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Ebook fantasía épica, Vamurta

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 Capítulo 3
(6º fragmento)

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   El capitán Álvaro seguía animando a sus soldados y bebiendo pequeños sorbos de vino cuando apareció, resoplando, uno de los ballesteros que habían mandado hacer de centinela.
   —Señor, avanzan.
   El capitán salió corriendo de la formación hasta llegar a la brecha. Se encaramó sobre los sillares caídos de la muralla hasta estar lo bastante elevado para ver gran parte del valle. Así era, se podía observar algún movimiento en las huestes dispuestas frente a la ciudad, pero no podía saber de qué se trataba. Buscó la escalera de caracol que ascendía hasta las almenas de los muros. Pasó entre los pocos arqueros que había ahí dispuestos, y sacó la cabeza entre los dientes de la muralla con prudencia, consciente de la amenaza de las culebrinas. Un viento suave surcaba el aire.
   Bajo el cielo matinal, cruzado por estrechas colas de nubes, una masa de manchas ocres avanzaba lentamente. Localizó a la infantería ligera en el centro, tres cuadros avanzados al cuerpo de ejército. Detrás los seguían grupos de arqueros y más atrás tropas que no logró identificar. En medio de estos dos grandes grupos, los murrianos habían situado las ocho torres de asalto que se balanceaban, cada una movida por filas de decenas de bueyes. Por el flanco derecho avanzaban los jinetes de Ulak, formando un inmenso triángulo, medio oculto bajo la nube del polvo que levantaban las pezuñas de los ciervos de combate. El capitán se extrañó al detectar por el flanco izquierdo grupos de infantería y arqueros que formaban un grupo autónomo, desligado del cuerpo principal. También notó que habían dejado los arcabuceros muy atrás. Demasiado lentos para un ataque ágil. Las bombardas iban siendo desmontadas y cargadas sobre las espaldas de los grandes rinocerontes, y también se retiraban las filas de culebrinas que habían martilleado la parte alta de la muralla. La infantería que protegía las armas de fuego se replegaba, dejando espacio para el paso de los que llegaban desde atrás.
   El capitán se rascaba la barba, cavilando qué era lo que pretendía el enemigo. Estuvo un buen rato mirando, parapetado detrás de una almena, concentrado en sus divagaciones. Sacó una caña de tabaco de debajo de su coraza y la encendió. Desde arriba ordenó que los arqueros se desplegaran detrás de los dientes de la muralla junto con algunos infantes armados de lanzas. Mientras fumaba iba perdiendo la tensión que no le dejaba entender la maniobra de los murrianos. Era muy clásica. Dio otra calada a la caña. Había un ataque directo, por el centro. Se intentaría asaltar la muralla y a la vez entrar a la ciudad por la brecha. Además, el flanco izquierdo del enemigo buscaría un ataque secundario por algún punto mal defendido, más al sur, que le obligaría a prescindir de algunos de sus hombres.
   Se incorporó de un salto y bajó las escaleras de la muralla de dos en dos, pasó por delante de las falanges y llegó hasta las calles donde aguardaban las tropas irregulares. Habló con los oficiales y les ordenó seguir el flanco izquierdo del enemigo, marchando hacia el sector del río, con la orden de no enrocarse en ninguna posición hasta estar bien seguros del punto de penetración del enemigo. Les asignó dos brigadas de ballesteros, reduciendo de esta forma los efectivos que defendían la brecha. Hecho esto, volvió con sus soldados. Mandó traer vino para todos. La iniciativa fue recibida con vítores.
   Mientras la tropa bebía, el ejército murriano se acercaba lentamente. El capitán creyó que era el momento de ir al encuentro del veguer de la Marca Sur. Lo encontró plantado delante de la brecha, con las manos enlazadas a la espalda. Parecía bastante tranquilo, como si nada indicara que estaba a punto de desencadenarse un combate atroz. Bajo la visera del casco, las dos gotas de sus ojos oscuros eran las de un hombre sereno. El veguer se giró al oírlo llegar. Su boca trazó una mueca fatigada.
   —Capitán, llegan los días de los valientes —dijo con resignación.
   —Veguer, cualquiera pensaría que estáis a punto de salir por ahí —contestó, señalando los campos donde avanzaba el enemigo—, a dar un paseo.
   —Un largo paseo, sí —repuso, sin que su rostro expresara nada.
   —He dispuesto a los arqueros sobre la muralla y he dejado los ballesteros que me quedan sobre esta ruina —explicó, mirando las casas derruidas que estaban a sus espaldas—. Los primeros murrianos que asomen la cabeza por aquí, ni tan siquiera podrán alzar sus lanzas. Para la segunda ola haré avanzar las falanges hasta estar casi encima de la brecha. Y para lo que venga después... Esperemos el favor de los dioses. ¿Tenéis alguna sugerencia?
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Comentarios

  1. Pues no se que decirte sobre sugerencias, creo que no, no tengo ninguna, jopeeee que me estas enganchando ya de más, porque esta batalla promete ser encarnizada, hay que ver lo bien que tu mente trabaja. En ciertos momentos de la lectura me acorde de mi abuelo y de como entre sus interminables, entrañables y apasionantes conversaciones, tenía esta, la de su recuerdo de guerra, que relataba como todo un maestro con el dolor del sufrimiento impreso en las palabras que me regalaba, de como en las trincheras contaba los minutos y las semanas, solo pendiente de poder volver a ver a mi abuela, su novia del pueblo.
    Magnificas imágenes como siempre me dejas perdida entre ellas Igor, es un verdadero placer leerte
    Besos y gracias

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  2. Falta NADA para el ebook de Vamurta.
    Gracias Irene. Que la lectura te recuerde a las historias de alguien que participó en la guerra civil, Irene, me parece un elgoio enorme.
    Saludos.

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  3. Monsieur, parece que nos preparamos para una batalla de las antológicas. Y pensar que hace dos noches soñé con su antigua Vamurta! Entré en su palacio, pero todo estaba deliciosamente en paz entonces.

    Buenas noches

    Bisous

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  4. La sugerencia es pelear como jabatos. Espero alguna astucia del veguer, que es ya un aidolo of mine ;P Se palpa la tensión, por cierto, esa calma extraña que precede a la batalla...

    Saludos :)

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  5. FelicitaaaaaaaTs!!!!!

    Por fin nos envuelven los aromas épicos de Vamurta.

    ¡FIESTA!

    ResponderEliminar

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