10 oct. 2013

Banderas y helados


Banderas y helados                      

Yo me como un helado
mientras que por televisión
agitan las banderas.
Banderas hermosas de colores:
calavera sangre,
calavera oro,
calavera musgo
calavera de mar.

Me como un helado
mirando a mi mujer
que lee y bosteza
entre grandes palabras
de voceros dispares
repetidas en antena.

El helado es bueno,
tiene láminas crujientes
de fino chocolate.
Me pregunto que debieron pensar
los revolucionarios franceses
cuando llegó la Restauración
o antes, cuando Robespierre
los saludaba graciosamente
en Brumario con collejas afiladas
siempre bajo la bandera,
calavera de tres sabores.


Me como un helado
ahora que el otoño
no se atreve, todavía,
antes de que el invierno
me encierre en un largo
glaciar de cadencioso silencio.

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7 comentarios:

  1. Disfruta de tu helado y no sigas las banderas. Las banderas solo son trapos de colores que nunca traen nada bueno. Las banderas separan. Las banderas enfrentan hasta en las olimpiadas. ¡Pero es tan difícil no seguir una bandera!

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  2. Cierto, Dissortat. Todas las banderas conllevan un poso de egoísmo. De interés creado.
    Me hago mayor, comienzo a ser repetitivo. Quizá ya lo haya dicho: las memorias de aquel general norteamericano que a finales del XIX guerreró por Centroamérica. Concluía con algo como esto: "al principio creí que seguíamos a la bandera. Más tarde me di cuenta que seguíamos al dólar".
    Sirve para todas las banderas.
    Díficil es no seguir la bandera. "Cuando la fiesta nacional / Yo me quedo en la cama igual, /Que la música militar /Nunca me pudo levantar.", que diría Loquillo versionando a Brassens. Esto no lo leerá mucha gente, por suerte.

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    Respuestas
    1. Yo salía de tomar café esta mañana del bar y la puerta de la iglesia estaba a rebosar, creí que había boda, pero no, por la fecha era otra la celebración...
      Saludos. (La versión de Paco Ibañez fue por la que conocí la canción a finales de los setenta).

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  3. Las banderas son muy televisivas, sobre todo desde que es en color, ahí sí que lucen en todo su esplendor, en los deportes, en las manifestaciones políticas, ecológicas, en las guerras,.. una bandera y una masa alrededor, arropándola. Aunque en las guerras se ven menos últimamente y es curioso porque antes casi era su ámbito exclusivo. Ahora en las batallas casi no se ven, y cuesta identificar a los buenos y los malos tal vez por ese motivo, si acaso esa bandera azul que aparece cuando ya casi no hay remedido y tarde casi siempre, o las blancas de periodistas y organizaciones de auxilio. Saludos Igor.

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  4. Las banderas de mi casa son la ropa tendida.
    Prefiero un helado.
    Bs

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  5. Complicado el tema de las banderas. En realidad no es más que un trapo, y sin embargo, por lo visto, es una representación de gente, y de lo que hay detrás. Esa ambivalencia entre lo que es
    y su significado me zarandea (y me zarandean) entre los extremos de su superficie.

    Puede haber alguno que use, a modo de ganzúa, una bandera para entrar en la cpu de mi cerebro, y cambiar cosas ahí, incluso las claves secretas de acceso para manejarme cual marioneta.


    El helado es otra cosa. Ahí tengo las cosas claras: no se puede ser de una heladería y de otra al mismo tiempo. En el Paseo Pereda, perenne es la competencia, y uno no puede permanecer neutral.

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  6. Gracias a esta red, he visitado el Paseo Pereda, en Santander. Grandioso y muy azul aunque desconozco si el viento sopla con fuerza. Las peleas de heladerías bien podrían ser una metáfora del presente, en estas tierras peninsulares donde abundan las banderas como horchaterías en Alboraya.

    Nos zarandean. Eso lo tengo clarito. Absolutamente. Con banderas, con falsa información, con deseos que no necesitamos.
    Badera roja, bandera oro, bandera musgo, bandera azul de mar. Me dejo la bandera lusa.

    Saludos.

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