Voy a correr dos veces por semana. Es un buen complemento para el judo, mi
deporte, ya que el judo tiene mucho de técnica y potencia pero, curioso,
requiere también resistencia.
Normalmente salgo a correr cruzando la Serenísima República del Baix
Guinardó. Dejo atrás infinidad de gente mayor que caminan como si fueran a
desmontarse en cualquier momento y me señalan el futuro. Dejo atrás terrazas
cargadas de cascotes vacíos de cervezas y risas que se sostienen unos segundos
en el aire. Cruzo parques donde los perros y los niños no me quieren. Y llego a
un punto alto donde, tras una curva cerrada, se abren las cortinas de Barcelona
y el Mediterráneo, a los lejos, abre los brazos calientes en julio. Y sigo
siempre el mismo circuito.

Si esas palabras fuesen ciertas, yo me hubiese salido de la galaxia, mi querido amigo.
ResponderEliminarUna forta abraçada
Me queda la duda si tus pensamientos te perdieron por las callejuelas o si éstas desviaron tus pensamientos. Pero en cualquiera de los casos hubo pensamiento y ejercicio, y eso es lucrativo resultado para un tiempo de asueto.
ResponderEliminarAbrazo deportivo.
Es extraño lo de este "Correr". A pesar de su radical localización, uno parece ir perdiéndose. Pero eso es imposible, ¿no?
ResponderEliminarBueno, yo creo que cuando mejor se corre es cuando la cabeza empieza a divagar. Estás corriendo pero no te das cuenta apenas. Vas cruzando calles, trotando, y la mente se permite un viajecito. Por Gràcia, por donde sea. Ah, el deporte borra la mente. Es un reset placentero.
ResponderEliminarSaludos.