Del libro que he publicado en Google Play y Amazon ( 37 Relatos para leer cuando ...) de historias cortas, los relatos se pueden dividir en dos bloques: los de ciencia-ficción y fantasía por un lado, y por otro, los de corte realista, muchos de ellos, y humor . Una mezcla peligrosa, sin duda. Subo aquí el relato “ La última cena ”, siendo este el penúltimo que publicaré en el blog . En agosto volveré a subir el relato “ Siesta ”, porque muchos no lo conocen y por mostrar las ilustraciones que se hicieron de esta historia. Me quedo con ganas de subir muchos más, pero en fin, los relatos los podéis adquirir en: - Smashwords (libro relatos gratis y sin registrarse): 37 Relatos en Pdf, epub, kindle, etc. - En el contiente americano en Amazon.com ( enlace a 37 Relatos amazon.com ) a 1.1 $ - En España en Amazon.es ( enlace 37 Relatos Amazon España ) a 0.89 €. - En Amazon México, podéis bajar el libro de relatos pinchando aquí: (37 Relatos en México) ...
Sobre libros, poemas, versos y relatos

¡ Qué hermoso lo que dices y qué cierto¡ somos seres destructivos y crueles..Hace tiempo que dejamos de formar parte del todo...
ResponderEliminar¡Gran publicación amigo! :) plagada de sabia verdad
ResponderEliminarPuede intuirse que el todo sólo tiene un elemento perturbador (el hombre) mientras lo demás goza de perfecto equilibrio. Disiento. Si es el todo, el ser humano ha de estar incluido en él por definición; y por tanto es uno de los factores que contribuye a la armonía del conjunto, aunque según el caso esté en distinto platillo de la balanza.
ResponderEliminarMuy lograda la narración.
Un abrazo.
Tuve ese dilema al escribir el texto. Forma parte del todo o no el hombre. Claro que forma parte, pero cada vez más como algo vírico, algo que agrieta ese todo. Llevo tiempo pensando que con la industrialización rompimos el equilibrio. Y de eso ya hace bastante. También suman en armonía, eso lo tengo claro. Aunque, puestos en una balanza, qué parte pesa más. Caray, odio parecer un pesimista. Un abrazo, Demián.
ResponderEliminarLos únicos zorros que veo: por la noche, y huyendo de los faros hirientes del vehículo. Pero, tal como lo describes, nunca he tenido la suerte de cruzarme con uno.
ResponderEliminarQuizá te estuviera vigilando un rato sin tú saberlo. Pensándose qué hacer, si cruzar por ahí o dar un rodeo. Se me ocurre que tal vez el raposo no te considerase letal, y echó a andar por ahí. El raposo se fiaba, diríase.
A las personas se les da medallas de metal por matar, a otros por salvar; y la naturaleza también las da: por mansedumbre hacia ella misma, pero no un metal sino dejando ver atisbos de su intimidad.
No sé dónde vives, pero si ves zorros con los hirientes faros del vehículo (moto, coche, camión o tanque de batalla) es que tu lugar tiene algo de paraíso, con todos los peros, seguro, pero no deja de ser un privilegio. Lo único que se me ha cruzado en carretera, y varias veces, son jabalís.
ResponderEliminarNo lo había pensado. El zorro vigilando al vigilante. Me parece más plausible. ¡y yo que creía que lo había visto a él! Mansedumbre hacia la naturaleza. Me gusta ese concepto. Tiene algo de humilde que no tenemos los sapiens, tan orgullosos de nuestra superioridad.