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Vuelvo a ser peligroso

Ahora que llevo unos días sin trabajar, encerrado para que no me pille por la calle el coronavirus, me doy cuenta de las pasmosas energías que todos invertimos en ganarnos el sustento. No hablo tanto de horas como de energías. Eso de llegar a casa, tras la jornada de trabajo, y darte cuenta de que no tienes alma para más. Descansado, vuelvo a ser peligroso. He recuperado el escribir según una rutina y no a ratos, que es lo llevo haciendo en los últimos años. Escribir es plasmar lo que no se ve. Que tus dedos crucen la gasa de lo invisible. Tantear algo que no es evidente. Y con mucha suerte conseguir traer un fragmento de vuelta. Ni que sea para dejar una leve pátina. Lo intuido. Así escribo poesía.

Nadie

Acabo de subir a casa. Son casi las once y media de la noche. He paseado unos cinco minutos. Por primera vez en mi vida no he visto a nadie. Nadie. No ha pasado ningún coche. No he visto humano alguno. Se oía el crujir de las ramas de los árboles, la risa de un niño tras una ventana, el crepitar de las neveras de los bares, el viento golpeando las persianas de los locales, hojas y papeles bailando sobre las aceras. El crujir de mis propios pasos. Nadie. Calles completamente vacías, el cielo nocturno amenazando con más lluvia, una nueva música para la ciudad. Nadie, por primera vez, nadie.

Ayer fui al hospital y vi a Coronavirus

No lo puede eludir. Una familiar muy mayor se había caído en casa y se había abierto la cabeza. Uasaps, llamadas, mensajes. Tuve que ir hacia aquel hospital con muchas prisas, un hospital de tamaño medio de Barcelona, cruzando en coche una ciudad fantasmagórica. Así, cerca de las ocho de la tarde subí la rampa del aparcamiento del hospital y aparqué justo delante de la puerta en el momento en que el crepúsculo expira. Apareció un guardia de seguridad. Caballero, sabía usted que ... Le expliqué que nos había llamado una doctora pidiendo que nos la lleváramos en menos de dos horas. Que era muy peligroso que se quedara ingresada a pesar de la caída y la brecha en la cabeza. Riesgo de infección de coronavirus. Los hospitales son zona de riesgo máximo. El vigilante me dijo que dejara el coche ahí, que ningún problema. Era el único coche del aparcamiento. Un aparcamiento de hospital vacío.  Subí las escaleras hasta la sala de espera de urgencias, un gran espacio acristalado con vis...

Quédense en casa.

Quédense en casa. Estoy fumando un cigarrillo en el patio de mi casa. Rodeado de otras celdas de humanos que ascienden hacia el cielo. Son las seis y algo de la tarde en Barcelona. Hay muchas teles encendidas a la vez, muchas voces de lata. Me pregunto si la nicotina y el coronavirus serán buenos amigos. Los canales de televisión están tomados por los expertos. Los expertos nos dicen lo que debemos hacer. Quédense en casa. Mamá, yo de mayor no quiero ser ni juez, ni policía, ni médico. Quiero ser experto. Quédense en casa. No salgan. Cierren bien las puertas. Las voces de los expertos se cruzan en el aire como moscas que sobrevuelan la carroña. No toquen a nadie, no le den la mano. Sobre todo, no salgan de casa. Los besos son cosas del ayer. Quédense en casa. 

Antropoceno, ¡cierra esa puerta!

Allí arriba en los cielos, sin que julio haya llegado, hay un dios que va corriendo de una a otra constelación. Me he dejado la puerta del horno abierta, otra vez. ¿Cómo puede ser? Qué tipo de pastel está cociendo no lo sé. Abajo, los tecno-humanos, van haciendo sus cosas. Hay grandes pensadores que hablan de una nueva era geológica, el Antropoceno, marcada por la huella de la mano del hombre en el barro de la Tierra.  En un terreno más práctico, el nivel de supermercado de descuento, que es el que más me afecta, algo está pasando. Vuelven a amontonarse los coches sin vender en las praderas. Y un poquito más arriba, en el viejo juego de a ver quién manda, los antiguos engranajes hace tiempo que han sido cambiados. Otra era llega con otra era. Adiós Marx, adiós Adam Smith. Adiós estados del bienestar. Además, hace tiempo que no hay alternativa, como antes, con los comunistas. Hasta el Barça es una sombra de lo que fue. Un ciclo de cambios. ¿Mejor o peor? Como el fútbol de ah...

Poesías Amor y Moscas

Poesías Amor y Moscas (Lluís Viñas Marcus, 2018) es el título del último libro de poemas que he publicado. Y claro está, este hecho es para mí una alegría. Vida y destino me zarandean, corro de un lado a otro sin mucho atino. Así van pasando los días, como casi todos. En cambio, poder escribir y poder publicar un tercer libro de versos, además de inevitable, me produce la sensación de que todo se asienta y cobra mayor sentido. Escribo, respiro. Poesías Amor y Moscas es un diálogo y una exploración de lo humano: poesías de amor, sobre el mundo, sobre las olas del tiempo. El libro de poesía es un viaje desde lo próximo a lo lejano buscando respuestas y tanteando explicaciones para comprender la condición humana y su lugar. Este ebook de poesía lo podéis descargar en varias plataformas. Las principales son: -          Google Play Libros:  Enlace al Libro. -          También en Amazon y otras...

Frío

Hace frío, ¿no?. No sé qué tiempo hará en Venezuela donde se disputa el gobierno, el país, sus gentes y el petróleo. En algunos países el "zumo de dinosaurio" es una maldición. Democracia, libertad. En realidad es el petróleo, el resto es secundario. Bien recuerdo los Freedom Fighters que pagan los norteamericanos en los ochenta y que años después los llamamos talibanes. "Libertad, libertad..:". Eso en la banda alta. En la banda baja —nosotros—, es un desastre. Cuando en un país se marchan los pueden, muchas veces los jóvenes, más vale apagar la radio y hacer las maletas. No sé cómo acabará, solo sé que en Siria, Iraq y Libia las cosas no fueron a mejor. Claro que Venezuela no es Oriente Próximo. Y este frío es malo para los sapiens mediterranensis. Y para todos. Incluso para los de Vox, que no dejan de recordarme un tema machacón de los ochenta que repetía mil veces el I'm living in a Box . Que malas son las cacofonías mentales y que malo es vivir encerrado ...