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El zorro

Estando sobre un montículo de la colina vi un zorro cruzar un claro de hierbas altas del bosque. El zorro, indiferente, dotado de un afilado olfato, ojos profundos y orejas puntiagudas, sabía que yo estaba ahí y no le importaba nada. Sondeaba y sabía todo lo que ocurría a su alrededor y un poco más allá, en aquel momento. Él iba a alguna parte, siguiendo una dirección invisible con algún misterioso propósito. Ignorado, supe que para el zorro yo era neutro, ni malo ni bueno, como un guijarro en el camino. Por eso avanzó apartando la alta hierba por el claro, haciéndose visible. Le daba igual que lo viera fugazmente o no. Él formaba parte de un todo, de la delicada red de equilibrios del bosque, del valle, de la sierra de montañas rocosas y ríos briosos. Yo no, yo era lo vírico, el agente externo, la anomalía que en cualquier momento, por descuido o a conciencia, podía borrar el monte entero y su creación. El zorro cruzó el claro del bosque, adentrándose y desapareciendo en las tupidas y verdes tinieblas.


cuento el zorro

Comentarios

  1. ¡ Qué hermoso lo que dices y qué cierto¡ somos seres destructivos y crueles..Hace tiempo que dejamos de formar parte del todo...

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  2. ¡Gran publicación amigo! :) plagada de sabia verdad

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  3. Puede intuirse que el todo sólo tiene un elemento perturbador (el hombre) mientras lo demás goza de perfecto equilibrio. Disiento. Si es el todo, el ser humano ha de estar incluido en él por definición; y por tanto es uno de los factores que contribuye a la armonía del conjunto, aunque según el caso esté en distinto platillo de la balanza.
    Muy lograda la narración.
    Un abrazo.

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  4. Tuve ese dilema al escribir el texto. Forma parte del todo o no el hombre. Claro que forma parte, pero cada vez más como algo vírico, algo que agrieta ese todo. Llevo tiempo pensando que con la industrialización rompimos el equilibrio. Y de eso ya hace bastante. También suman en armonía, eso lo tengo claro. Aunque, puestos en una balanza, qué parte pesa más. Caray, odio parecer un pesimista. Un abrazo, Demián.

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  5. Los únicos zorros que veo: por la noche, y huyendo de los faros hirientes del vehículo. Pero, tal como lo describes, nunca he tenido la suerte de cruzarme con uno.
    Quizá te estuviera vigilando un rato sin tú saberlo. Pensándose qué hacer, si cruzar por ahí o dar un rodeo. Se me ocurre que tal vez el raposo no te considerase letal, y echó a andar por ahí. El raposo se fiaba, diríase.
    A las personas se les da medallas de metal por matar, a otros por salvar; y la naturaleza también las da: por mansedumbre hacia ella misma, pero no un metal sino dejando ver atisbos de su intimidad.

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  6. No sé dónde vives, pero si ves zorros con los hirientes faros del vehículo (moto, coche, camión o tanque de batalla) es que tu lugar tiene algo de paraíso, con todos los peros, seguro, pero no deja de ser un privilegio. Lo único que se me ha cruzado en carretera, y varias veces, son jabalís.
    No lo había pensado. El zorro vigilando al vigilante. Me parece más plausible. ¡y yo que creía que lo había visto a él! Mansedumbre hacia la naturaleza. Me gusta ese concepto. Tiene algo de humilde que no tenemos los sapiens, tan orgullosos de nuestra superioridad.

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