura inconsciente o mejor explicado, que no me doy cuenta de algunas (bastantes) cosas.
    Algunos lectores, por ejemplo, me preguntaban si surgiría una historia de amor entre Sara y Serlan, a lo que evidentemente no contestaba. Es lo bueno de trabajar con estructuras abiertas.
    La ciudad de fantasía de Oquadé me encanta. Me gustaría pasar una temporada allí, vigilando a esas raras sacerdotisas rojas que ordenan y mandan una urbe de las libres del norte.

    Saludos, dafd.

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  10. Me siento como si me persiguieses con un látigo para que lo lea :-D. A ver si cierta persona se despega del Kindle ya...

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  11. Bueno, soy como un cocinero que va dejando pequeñas raciones sobre la mesa común. No habrá muchas más degustaciones, para que no sufras. A lo sumo, una o dos más.
    Saludos.

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  12. He visto que lo venden sin DRM en amazon, mi duda es si puedo convertirlo en epub, ya que no tengo kindle y me gustaria comprar el libro.
    Gracias

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  13. Pues, efectivamente, Antigua Vamurta se vende sin DRM en Amazon. Lo puedes comprar y reconvertirlo en epub mediante un programa llamado Calibre, que es de descarga gratuita. Prové el Calibre por curiosidad y, de manera intuitiva, conseguí transformar los formatos. No tengo lector de ebook, de tenerlo, seguro que le daría más utilidades a ese software.

    Enlace a Calibre: http://calibre-ebook.com/

    Espero haber sido útil.
    Saludos.

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    Respuestas
    1. Lo compre y convertido a epub sin problema. Ahora espero disfrurlo :)

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    2. ¡Hombre! Cómo me alegra. Pasarás un buen rato con este libro de fantasía y aventuras. Y, ya, si sueñas con el libro, sería la hostia.
      Y me alegra la conversión del formato kindle al epub o pdf. Creo que estos dos formatos son los que tienen más futuro, me puedo equivocar, claro, pero el epub y pdf se pueden leer en todos los dispositovos de ebooks.
      Saludos.

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