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Cuentos de Fantasia. Ulam (II)


vamurta un mundo de cuentos de fantasia

Segunda parte del cuento de fantasía, "El Canto de Ulam", uno de los relatos fantásticos de Antigua Vamurta.

La primera parte del relato está antes de este post y la segunda, después. ¡Fácil! Dejo los links para acceder.

Enlaces El canto de Ulam, primera parte: 1º parte.
Enlaces El canto de Ulam, tercera parte: 3º parte.


El Canto de Ulam  (segundo fragmento)


cuento
Ulam, música, fantasía.
«El sol del mediodía alcanzó su cenit. Se dio cuenta al abrir los ojos que volvía a sudar. Dejó su pequeño instrumento apoyado en la roca y levantó la cabeza. La miraban entre las encinas que tenía enfrente. Ulam se incorporó de golpe y agarró su flautín como si de una daga se tratara. ¿Qué eran? Antes de que sus piernas empezaran a alejarla de allí sonaron, alegres, las notas de otra flauta. No sabía qué hacer. Se disolvió aquella melodía y de entre aquel grupo brotó un nuevo cántico y otro lo siguió a continuación. Veía ante ella una hilera de seres, de animales cubiertos con túnicas de color tierra y collares de cuero de diferentes gruesos como único atavío. Animales de piernas parecidas a las de los hombres, erguidas. Debía salir corriendo pero la curiosidad la retenía. Las cabezas eran en algo similares a los cráneos de las gacelas meridionales, pero prácticamente carecían de pelo y sus labios eran finos y sonrosados. Se apagaron las flautas y, aún de pie, sin entender muy bien el motivo, Ulam respondió con su flautín. Mientras su música discurría suave como un riachuelo aquellos parecían escucharla, fascinados. ¿O se lo imaginaba así?
Cuando calló, los otros guardaron silencio hasta que uno de ellos la replicó, rompiendo la tensión repentina que sintió Ulam. Los observó un poco más, dándose cuenta de que en algo recordaban a los murrianos que alguna vez había visto pasar cerca de su pueblo, en la frontera. Manos de tres dedos muy anchos, duros, cuerpos alargados y estrechos, unos pocos mechones de cabello negro cayendo hacia atrás, la frente alta. No parecían agresivos ni Ulam vio arma alguna, quizás fueran aquellos de los que se hablaba en la plaza del pueblo, en las noches de verano, cuando los vecinos se reúnen y beben naranjadas para ahuyentar el bochorno. Tras unas breves réplicas, Ulam recordó a su padre y todas las plantas que no había recogido. Hizo un gesto rápido con la mano a modo de despedida y volvió sobre sus pasos, casi corriendo. ¿Los volvería a ver? Nadie parecía seguirla, a sus espaldas le llegaba el tenue murmullo del calor en el follaje. Su cabeza hervía con tantas preguntas, estaba tan excitada que casi no se dio cuenta de que ya había salido del cobijo de la arboleda.
Al llegar a casa juró no decir palabra a nadie, ¿quién la creería?, y menos a su padre, que no la entendería y del susto no la dejaría volver a aquella floresta nunca más. Quizás ahora hubiera encontrado unos que amaban la música como ella, y con quienes no necesitaba hablar. Antes de cruzar la puerta de su casa se preguntó si los seres del bosque sabrían utilizar las palabras. Incluso se preguntó si lo que acababa de vivir no lo habría imaginado. Bebió agua fresca del cántaro y puso patatas y calabacines a hervir. Pronto llegaría su padre del huerto, y llegaría hambriento.

Días después se aventuró de nuevo entre los árboles. Tras recoger un buen puñado de tomillo, se adentró. ¿Cómo volvería a encontrarlos? Tuvo una ocurrencia, era la única forma. Hizo sonar su flautín mientras iba avanzando, sorteando zarzas y matorrales. Pronto oyó a lo lejos unas notas que respondían a sus señales. Había una alegría, un latir, en esa música. Ulam tocó y tocó hasta que las melodías se fueron enlazando entre los árboles y el cielo. De pronto los vio. Se volvió a asustar al ver aquellas cabezas de gacela tan cerca, pero la música hizo que su miedo se fuera disipando.
A ese hallarse siguieron otros, en los que Ulam aprendió a confiar en ellos. A veces eran tres o cuatro, a veces más, hasta diez contó un día. Ya no tocaban separados, se sentaban en círculos, aceptando a la niña. En ocasiones hacían resonar flautines y flautas junto a pequeños tambores, quebrando el silencio agostado del bosque. Cuando Ulam tocaba, los hombres gacela parecían atender, mirándola con sus ojos de agua negra y sus hocicos derechos, hasta que uno repetía las notas y el siguiente las volvía a repetir introduciendo variaciones, marcando un timbre o alargando un pasaje, hasta que el canto de Ulam se transformaba en la voz de muchos, que era la voz de los montes y claros, de los campos al amanecer, del río que murmura en las noches junto al soplo de la brisa que discurre sobre las llanuras.
Su vida continuó con el secreto, aunque a muchos en el pueblo les extrañó que aquella chiquilla de trenzas apelmazadas hubiera aprendido tanto en el intrincado arte de la música.»


Ulam, tercera parte: 3º parte

Comentarios

  1. ¿Cómo acabará esto? Me tienes intrigada! :D

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  2. ¿el uno de Julio? ¿por qué el uno de Julio?

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  3. Hola,
    Esto ni acaba bien ni acabal mal del todo. A ver si continúas intrigada, Meme. Y gracias por comentar.
    1 de julio de 2010. La verdad por delante, Guillem, soy sincero. Me he puesto a escribir otra vez. Necesito balones de oxígeno y el blog es peor que una máquina de marcianitos. ¡Aire!
    PD: tu novela me está gustando. Ya te iré comentando.
    Saludos.

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  4. Genial narración! Me ha gustado mucho, Igor. Debo reconocer que la fantasía es uno de mis generos favoritos, y tu no la haces nada mal escribiendola. En mi novela también le doy una gran importancia a los bosques y al misticismo que estos esconden, y también uno de mis personajes toca una flauta, similar a las Sakuhachi de los monjes Zen. Quizas algún día puedas leer la historia.

    Saludos!

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  5. Hola Kensan,
    Los bosques... Zona mítica. Parte de mi infancia huele a arboleda. Y los místicos de la Edad Media se perdían en ellos, intentando encontrar a Dios, o en los desiertos. Excepto los irlandeses, que a falta de bosques y desiertos se adentraron en el mar. ¡Vale! Me estoy desviando del tema.
    Aún ahora cuando miro a un bosque me entran ganas de perderme.
    Saludos.

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  6. ...el largo arte de la música. Ese que nos eleva a un estado superior. Ulam hace bien perdiéndose en acordes. Hasta me da envida.

    ¿Sabes Igor? Leyéndote pierdo el mundo real de vista. Este relato es jodidamente bueno.
    Saludos!

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  7. Hola,
    A mi también me da un poco de envidia, poderse concentrar así y ser así de libre, en el fondo. ¿De mayores nos estropeamos?
    Y gracias por el comentario. Creo que Ulam es mejor relato que el de Ermessenda. Espero que te guste el final.
    Un abrazo.

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  8. Aquesta comunió entre els éssers del bosc i la Ulam, per mitjà de jams al bosc, son encantadores, tant de bo, res les destorbi, i aconsegueixin crear un nexe comú durador.

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  9. Que interesante... Me gusta el momento en el que se conocen a través de sus melodías. Se oyen los silencios expectantes entre las frases ;)

    Un saludo :)

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  10. un día tengo que escribir yo también cosas bonitas...

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  11. Hola,
    Jordim, por mi parte prometo escribir otro tipo de relatos, con el tiempo. Incluso tocar el relato urbano, la actualidad.
    Explorador, gracias por el comentario. En Ulam, el bosque mediterráneo y su silencio de verano también juega.
    Hola, La Meva Perdició, creo que algún nexo de unión para siempre sí les quedará. Gràcies per la visita.
    Saludos.

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  12. Diooos sencillamente lo amé *_* yo igual quedé intrigada, demasiado intrigada!!!

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  13. Boleyn.
    ¡¡Fin de la intriga!! Ya he subido el final.
    Me alegra verte por aquí.

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